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lunes, 4 de abril de 2011

Poética incivilizada o poética del olvido


Miro hacia atrás y sólo encuentro un lejano y dolorido olor a brezo.

Aún nada alienta en la alameda de los sueños y ya el carro de los cómicos se aleja lentamente.
JULIO LLAMAZARES en La lentitud de los bueyes



Por Ester Astudillo


Tiempo hubo, hubo un tiempo en que los hombres-buey

transitaban las lindes de los campos.


Entonces el dolor no era aún síntoma: era refugio,

y el arriero acogía la muerte sin ruido,
la paja del camastro
ardía en la pira comunal después
o servía de lumbre para el puchero.


Es poso hoy ese tiempo.

No vale volver la cabeza y admirarse.

Las calendas no responden a aquella cadencia de piedra

anterior a los dioses, los jardines, las promesas.


Los hombres-buey no atienden a la ley de la rueda:

la que pactaron con su amo fue una servitud gentil
hecha de muérdago, brezo y almizcle,
remedo de sol y nieve y heno.


Luego el hilo con el huso, el álamo,
se añadieron
al ajuar de barro y pasto.
No existe precio
para la libertad
de una tregua en los campos.


La sangre la mece el calor de las ortigas, el beso y el deseo

antes del amor. Antes de que la siega abulte los arcones.

Los arrieros desconocen las palabras y la paz

para pintar el frío del lucero. Aunque duerman al calor

de las brasas lentas hundidas en su propia mansedumbre.


Ningún apremio.

Mandil, cántaro, azogue y guirnalda

son sólo nombres antiguos para los ciclos del año,
testigos mudos;
acaso la herrumbre del olvido.

lunes, 5 de abril de 2010

Rallentando


El pánico es
un furor detenido. En un principio
fue el pánico.
Tuvo que serlo.

CHANTAL MAILLARD en Hilos

Cuando esperamos hechos posibles
sólo la soledad nos acompaña

ELENA MEDEL




Por Ester Astudillo


Puse el corazón en salmuera,
mi esfínter del pánico.

Cauterizan en salino
¿ausencias bisiestas cuántas?

Y quieren marcarse un tango con la lluvia
en el estante bajo
de mi armario amarillo.

Y ella, metrónomo dúctil de estación,
naftalina piadosa -este año-
con las prendas de a diario,
cuenta a partir de aquí
y de ahora
los latidos que mi pecho
no echa en falta.

domingo, 28 de marzo de 2010

Mitolo-mía














Por Rufino Pérez






Persecución y evasión.



El juego se repite,
el mito se hace
eterno.



Regarán mis lágrimas
el árbol
que adorna al vencedor.



Rugirá mi pecho
la desgracia de perderte,
Galateo.



Porque así eres tú, enamorado mío,
alguien que va y yo persigo,
que no queda quieto
ni torna.



¿El tiempo?
¿Un río?
¿El viento?
¿O quizás tu alma y tu cuerpo herido?



Dejad que el poeta sienta
la pérdida.