martes, 12 de abril de 2011

PUNTO Y FINAL

Por Carlos Rull

Hoy decimos adiós. Tal vez no un adiós, ni un hasta luego, más bien un hasta siempre: aquí quedan letras y estrellas a disposición de quien tenga a bien leerlas, ya que, como suele decirse, scripta manent, aunque sea virtualmente. Las voces ya no cantarán más en esta página, cada una se retira a su pequeña celda para seguir perpetrando su propia melodía. Y una nueva canción común que dentro de un tiempo volverá a sonar en la red.
  
Han sido cuatro años y tres meses – que suman siete – que vienen a cerrar un ciclo hoy, doce del cuatro – que también suma siete –, en el que hemos escrito de todo y para todos: 1125 entradas que no suman siete pero sí construyen todos los mundos imaginables. Siete voces que en realidad han sido veintiuna, un caos sutilmente trenzado de tonos y armonías que supimos cantar juntos para crear un estilo propio: la suma de todos los estilos posibles.

SieteVoces se queda al pairo, todos los puertos a la vista, todos los vientos en sus velas, y atada en su mástil, resistiendo los cantos de todas las sirenas, nuestra pequeña antología que podéis conseguir AQUÍ. El simbólico grimorio de la magia que durante cuatro largos años nos ha mantenido unidos, aprendiendo, compartiendo, creciendo.

Andreu, Iván, Marc, Carla, Rubén, Rubens, Rufino, Núria, Camille, José, Ester, Óscar, Sergio, Raquel, Mercè, Antònia, Paula, Israel, Jesús, Jordi: gracias a los que escribisteis, a los que leísteis, a los que comentasteis, a los que criticasteis, a los que animasteis, a los que os fuisteis, a los que os quedasteis. Y me detengo antes de que esto parezca el anuncio de la Coca-cola. Gracias a todos. Gracias por el entusiasmo, la imaginación, la alegría, la lucidez y, sobre todo, por la amistad. Y hasta siempre.


Aquí yace SieteVoces. Que no descanse en paz.
  

lunes, 11 de abril de 2011

Nunca mais


A Esther-Ana Álvarez, in memoriam


Estamos en tiempos de despedidas, así que no va a resultar disonante que yo hoy publique este post aquí. Y si así fuera, me la traería floja: es época de adioses y de crisis, de modo que sálvese quien pueda. Al fin y al cabo, mi amiga ya no va a poder leer estas líneas.

Se llamaba Esther y nació un 7 de noviembre de final de los cincuenta. Yo la conocí en la ciudad condal en los primeros noventa. La casualidad quiso no sólo que compartiéramos nombre y signo zodiacal, sino también espacios geográficos –y eso que ambas éramos inmigrantes en Barcelona y procedentes de zonas distantes entre sí-, intereses profesionales e intereses académicos.

Coincidimos en las aulas universitarias, primero las dos a un lado de la tarima en los estudios de tercer ciclo, luego en el bando contrario: tenía una habilidad especial para la preparación de las clases, sin duda por su mucha expertise, dado que me llevaba justo una década de ventaja –exactamente 10 años y 1 día- y se conocía los trucos de la didáctica del inglés al dedillo. Muchas fueron las tardes que pasamos mano a mano preparando ítems para exámenes y redactando Reading comprehensions de textos sobre Algonquian Cinderellas y empowering feminism.

Era menuda y de ojos azules. Con frecuencia me vi tentada de descubrir, no sin orgullo, un cierto paralelismo entre nuestras personas cuando afianzamos la amistad y nos dio por intercambiar confidencias del tipo al que las mujeres somos dadas (familia, amores, desamores, sexo, hijos…). Pero siempre acababa por concluir que, en realidad, el paralelismo no era más que fabulación mía: ella era mucho más animosa y decidida, y poseía la portentosa y admirable capacidad –admirable al menos para mí, que no la poseo- de saber separar el grano de la paja, es decir, elegir lo que merecía la inversión de sus energías –o preocupación- y descartar el resto sin miramientos.


Así que cuando circunstancias de la vida hicieron que siguiéramos caminos divergentes y supe de su enfermedad, nunca dudé de que la superaría con éxito: había criado dos hijos prácticamente sola, trabajaba más horas al día más meses al año de lo que los estándares de salubridad actuales, ni siquiera los del s. XX, considerarían aceptable, y por fin había podido realizar su sueño de defender en su propia universidad una tesis doctoral. El ánimo, el buen ánimo, y la buena disposición mental son fundamentales para la curación, vaticinan a diestro y siniestro los gurús de la medicina. Y ella los tenía, a pesar de todo.

