Mostrando entradas con la etiqueta optimismo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta optimismo. Mostrar todas las entradas

domingo, 26 de octubre de 2008

UN CABALLO EN UNA BOTELLA MEDIO LLENA.

Por Rufino Pérez


Cuatro años y un caballo de cartón. Y tiene la felicidad pintada en su rostro. Entonces pensó que aquella tarde dejaría al caballo en la parte de atrás de la casa con un poco de paja para comer. Y esa tarde llovió y él estuvo jugando con un tren de madera en el comedor de la casa.

Cuando por la mañana fue a recoger al caballo, se dio cuenta de que no somos nada y menos los caballos de cartón que no aguantan un chaparrón. Y siguió con su sonrisa en el rostro, aunque un poco menos distendida.

Ahora ni tiene caballo de cartón, ni los chaparrones son como los de antes, pero sigue pensando que no somos nada y que los caballos son bonitos si llevan las crines al aire.

sábado, 9 de junio de 2007

SABER REÍR

Por Rufino Pérez
(* Debía ser publicado el domingo, pero me va a ser imposible. Siento robar este tiempo de adelanto al artículo de Rubén)
____________

Lo máximo que podemos obtener sea de lo que sea es alegría. Y ¿qué es la alegría? Un sí espontáneo a la vida que nos brota de dentro, a veces cuando menos lo esperamos.

Releyendo a Savater, uno encuentra que tiene razón. Andamos por la vida cautivados por la terrible sensación de que todo esto es un asco. Y acabamos de cruzarnos con la sonrisa de un niño, o sencillamente hemos pasado al lado de un jardín de olorosas adelfas, y no hemos podido gozar de todo ello. Oportunidad perdida. La vida que se nos escapa.

Es verdad que yo estoy ahora cómodamente sentado en el sillón, delante del ordenador, y que he abierto la nevera hace diez minutos para tomarme un zumo. Y que mañana puedo levantarme y desayunar churros, si me apetecen. Por consiguiente, puede ser fácil para mí hablar de alegría. Y que hay otras personas que antes que hablarles de alegría, hay que darles de comer. Pero a lo mejor yo no llego a mañana, aunque haya comido hoy.

Y si tú hoy no has comido, pero respiras, acuérdate de que hay siempre una bocanada que sabe distinta a las otras. Sigue respirando hasta encontrarla.

Cito a Tomás Moro a través de Savater: (---) –y ninguna virtud es tan propia del hombre como ésta- suavizar lo más posible las penas de los otros, hacer desaparecer la tristeza, devolver la alegría de vivir, es decir: el placer.

A quien acepta demasiado bien el placer, se le suele llamar “perdido”, “calavera”, “jeta”… “niña mala”, “casquivana” … y no digo que no, pero entre la abstinencia y el abuso, está la templanza (amistad inteligente con lo que nos hace disfrutar, vuelve a decir Savater).

Es como la sensación de vacío que se te queda cuando, al comer con la tele encendida –muy mala costumbre ésa- aparecen noticias de la hambruna en África. Ya no te sabe igual el plato que estabas comiendo. Te sientes egoísta. Y sin embargo, comprender a quien padece nos tendría que lanzar a la acción para remediarlo, a poner de nuestra parte para que el otro cambie su situación, pero no a la vergüenza de nuestro propio goce.

Placer y dolor, muerte y vida van siempre juntos. Lo peor es quedarse en medio. Esto se me ha ocurrido ahora, os lo juro. No me deis las gracias, pero tampoco os paséis en los comentarios. Savater lo dice mejor: la alegría es la experiencia que definitivamente acepta el placer y el dolor, la muerte y la vida.

Y por ahí detrás se me queda algo más respecto al placer. Otro día –otra noche- tal vez me acucie la incógnita del placer sexual y me ponga a buscar citas. Y de estas dos últimas líneas no os quedéis con la expresión “incógnita del placer sexual” sacándola de contexto. Reconozco que no sé mucho de ese tema, pero tampoco llega a ser una incógnita.

No es que con todas estas reflexiones me sienta filósofo, ni mucho menos. Ni que quiera convencer a nadie –dios me libre- Sencillamente, reflexiono para convencerme a mí mismo.

Y a todo esto, y por lo de la estructura encuadrada, lo de saber reír viene a propósito de mi primera experiencia en una sesión de risoterapia, hace apenas una semana. Y sí, me reí, nos reímos de vernos los unos a los otros, mira qué modo más sencillo de reír. La parte denominada “ducha de sensaciones” estuvo muy bien. Salimos a unos cinco euros a escote. Y lo cierto es que antes nos habíamos reído toda la mañana –la sesión fue por la tarde- a cero euros por persona. Si sumamos las risas, el precio es lo de menos.

Hasta la semana que viene. No dejéis de sonreír.

domingo, 8 de abril de 2007

LA EDAD

Por Rufino Pérez

Desde distintos puntos de vista, se puede contemplar la edad con diferente color. Los chavales de 15 contemplan a los que están en los 50 como “viejos” y es normal. Lo que ya no es tan normal es que los mayores de 25 también contemplen a los de 50 como viejos.

