La foto pertenece a la convocatoria de la Falange Española de las JONS que, el domingo pasado, quiso contraponerse a la consulta de Arenys de Munt sobre la independencia de Cataluña.
En dicha foto puede leerse: "España es la nación de los catalanes", que es querer llamar agua al vino. No se pueden confundir la España y la Cataluña políticas, queridas o reales, con lo que son conceptos históricos, sentimentales y hasta constitucionales.
España, como realidad política desde 1978, no es una única nación sino una suma de nacionalidades, cosa que implica a diversas naciones, y que explica el hecho de que los catalanes que no quieren pertenecer a la nación española manifiesten su deseo que la nación (nacionalidad) catalana tenga un estado propio, independiente, y no una autonomía sometida a los designios del parlamento y el gobierno español.
La foto apela a la libertad de toda España, pero lo que subyace en esa libertad no es el respeto a los derechos de todos, sino la negación del pueblo catalán, del derecho a expresar los sentimientos del pueblo catalán, y la afirmación del miedo a la división territorial, a la amputación territorial de una parte de España que, cabe recordar, fue anexionada por las armas, como ha sido costumbre a lo largo de la historia, con la bendición de la Iglesia que prefiere hacer creyentes aunque sea a golpes de crucifijo que permitir el libre albedrío, la crítica, el cuestionamiento de la falta de valores en la práctica que sus teorías proponen.
Por otro lado, durante el día de la consulta de Arenys de Munt algunos periodistas de Tele Madrid vieron obstaculizado su trabajo, hasta el punto de no emitir en directo, por independentistas que esgrimían las banderas esteladas junto a consignas que atizaban el odio, la confrontación y el "os vais a enterar".
En ambos casos veo el mismo ejemplo de mala digestión de los nacionalismos. Por un lado, el nacionalismo español que pretende negar cualquier otro nacionalismo porque todos tienen que ser Españoles, lo quieran ser o no, y por el otro el nacionalismo catalán que pretende negar cualquier otro nacionalismo porque todos tienen que ser Catalanes, lo quieran ser o no.
Hay partidos que enarbolan la bandera de la Independencia de Cataluña para mostrarla, con orgullo, como la tierra prometida que Moisés mostraría al pueblo de Israel. Por desgracia, es más fácil decir vamos camino a la Indepedencia que explicar ya no sólo cómo se va a ir, o se puede ir, y qué se piensa hacer después.
Y si he comparado a Cataluña con Israel no ha sido de forma casual. El pueblo israelí sufrió las maldades del nazismo, y con el tiempo se ha convertido, parte de él, en un reflejo nazi contra Palestina. Ese mismo fascismo, esa apelación a la violencia como vía de solución de los conflictos, es la única razón que esgrimen los nacionalismos.
¿Alguien cree que con este ejemplo vaya a ser buen futuro el que venga?