En una sala lateral del patio de letras del histórico edificio de la Universidad de Barcelona la vi por última vez, poderosa y diestra en aquel melieu académico al que yo ya me había rendido, defendiendo con diligencia sus hipótesis sobre las narrativas orales en inglés. La famosa frog story nos había unido unos años antes y me había abierto las puertas de su guarida familiar, muy cerca del hospital Clínico. La frog story y sus narrativas cerraron también nuestra historia, aunque de aquel momento haga ya 10 años largos y yo no haya tomado conciencia hasta ahora.

Porque Esther se fue sin yo saberlo. Su buen ánimo y buena disposición mental no fueron suficientes esta vez para vencer la enfermedad. Las postales navideñas que cada año le enviaba y que nunca me fueron contestadas hoy adquieren un nuevo significado. Debo admitir que prefiero no imaginar hoy lo que en realidad fueron sus silencios, que yo atribuí al estrés derivado de su –suponía que- nuevo estatus entre el staff académico universitario y a la consiguiente falta de tiempo. Si en lugar de 10 años hubieran sido 5, la tecnología habría jugado en nuestro favor. Pero los acontecimientos, especialmente los luctuosos, no se programan ni se planean: sencillamente ocurren. Como ocurrió hoy el fortuito encuentro con el portador de tan malas nuevas: aunque sólo fueran nuevas para mí, ello no las hace menos malas.

Te he evocado a menudo este tiempo, Esther; he recordado cómo nos unieron nuestros intereses académicos hace ya tantos años, el amor que ambas profesábamos por esa lengua, el inglés; cómo nos reímos redactando aquel paper sobre los intercambios orales a partir del clásico de Lolita con Peter Sellers y James Mason de protagonistas. Me he preguntado también por tu salud, por tu matrimonio, que atravesaba malos momentos, por tus dos hijos con quienes compartí algo más que una comida y una visita al supermercado. Me he alegrado a distancia de la que imaginaba tu despuntante y ansiada carrera académica después de superar cum laudem esa prueba que tanto nos atemorizaba a ambas. Y sin duda, te he tenido presente cada uno de estos 7 de noviembre que han transcurrido desde que dejamos de vernos. Pero jamás, jamás, jamás pude imaginarme que tus silencios significaran tu ausencia ya definitiva.

Esta foto de las dos, tomada en París en 1998, ocupará a partir de hoy un lugar privilegiado entre la memorabilia digna de ser salvada del olvido. Porque desde hoy sé, y no puedo hacerme a la idea, que nunca mais, Esther Álvarez, PhD. Nunca mais, compañera tocaya.

domingo, 10 de abril de 2011

REQUIEM por mi TV


(Por Sergi(o))


Su imagen se apagaba progresivamente

mientras su vida iba pereciendo

bajo una espesa niebla de pequeñas hormigas descontroladas,

después,

tan sólo el resquicio de una minúscula estrella

que se diluía entre el universo negro de su pantalla

. . . y así ocurrió.

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Mi televisión murió ayer.

Fue una muerte repentina...


"las tropas norteamericanas han bombardeado la capital de Irak y el contraataque es inminente. . .”


. . . y entonces enmudeció.


21 años de emisión ininterrumpida

se interrumpieron.


. . . y ya no habrá más noticias de las 15:00,

y ya no habrá más tráfico de armas,

ni más contaminación incontrolada;

ya se acabaron los políticos corruptos,

los incendios forestales,

los suicidios colectivos,

y las manipulaciones genéticas;

no habrá más "blancura en tu ropa en cada lavado"

y se erradicarán las muertes por inanición.


Pero sin embargo

me equivoqué, me equivocaba,


porque allí estaba el mundo

terrible, transparente,

como una inmensa pantalla circular

para mostrarme las noticias

de las 15:00

de las 16:00

de las 17:00 . . .




y esta vez

yo no tenía el mando a distancia

para poder cambiar de cadena.