El otro día, me cuenta un amigo que le ha tocado corregir exámenes de acceso a la Universidad para mayores de 25, que en el Comentario de Texto debían escribir sobre las reflexiones de una persona que había cumplido los 50. No sé exactamente el contenido del texto, pero el alumno decía algo así como que “a esa edad, se comprende que el viejo entre en problemas de conciencia porque le queda ya poco”. Poco ¿de qué? ¿De vida, de ilusiones, de amoríos, de verbenas? ¿Viejo desde la perspectiva de alguien supuestamente mayor ya de 25 años?

Mi amigo y yo coincidimos que el alumno en cuestión debía suspender el examen y esperar a tener 50 para entrar en la universidad, así que en Comentario de Texto, el susodicho habrá sacado una pésima nota.

No estoy actuando en defensa propia –no he llegado todavía a los 50- pero sí que es verdad que los números dicen poco acerca de lo que es la edad. No quiero hablar de cuál es la edad más bonita, la más plenamente vivida, la mejor… porque todas esas expresiones son tópicos que no cuadran para todos. La edad es únicamente consecuencia del paso del tiempo. Mentira también.

El paso del tiempo te aplica un número y te sitúa en una edad, pero es lo que diríamos la “geodinámica interna” la que verdaderamente te mueve, evidentemente con las limitaciones que te impone la edad. Y con las limitaciones del entorno, claro.

Es decir, a los 50 no hay que proponerse correr un maratón cada semana, pero sí que se puede participara en algún maratón. Y hasta ganarlo, o al menos llegar antes que muchos de 25. Tampoco hay que proponerse seducir a una chica de 25, pero no hay que negarse a dejarse seducir, si llega el caso. El cuerpo a los 50 ya no aguanta pasar un par de noches sin dormir, pero tampoco pasa nada si somos capaces de aguantarlas.

En fin, que si la gente te mira y piensa que estás siendo un poco anacrónico porque te ríes abiertamente y dices chorradas como los críos; si tu hija se avergüenza porque gritas y saltas como los quinceañeros en un concierto; si los comentaristas de textos piensan que a los 50 ya se es viejo; el problema es de ellos, no mío.

Queda mucho por hacer y ojalá se pueda hacer la mayor cantidad posible antes de llegar a los 50. Desde ahí hasta los 80 haremos el resto, y los años siguientes lo que quede.

Nota. Mi amigo me confirma que el examinado no pasó la prueba general de Acceso.

domingo, 18 de febrero de 2007

DESVARÍOS AMOROSOS

Por Rufino Pérez

Hoy hace una mañana espléndida en Castellón y el sol entra amable y radiante por este ventanal que tengo en el estudio y que me deja perderme hasta el mar. Antes, hace un par de años, hasta llegar al mar lo hacía por encima de naranjos de verde intenso. Ahora, ladrillo, cemento y esas cosas de la construcción. Ya sé que S. Valentín ha pasado. Tampoco creo demasiado en estos inventos festivos tras los cuales siempre hay un reclamo comercial. No tiene sentido además, celebrar algo como el amor con esos tintes de romanticismo burgués de docena de flores hoy y paliza mañana. Algo como el amor, que desde una perspectiva sencillamente humana, debería presidir cada uno de los días de nuestra existencia, tiene que ser vivido de otra manera.

Tal vez este artículo se me quede al final en un plan cursi matizado de pretensiones literarias. Nada más lejos de mi intención, pero tampoco me voy a esforzar demasiado en pulir aristas.

Sencillamente quiero proponer un juego amoroso-literario. Os lanzo unas cuantas definiciones de amor para que podáis tomar la que más os guste, y eso sí, después hay que compartirla, por lo menos leyéndosela a alguien. No hace falta que vaya acompañada de dedicatoria. Ah! Estas frases tienen todas como inicio: El amor es…

…desnudo tuyo y mío en la playa desierta del corazón.

…nube de algodón que escarcha la mañana de luciérnagas brillantes.

…cáliz eterno de sueños y voces que resuenan en el alma.

…crisol que funde la mañana y la noche en un continuo atardecer.

…primavera de luces en permanente lidia con el viento.

…perfume de pasajera fragancia, siempre anhelante.

…atardecer de brillantes números dispersos, redondos, enhiestos.

…rubor de mejillas encendidas de pasión virgen.

…espiral de silencio que llega hasta el final del abismo.

…deseo pertinaz que alimenta brotes de dulzura.

…ilusión embebida en los sueños de las sábanas.

…sensación de belleza que surge de la contemplación del ser humano.

…bondad infinita del que está dispuesto a darlo todo.

…regalo especial de quien guarda un tesoro en el corazón.

…corazón henchido de renovado fulgor efervescente.

…inmensidad de un aire imposible de respirar.

…belleza sublime de quien puede contemplar con ojos nuevos el mundo.

