martes, 23 de diciembre de 2008

La asombrosa historia de las palabras (I)


Las buenas leyendas borran sus huellas por la cuenta que les trae. Intentar desvelar su origen suele ser tan difícil como descubrir las fuentes de un río que tiene docenas de nacimientos. Los misterios, divinos o no, son autos de fe que se esfuman al descubrirlos. En cambio las palabras también tienen sus huellas, más o menos borradas, más o menos fáciles de remontar, que a veces esconden una historia.


En los tiempos de María Castaña al apendicitis le llamaban Cólico Miserere. Tratado a tiempo el apendicitis no reviste ningún problema, pero si no se ataja la inflamación puede agujerear el intestino haciendo que las heces se mezclen con el sistema circulatorio. Hasta el siglo XVIII se creía que había algo que obturaba el estómago y el tratamiento más recurrente era hacer ingerir al paciente cantidades mercurio o incluso balas con la equivocada creencia de que desatascarían el paso. Ante los padecimientos del enfermo no quedaba más que encomendarse a Dios, y el Miserere, además de un cuento de Bécquer, era un salmo con el que el plañidero pedía misericordia. Los dolores del cólico eran tan brutales y el final tan horrible, que el vulgo apodó la enfermedad con este nombre.


Otra de mis palabras preferidas es la referida al Trabajo. El verbo trabajar deriva etimológicamente de tripalium, un instrumento de tortura empleado en la Edad Media para hacer cantar sus fechorías a las brujas que no lo eran. Curiosamente, la palabra inglesa travel viene del francés travail, cuando no se viajaba por turismo, sino por alguna obligación. En antiguo francés travailler significa hacer sufrir física o moralmente, molestar, enfurecer. Es sólo a partir del siglo XVI que el verbo adquiere las connotaciones actuales.


Así que ya lo saben, trabajen, pero lo justo para dignificar la cuenta corriente.

2 comentarios:

R.P.M. dijo...

Las palabras nos envuelven y lo envuelven todo. Qué pena que a veces sirvan también para engañar. Muy chulo, Óscar. Con el pasatiempos de las diferencias tengo que confesar que miré de reojo la solución antes de ponerme a observar.

Oscar Sotillos dijo...

sí, lo envuelven todo como los papeles de regalo por navidad, cuando el mejor regalo es hacer pajaritas y aviones de papel.
un abrazo!

óscar