sábado, 9 de abril de 2011

Relato de no ficción

Allí, en una de esas calles cercanas al mercado, en una planta baja de la calle de la Sal donde lo único que falta es esa niebla estancada de los parques de Londres antes de cometerse el crimen, casi camuflada entre portales desiguales y ventanas enrejadas a ras de suelo está la entrada de la librería. Cruzo el umbral y experimento una sensación extraña. Es como traspasar una línea a un universo turbio de ficción, salir de golpe a un escenario recién montado para una representación a punto de empezar con su iluminación tenue y su decorado preciso que sin duda sugiere un trama truculenta. Me adentro en ese reducido espacio que a la izquierda alberga tantos libros de portadas alusivas en aparente desorden, de suelo a techo de las estanterías, tocándose los lomos como filas de sospechosos en una rueda de reconocimiento y enfocados por los puntos de luz del techo como si algún policía impaciente les conminara a confesar su delito. Elijo esa dirección y rodeo una mesa llena de ejemplares agrupados en pilas desiguales mientras cada vez más empiezo a percibir otras presencias cercanas. Creo que al llegar hace unos segundos apenas había alguien en el local que ni siquiera ha reparado en mi entrada. Ahora, en cambio, son varias personas las que se mueven a mi alrededor como sombras sigilosas. Hay quien sigue mis pasos y se detiene cuando yo lo hago, cuando escojo un libro y leo la contraportada él hace lo mismo aunque me esté dando la espalda. Me vigilan. Metro y medio más adelante, hacia donde debería dirigirme si siguiera el recorrido que he empezado, hay dos más que están de pie y se hablan en voz baja al oído, como dándose instrucciones que yo no debiera escuchar. Si levanto la vista veo más gente dispersada aunque algunos han empezado a formar pequeños grupos, como el que tapona la puerta de salida neutralizando mi posible huida. Todos deben seguir la misma consigna, la de ese tipo del mostrador que parece el cabecilla y que habla con unos y con otros y que con gestos casi casi imperceptibles está dirigiendo la operación. Se conocen, de eso no hay duda. Todos han entrado detrás de mí. Quizá me siguieran antes de llegar a la puerta, cuando he cruzado la plaza del mercado y a mi paso se levantaban de los bancos, dejaban de hojear las revistas del quiosco y depositando una propina abandonaban la barra de los tres o cuatro bares donde esperaban el momento para seguirme a poca distancia. Cuál de todos llevará el arma que me ataque escondida en las honduras de su bolsillo. Reculo, paso rozando al tipo que tenía detrás de mí y me coloco en un lugar donde nadie pueda atacarme sin al menos poder adivinar sus intenciones. A mi espalda no hay nada más que un panel con panfletos, recortes de periódicos y fotos colgadas con chinchetas, como de desaparecidos o de fugados perseguidos por la justicia. Y ese olor. Ese extraño olor, desubicado pero agradable. Parece que algo tiene que pasar en cualquier momento. Mejillones, claro, es sábado por la mañana, cómo no recordarlo. La mesa al lado de la entrada y al instante alguien trae las botellas de vino, los vasos y la cacerola que humea al pasar dejando un rastro que se abraza al aroma de las novelas negras que abarrotan el espacio. Claro. Más tranquilo me acerco a la mesa. El supuesto complot de perseguidores se desvanece y su objetivo pasa a ser ahora el contenido de la cacerola. Se reparten vasos, se medio vacían las botellas y se van dejando las conchas en un plato anexo. Yo cojo uno con los dedos. Coincido haciendo lo mismo con el tipo que me seguía los pasos pero ahora los dos intercambios una sonrisa de aprobación. ¿Yo a qué venía? Me acerco al cabecilla que sigue hablando con unos y con otros. Cuando puedo le pregunto, le pido consejo: algo así como Jim Thompson pero español y actual, un personaje principal con tendencias autodestructivas y de moral más que dudosa. No se lo piensa mucho, lo tiene claro, me recomienda Julián Ibáñez, Giley, me lo dice mientras me ofrece un vaso de vino. La conversación se alarga. Cuando salgo con el libro recién comprado dentro de la bolsa noto que el vino me ha subido un poco. La ropa tendida de los balcones y de los tendederos que instalan delante de las puertas de las casas se balancea como si siguiera el ritmo de una canción lenta, con el sonido muy bajo, las bombonas de butano parecen inmóviles centinelas que vigilan las entradas y los antiguos toldos de madera apenas esconden las vidas que se agitan en el interior de los pequeños pisos. Hay bicicletas apoyadas en las paredes, charcos dudosos donde las palomas se avituallan y conversaciones interrumpidas por la hora de la comida de las que sólo han quedado un par de sillas abandonadas junto a la puerta. Y pensar que un poco más allá está la Barcelona post olímpica, adónde vaya, tres o cuatro calles a la derecha o a la izquierda, adelante o atrás, y ya habré salido. La librería Negra y criminal podría estar en cualquier otro sitio, crecer, recibir innumerables visitas. Pero hablamos de esencia no de mercado. Lo primero se respira y lo segundo se consume. Miro hacia atrás pero aunque me lo siga pareciendo creo que ya nadie me persigue.

jueves, 7 de abril de 2011

Bloody Blonde


Por Raquel Casas


La joven-deconocida-que-encontré-en-un-bar al final me dijo que ya no soñaba conmigo, ni con ovejas eléctricas; ahora solo se le aparecían imágenes de la guerra.

- Oh God, I’m so bloody blonde sometimes!

Quizá tenga los recuerdos implantados, como Rachael.


*

lunes, 4 de abril de 2011

Poética incivilizada o poética del olvido


Miro hacia atrás y sólo encuentro un lejano y dolorido olor a brezo.