…tierra de promisión para el alma errante en busca de un hogar.

…aluvión de notas musicales que resuenan en lo más profundo del alma.

…enemigo hermano, enloquecido sensato, libertad que anuda dos almas.

…sol y atardecer en agreste paisaje milcoloreado.

…delicadeza vestida pacientemente a lo largo de los años.

…ternura infinita brotando de un alma manantial.

…emoción contenida en áureo vaso cordial.

…vibración etérea de música incontenible.

…sabor de unos labios rozados apenas por la fragancia del rocío.

…serenidad en el fragor de una batalla con ramos de violeta.

…escultura hecha filigrana por manos temblorosas.

…postal eterna de paisaje azul mirando un mar de emociones.

…telaraña sutil en suave lazo tejida.

…muñeca que con gozosos ojos contempla el mar eterno de una sonrisa.

…tormenta presurosa descargando implacables rayos de fulgor.

…visión de quien puede mirar con ojos limpios dentro del alma.

…fruta ofrecida en alegre festín de ambrosía.

…vocación que cada mañana reúne sonrisas para superar el día.

…libro entretejido de páginas por escribir.

…renglón titubeante de carta escrita con la voz del alma.

…círculo de lento fuego quemando primorosamente las entrañas.

…beso delicado ofrecido entreabierto, como aurora boreal.

…plenitud de fe, porque no hay nada mas allá de él.

…coraje de quien sucumbe en plenitud de fuerzas.

…destino escrito en todos los libros que sólo el corazón guarda.

…rincón de la ebriedad en oculto desvarío.

…lamento surgido para ser acallado con sonrisas de nácar.

…luz que hipnotiza a la razón y libera el sentimiento.

…sinfonía de sólo dos notas, sin acordes.

…amanecer con ojos que se han quedado en las sábanas de la melancolía.

…otoño reverdecido de brotes primaverales desafiantes.

…playa mecida por el suave cristal de una solitaria onda.

…arena del tiempo que se niega a traspasar el umbral.

…limbo sin tiempo, sin lugar, sin alma, sin limbo.

…lucerna sentimental de luz embriagadora.

…cometa sin rumbo en el mar Mediterráneo.

…campanilla resonante sólo en suave tintineo de silencio.

…soledad compartida en amaneceres silenciosos llenos de ternura.

…tesoro desprendido en ofrenda de ara sacrifical.

…nebulosa que esconde planetario paraíso de felicidad.

…crisálida que saluda naciente la nueva vida.

…métrica imposible de versos confundidos y en parte borrados.

Por cierto, yo no le regalé a mi mujer una docena de rosas, que también lo he hecho alguna vez, sino una maceta con un pequeño rosal que tengo que trasplantar antes de que algún maldito pulgón lo eche a perder. Para que crezca.

martes, 30 de enero de 2007

CÁNDIDO CLAMOR


Por Carlos Rull

Hoy me he levantado metafórico y anafórico, algo eufórico y retórico, alborozado y cándido, y, desde luego, ripioso. Tal vez por todo ello – pues sólo una perspectiva ingenuamente poética y tiernamente irónica de la realidad nos tolera un resquicio para soñar-, he decidido proclamar que mañana será un buen día. Por un día, por un solo día, quiero querer gritar que mañana será un buen día. Sí, quiero querer decir – rugir -que mañana será un buen día.

Mañana será un buen día para que callen los micrófonos y hablen las bocas, para que callen las ciudades y hablen los vivos, para que callen los motores y hablen las manos, para que callen las pantallas y hablen las páginas, para que callen los que gritan y hablen los que susurran, para que calle el ladrillo y hable la dignidad, para que callemos todos un minuto y no hablemos ningún idioma, para que callen leyes y tribunas y hable el silencio.

Y sí, mañana será un buen día para que los gusanos abandonen sus banquetes y los cuervos sus tanques, para que las corbatas recuperen su corazón y empiecen a hablar verdades, para que las chimeneas dejen de ametrallar a las nubes, para que las banderas se destiñan y dejen de chorrear sangre, para que los himnos enmudezcan su ira, para que los hiladores del horror no borden más tinieblas, para que las sibilas anuncien que mañana será un buen día.

Sí, mañana será un buen día para andar con los hermanos, para nadar con la quimera, para volar hacia el olvido, para ver la luz, para ver la sombra, para no ver nada.

Mañana será un buen día para colgar hábitos, vicios y virtudes de la palmera más alta, para colgar el arrebato en las perchas matutinas, para dejar las cicatrices entre las rosas, para dejar los relojes entre los cipreses, para olvidar el negro humo del camino andado, para – eso nunca – olvidaros, o para – eso siempre - decirte que te quiero,

Y será un buen día porque... simplemente porque habrá mañana, y... porque nos lo merecemos, ¡carajo!

Mañana será un buen día para abrir un libro - todos los días lo son -, y también será un buen día para leer el artículo de Andrés.

Y si al final, amigos, mañana no es un buen día, no nos quejaremos: al menos podremos decir que lo hemos intentado.