... hear silence fall and sweep its rings to the farthest edges
VIRGINIA WOOLF, in The Waves
VIRGINIA WOOLF, in The Waves
Por Ester Astudillo
Si observas no intervienes,
no vives;
si escribes observas antes,
necesariamente.
Las leyes que hemos urdido,
u otros,
debieran ser más benignas,
permitir que el error no fuera eterno,
no pesara en la boca, como tiza,
en el centro sanguíneo
y geométrico;
que el horizonte del nacer no fuera fuego,
y que ignorar exigiera también
su cuota de lamento,
plantarlo como un pecado,
voluble,
como una meta o un hijo.
Observo, aquí, escribo,
me abstengo,
atropelladamente y sin orden,
a menudo a la vez;
en esa iniquidad de excesos
no existen planes que se nublen,
sólo la letra, el repiqueteo,
el tiempo que cae, astillas de silencio.
Debiera haber sido yo quien
deletreara con acierto ‘Azaña’
sin incurrir en el desliz
del pudor o de la duda,
aprender, al fin, a delimitar
los actos y los hechos
como los detritos,
azul, verde, amarillo.
no vives;
si escribes observas antes,
necesariamente.
Las leyes que hemos urdido,
u otros,
debieran ser más benignas,
permitir que el error no fuera eterno,
no pesara en la boca, como tiza,
en el centro sanguíneo
y geométrico;
que el horizonte del nacer no fuera fuego,
y que ignorar exigiera también
su cuota de lamento,
plantarlo como un pecado,
voluble,
como una meta o un hijo.
Observo, aquí, escribo,
me abstengo,
atropelladamente y sin orden,
a menudo a la vez;
en esa iniquidad de excesos
no existen planes que se nublen,
sólo la letra, el repiqueteo,
el tiempo que cae, astillas de silencio.
Debiera haber sido yo quien
deletreara con acierto ‘Azaña’
sin incurrir en el desliz
del pudor o de la duda,
aprender, al fin, a delimitar
los actos y los hechos
como los detritos,
azul, verde, amarillo.