Aún nada alienta en la alameda de los sueños y ya el carro de los cómicos se aleja lentamente.
JULIO LLAMAZARES en La lentitud de los bueyes



Por Ester Astudillo


Tiempo hubo, hubo un tiempo en que los hombres-buey

transitaban las lindes de los campos.


Entonces el dolor no era aún síntoma: era refugio,

y el arriero acogía la muerte sin ruido,
la paja del camastro
ardía en la pira comunal después
o servía de lumbre para el puchero.


Es poso hoy ese tiempo.

No vale volver la cabeza y admirarse.

Las calendas no responden a aquella cadencia de piedra

anterior a los dioses, los jardines, las promesas.


Los hombres-buey no atienden a la ley de la rueda:

la que pactaron con su amo fue una servitud gentil
hecha de muérdago, brezo y almizcle,
remedo de sol y nieve y heno.


Luego el hilo con el huso, el álamo,
se añadieron
al ajuar de barro y pasto.
No existe precio
para la libertad
de una tregua en los campos.


La sangre la mece el calor de las ortigas, el beso y el deseo

antes del amor. Antes de que la siega abulte los arcones.

Los arrieros desconocen las palabras y la paz

para pintar el frío del lucero. Aunque duerman al calor

de las brasas lentas hundidas en su propia mansedumbre.


Ningún apremio.

Mandil, cántaro, azogue y guirnalda

son sólo nombres antiguos para los ciclos del año,
testigos mudos;
acaso la herrumbre del olvido.

viernes, 1 de abril de 2011

Neverland





Per Mercè Mestre


'No creceré', jura Barrie.
Y cierra el libro.

Y abre todas las ventanas de su casa.

Rodrigo Fresán, Jardines de Kensington




Pan Peter sempre vola en contradirecció.

Ara és tan vell que no recorda quan va deixar de ser vell
i va tornar a ser nen.

La memòria no és el seu fort.

Confon els ulls de la seva mare amb els de Rita,
aquella noia de cabells vermells i guants llarguíssims
que castiga amb indiferència els homes.

I ella se'l mira des de l'aire, enfadada,
a través del tul negre del seu barret de vellut.

No seas teatral, Pan. No hagas ver que no me conoces.

Pan es posa nerviós perquè la seva mare
té els ulls grisos quan s'enfada,
però ara no sap si són verds o grisos
o grisos o verds... Marga... Rita!
Verds!

Confon el darrer petó del seu pare
a l'estació
amb el cop de bastó d'un àngel.

El comiat de Frank sempre el fa plorar,
com a les velles pel·lícules.
Aquell petó a la mà amb la finestra del tren baixada
poc abans que es posés en marxa...

No van tenir temps de madurar junts,
d'envellir plegats menjant ametlles,
sentint bajanades a la ràdio.

Pan Peter sempre vola en contradirecció.

No ha vist que dos mariners americans
el saluden des del fons de la pantalla.

Frank! Gene! Encara són tan joves...

Els recorda del col·legi, als catorze:
1937 va ser un any difícil.
Estaven prims, no menjaven gaire,
però entre bomba i bomba reien.

Després els capellans es van cruspir els rellotges.
Tic tac tic (se sentien dins la panxa
del rabiüt que explicava història) tac.

Neverland.
Mai més terra. Mai més.

Pan Peter, Frank, Gene, Pater Pan, pater, pare...
Pare!

Nens que van deixar de ser vells.
Van aprendre a cosir ombres,
a fugir de nit per la finestra,
a volar en contradirecció
més enllà de la pantalla.

Neverland.
Mai més.

Vells que ja no recorden
quan van tornar a ser un altre cop,
per sempre,
delicadament nens.


(al meu pare)




jueves, 31 de marzo de 2011

La carn vol carn


Per Raquel Casas

"La carn vol carn"

A. March


Amb el revés de la mà

vull recórrer tota la teua cama:

garrons, sofrages i malucs.

Com una volva de cotó en pèl

continue: melic, mugró i aixella.

Orelles i bescoll. Clivella.

Finalment et vull recórrer

amb la boca socarrada:

besos lliscant amunt i avall,

esgarrant ací i allà.


*

martes, 29 de marzo de 2011

Pareces primavera

Por CRG

Pareces primavera cuando sonríes.
Atrás quedó esa penumbra de costumbre
que otoñó los mapas
y marchitó las sábanas.
Y el rozón invernal
que cercenó las alas
y devastó las palabras.

Pareces primavera cuando sonríes:
y vendrá terciopelo de estío
y nos ovillaremos entre olas
para espigar la luz de la albada.

lunes, 28 de marzo de 2011

Herida


De pronto me sorprendí a mí misma hallando consuelo en el triste dato de compartir con él grupo sanguíneo, universal positivo: la única, la primogénita. Me reacomodé en el asiento de la Renfe soslayando el porqué de la sorpresa y el porqué del consuelo. En el bosque de cifras, congestiones y recelos podría aquel día prestarle mi sangre.

viernes, 25 de marzo de 2011

LA ENDEMONIADA D


Ya dicen las lenguas bíblicas, que los primeros serán los últimos.Con este primer post que significa mucho para mi, fue mi reencuentro con mi alma de cuentista y con mi hijo de ilustrado compañero, os digo "Hadios" con hache para que se convierta en Ola....sé que volveremos a navegar juntos.


Hace un tiempo, en un profundo lugar de las entrañas de la tierra, donde solo asomaban entre dunas de lava, volcánicas chimeneas de malos humos y, donde María asaba sus castañas de no tiempos. Sus habitantes, los Diablos, movían el rabo animados por los apocalípticos cambios climáticos, por la subida de sus acciones de la bolsa o la vida, siempre en agradable crisis, por las tentadoras tecnologías que les hacían infernales campañas de publicidad gratis y como no, por la leal competencia de las Tribus Altas de los “ sin condón”, que generosamente les proporcionaban numerosos adeptos de color sidoso o, en su defecto, encantadores reprimidos eternos: material de primera clase para construir la fálica obra.
En este clima de euforias, se plantearon la necesidad de crear una Academia que elaborara un nuevo y caótico diccionario actualizado a los tiempos de cóleras.
De todos es sabido, que el diablo sabe más por viejo que por ídem y que el paraíso de los caídos tiene suficientes bosques talados para hacer un buen papel. Así que aprobado por uno (al estilo democrático de Pere Botero…), los demás pusieron las manos en el fuego.
Para la dantesca Academia del Averno se seleccionaron miembros de reconocido desprestigio en su mayoría exiliados de suicidios, abducidos por cantos de míticas sirenas y, con todos sus defectos, malvados funcionarios de las principales capitales poéticas (con sede en Sodoma y Gomorra). Todos ellos afilan sus lenguas viperinas mientras humedecen sus soberbias tintas de envidias, para reunirse, en primera convocatoria, alrededor de la humeante Ouija de alfabetos.
En ese Hades de Babilonias, como bien sabe Dios, nadie se pone de acuerdo y todos quieren el resbaladizo sillón de la S, que destila embriagadores venenos de Evax Secrets. Asesorados por la Ley del Talión comienzan a quitarse ojos y demás sin sentidos, hasta completar el número mágico 7, que ruedan por las letradas alfombras, lógicamente llenas de polvo, como mantras de cabales desasosiegos.
Allí, en todo ese barriobajero gallinero de encabritados….de pronto, resuena una irresistible voz con sabor a endemoniada madre: es LILITH, que recuerda a sus angelitos caídos las primeras reglas de sus profanadas escrituras: el original lenguaje de la infancia.
Al calor de mamá, los peleones gallos se hacen pollitos enroscados en sus abrazos de infernales cuentos, que les saben a juegos fatuos de palabras con antítesis, que los seducen con paisajes donde los deseos comienzan en el kilómetro cero, donde las putas brujas embrujan perezosamente, donde los paradisíacos banquetes de boda son sopas instantáneas de comida rápida y con manzanas de postre.
En ese endemoniado clima de afectos y recuperados con satánicos cuentos de Pecados poco Originales, propios de las Tribus Altas (las de “sin condón”), por deferencia y por familiar miedo a su Cabrón Padre, demoníaco protagonista, deciden empezar por la letra “D”, de desobediencia a celestiales mandatos alfabéticos, pues un Diccionario del DIABLO que se precie, debe comenzar toreando en Maestranzas del pecado para ganarse el rabo, con los cuernos de su frente.
Embolado pues el diccionario, con bolas de EGO empapadas en breas de lujuria…con el disparo de olores a azufre, comienza la corrida de endemoniados lenguajes.

jueves, 24 de marzo de 2011

Café con leche


Por Raquel Casas

Fuimos a tomar algo después de comer al bar de siempre. La nueva de la oficina se apuntó. El viejo camarero se acercó arrastrando los pies, como siempre también. Pedimos cafés solos, cortados, carajillos, alguna infusión y un chupito de hierbas para la digestión. La nueva pidió la última. El camarero le preguntó qué quería con un palillo entre los dientes. Y ella dijo Quiero un café con leche corto de café, y que sea descafeinado de máquina; ¿tenéis leche de soja?, ah no, pues leche desnatada por favor, que no esté caliente sino templada; ¿tenéis miel?, ah no, ¿y azúcar moreno?, ah tampoco, pues sacarina pero granulada, no de esa en tabletas; y desearía que me lo trajeran en vaso en lugar de en taza, gracias. El camarero la miró de arriba abajo y le preguntó ¿Algo más princesa? Y ella añadió Pues desearía un poquito de espumita de leche por encima y si no es mucha molestia una mijilla de cacao espolvoreado por encima. Todos habíamos dejado de hablar y mirábamos a la nueva y al camarero, casi sin respirar, esperando una mala contestación por parte de él. Pero no fue así, se dirigió a la barra con el pedido. Me levanté al servicio y cuando pasé por delante del camarero oí el final del pedido: … uno solo, dos orujos de hierbas y un café con leche cor… ¿%?…¡#!…¿!...*…@:!……. y un café con leche COÑO. Sonreí.

*

martes, 22 de marzo de 2011

El Camp Nou se convierte en huerto urbano



La noticia habría resultado increíble a principios de siglo cuando Mourihno rogaba a Rossell entrenar al Barça B después de que le hubieran echado del Málaga. Messi se hacía con el decimo balón de plutonio y a Guardiola le había vuelto a crecer el pelo tras ganar su tercer mundial de clubes. Los directivos del club se planteaban hacer una nueva ampliación del estadio y cubrirlo con una impresionante bóveda cuyas estrellas serían los múltiples cracks de la historia del club. Todo el mundo conoce el dicho de ‘todo lo que sube baja’ y el Barça cayó en picado en la segunda vuelta del campeonato 2017. Si algo salvó la dignidad del club fue que su caída vino acompañada de la decadencia del fútbol como deporte y espectáculo. Un club americano formó los Globbers Trotter del fútbol con algunas estrellas europeas en sus últimos años de ejercicio. Lo que parecía una atracción inofensiva causó furor en los 8 continentes hasta el punto de eclipsar los partidos de liga profesionales. Una empresa del ocio con parques temáticos y centrales nucleares creó entonces la primera liga universal, una copia de los campeonatos de lucha libre donde el resultado está amañado y los luchadores salen al ring disfrazados con la única premisa de dar espectáculo. Pese a los vaticinios de fracaso la fórmula fue un éxito y las competiciones deportivas al uso se vinieron abajo.

Al mismo tiempo la burbuja inmobiliaria explotó por undécima vez y la celebridad de Barcelona como capital mundial de alguna cosa (Olimpiadas, Forums, fútbol, prostitución, etc.) se desvaneció frente a ciudades emergentes como Soria, Jaipur o Leverkusen. De repente el terreno del Camp Nou valía lo que vale un boniato y los impuestos eran tan elevados que el club quebró, cerró y lo abandonó a su suerte como un barco varado en las costas de Fuerteventura.

Pero todo esto es historia y la actualidad ofrece otra cara bien distinta. Un empleado nostálgico del club se negó a abandonar las ruinas del nuevo Colisseo y volvía de vez en cuando paseando entre las gradas que habían coreado el nombre de Romario, Shakira o tantos otros, fue así como descubrió el nacimiento de una petunia.

“Yo paseaba tranquilamente por el césped cuando vi sus pétalos. Lo primero que pensé fue que eso no habría pasado en los viejo tiempos, las máquinas no daban ocasión a que una brizna de hierba creciese por encima de las otras. El césped era regular e impecable de córner a córner. Después me fijé bien y vi que era una petunia, y no una petunia cualquiera, sino una Petunia Foliforme, familia lejana de la mítica Epirea Malva.”

El descubrimiento pudo haber pasado desapercibido, pero Eleuterio (el empleado del club) decidió aprovechar la circunstancia para plantar unas begonias. Al poco tiempo la noticia corría de boca en boca y otros vecinos vinieron a aprovecharse de los 55.000 metros cuadrados del campo. Lechugas, coles, berenjenas, incluso algún matojo de marihuana se ha plantado en el terreno que años atrás levantaban los tacos de Maradona, Puyol o Cantinflas.

El vecindario lo tiene claro: “antes no podíamos dormir cada noche de partido, ahora tenemos el huerto urbano más grande del mundo. ¡Y con riego automático!

Josep Maria Pujal, reportero de la ciudad condal

lunes, 21 de marzo de 2011

La puerta definitiva

Cuando leyó aquel eslógan en el cristal del negocio de sistemas de seguridad domésticos de la ciudad Z, a R no le cupo la menor duda de que los vecinos de Z, especialmente los del ramo de sistemas de seguridad, tenían un agudizado sentido del humor.

viernes, 18 de marzo de 2011

Amb la veu et puc enganyar




Per Mercè Mestre



Amb la veu et puc enganyar,
però no amb el gest.

Mentre et dic: "Hola, què tal, com va tot?",
estripo amb ràbia el que estic escrivint,
el que vaig escriure fa uns dies,
el que encara no he escrit,
el que quedarà a mig escriure.

Mentre et dic: "Ens podem veure la setmana vinent?",
se m'enfosqueix el gest.
Tanco la porta de casa, surto al carrer.
Em molesta el soroll dels cotxes,
l'olor de la tarda, el gust de benzina.

Algú ha trencat la càmera de seguretat
que capta la indecent realitat de les coses,
la meva mirada anònima entre altres mirades,
la dura indiferència del tacte, la pressa,
la llàgrima que no acaba de néixer.

Aturada en el semàfor esperant travessar el riu de lava,
estudio les formes, les seves ombres,
la infinita transparència del cel.

Mentre et dic: "Sí, sóc al bar, llegint el teu llibre",
aixeco la mà per parar un taxi
que em dugui a l'hospital.

I et voldria dir: "Sí, sóc enmig d'aquest desert
tacat d'estrelles, sola, ben sola, morta de por."

Amb la veu et puc enganyar, potser,
però no amb el gest.


martes, 15 de marzo de 2011

TEXTOS PARA LA HISTORIA

Por CRG

Hallado el lunes 7 de Marzo de 2011, en New York, sobre uno de los primeros bancos de la Cathedral of Saint Patrick. Escrito a mano, en mayúsculas vacilantes, repasadas varias veces, sobre el reverso del sobre de donaciones a la catedral.

AMERICAN HAIKU 
A RED
BALLON
SILENT SKY ~

La firma es casi incomprensible, aunque parece adivinarse el apellido “Stone”.

lunes, 14 de marzo de 2011

El discurs


Per Ester Astudillo

Si hagués aterrat de cap d’un asteroide no seria pas més estranya que no és ara. Fóra dissemblant una paraula més adequada per expressar amb idoneïtat el que vol dir? Probablement sí. Pica dissemblant sobreescrivint estranya. Ni els conciutadans del seu entorn –conciutadans? Sí? Tan apropiat com dir-ne d’això meu comunicació- ni els conciutadans la trobarien, posem per cas, més luminescent, o més perillosament radioactiva. La seva filiació, què hi té a veure amb la d’aquells amb qui conviu? La de l’ADN seria, arribat el cas, una prova merament anecdòtica i els resultats, no concloents. Lamenta per dintre seu l’encara popular dèria del cientifisme, ròssec d’un passat llunyà en què calia demostrar-ho tot amb dades.


La pantalla fa pampallugues i li ploren els ulls. No la satisfà el to que està prenent el text, especialment per al propòsit que busca. La teoria és el seu camp natural de batalla, però no la pragmàtica. Si sempre ha declinat les ofertes de praxi absoluta, per què acceptar ara aquest encàrrec que li requereix un savoir-faire que clarament li manca?

Suprimeix la totalitat del que té escrit. Dubta amb ànsia davant la llum titil·lant, deshabituada com està al vici de rosegar la punta del llapis, i sense ni mica del regust corromput de la fusta a la saliva que no sap imaginar, com si conservés una certa petja mnemònica del desassossec, repica el text: La senyora en qüestió mereix sens cap mena de dubte i sense incórrer en exageració, la mort per la forca: una pena a l’alçada de la insolidaritat que ha caracteritzat la seva carrera pública. De més estan les proves científiques que reclamen els seus defensors, en un dissortat intent per congraciar-la amb la justícia. Mdme. X ha demostrat, sense marge d’error possible, que pertany a la pitjor espècie de servidors públics, i la pena capital no és en aquest cas cap desproporció. Somriu amb un gest mecànic que recorda el de satisfacció i tanca el programa d’esma.

sábado, 12 de marzo de 2011

Postales en movimiento: 5

Se encuentran cada tarde en el mismo banco de la plaza. Ella suele llegar antes. Se la ve rondando alrededor sin acercarse demasiado como si el estar allí sin su compañía tuviera algo de perjurio, o simplemente evitara el vértigo que le supone estar sin él donde siempre están juntos o rehuyera experimentar lo que debe ser la sensación de pérdida. Los brazos cruzados sobre el pecho cobijando la carpeta del instituto. Ojea los escaparates de las pocas tiendas, mira en dirección por donde él siempre llega. El banco vacío todavía. Se acerca pero sin acabar de sentarse.
Él sube la moto a la acera y gira la llave de contacto. Se quita el casco y se baja la cremallera de la chaqueta. Cuando sus miradas se aciertan nada hay ya más importante que acelerar el encuentro, un primer abrazo, un beso largo y cogidos de la mano caminan los pocos metros que hay hasta el banco. Luego, durante poco más de veinte minutos, escenificarán su catálogo de confesiones al oído, sus arrumacos, sus besos y sus caricias, y ese pequeño rincón volverá a ser el centro del universo.
Acostumbrados a ese tierno acontecimiento que decora el paisaje de una plaza de un barrio que ha ido envejeciendo poco a poco, los vecinos y comerciantes de la zona se enorgullecen de que ése sea el sitio que hayan elegido. Es como algo que les pertenece, como un emblema de su plaza. Un estallido de amor adolescente que observan sin molestar, sin dejar de hacer sus rutinarias actividades cotidianas como espectadores respetuosos en la oscuridad de un patio de butacas. Han seguido a diario sus mimos y sus expresiones de cariño, sus intercambios de regalos y hasta sus breves discusiones que acaban siempre por mitigar con uno de sus abrazos como quien sofoca en una fase inicial un conato de incendio. Y sin saber sus nombres ya les han hecho sus hijos predilectos.
Les inquieta su ausencia cuando no vienen. Se preguntan, murmuran, especulan y hasta padecen. Y cuando al día siguiente los chicos vuelven al banco de en medio de la plaza su inquietud se desvanece y regresa la armonía, el orden de las cosas. No hace falta mirarlos, sólo sentir que están allí. Mirarlos demasiado puede resultar molesto, ofensivo, indecente, hay que respetar esa intimidad valiosa. Pero si alguien lo hiciera, si alguno de los vecinos o comerciantes de la zona observara hasta el último momento, les vería levantarse al llegar la hora, darse ese último abrazo todavía más intenso antes de volver a sus vidas separadas. Ella, con la carpeta contra el pecho, enfilaría andando el camino al instituto. Él iría en dirección a la moto. Ambos se darían la vuelta con la coordinación espontánea de los enamorados para despedirse una y otra vez desde la distancia antes de que ella desapareciera más allá de la esquina y él, tras esperar unos segundos, cerrar el pitón de la moto, guardarse las llaves en el bolsillo y, con expresión desconocida, disponerse a seguirla.

viernes, 11 de marzo de 2011

TRAVESSIA


Comença la travessia pels alfabets còsmics.
El capità de tots el blaus fa vaixells de núvols amb la seva pipa.
Cues d’estels netegen la coberta amb escuma de lluna blanca.
La rosa dels vents enlaira les veles amb pètals de setí.
Tendres brises dibuixen arabescs de llum a proa i a popa.
Mans de estrelles lleven l’àncora als silencis del cor.
Embarquen els mots mariners amb tatuatges de somnis.
S’enrolen les rudes ombres de les paraules no dites,
perfumades amb dolces rimes de melangia.
La lloba mar udola llibertat a la nit pirata.
La lluna es vesteix de sirena, amb agalles d’argent,
per dirigir l’univers d’estimes al teu cau d’orella.

jueves, 10 de marzo de 2011

La monja-pintora


Por Raquel Casas

Me prometí no volver a mirar las noticias mientras comía pues me sienta mal el postre. Pero ayer volví a hacerlo. En el convento de Santa Lucía de Zaragoza robaron una gran cantidad de dinero a las monjitas. Primero denunciaron el robo de 1 millón y medio de euros, madre mía las monjas de clausura tienen más dinero que un banco, pensé en primera instancia. Luego, el abogado declaraba que la cantidad no era tan elevada, que tan solo les habían sustraído 400.000 euros. Pfffff, pensé, solo, solo, lo que se dice sólo…, no es moco de pavo, me dije. Las monjas aseguran que eran sus ahorrillos y que los tenían en bolsas de basura (¿de qué otra estafa me suena eso de las bolsas?), de donde sobresalían varios billetes de 500 euros, entre otros, como continúa su abogado. Lo que se preguntan los medios de comunicación, y una servidora, es por qué tenían tanto dinero en el convento y no en un banco (¿será para no declararlo?) y sobre todo, ¿de dónde han salido tantísimos billetes, por Diossss? Está claro que no son donaciones, pero si no hay gente en las iglesias y además estamos en crisis (los demás, esas monjitas es evidente que no). Aseguran que tienen una monja-pintora muy famosa, llamada Isabel Guerra, que vende muchos cuadros y muy caros ya que están muy cotizados en el mundo del arte. Pffffffffff, vuelvo a pensar, esto pinta fatal. Además el abogado (vaya papeleta le ha tocado) añade que también tienen un servicio de reprografía. Ostras, qué caras se han puesto las fotocopias y encuadernaciones en Zaragoza…
En fin, creo que a las monjitas se les ha ido la mano (o la cabeza) y ahora van a tener que declarar todo eso, y más, a Hacienda. Me gustaría ver el convento por dentro; quizá tendrán tele por cable, jacuzzi o sauna, quién sabe.
Tras esta noticia, dieron otra más habitual: la desmantelación de un club de alterne, un puticlub, vamos. Y entonces se me ocurrió que quizá las chicas que alternan, es decir las pipismeis, se fueron a confesar, hartas de cometer tantos pecados mortales, y de paso les pidieron a las monjitas que por favor les guardaran unas bolsitas, que pasarían a buscarlas en breve. ¿O tal vez sería la penitencia que les impusieron por sus múltiples pecados? Mmmmmm…….
Vaya, tengo que dejar de mirar películas malas. Y ponerme a pintar.


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