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martes, 11 de mayo de 2010

Y DIOS DIRÁ

Por Carlos Rull

“Y Dios dirá, que está siempre callado.” (Miguel Hernández)

A Sor Renun, con casto respeto

Y Dios habló. Y Dios pronunció su palabra desde lo alto de la noche, desde la espuma del alba. Y Dios anunció su nueva en las radios de los coches que hormigueaban las autopistas, en los altavoces atronantes de discotecas y gasolineras, en las pantallas hipnóticas como altares de salón. Y en todos los rincones del orbe, salvo en las iglesias, óyose la divina nueva. Y escucháronla los que huroneaban escaparates, los que crocotaban silencios, los que aullaban mentiras, los que ladraban improperios, los que maullaban dolores, los que arañaban inocencias, los que desgarraban verdades, los que graznaban estulteces. Y Dios díjoles, pues, a los hombres:

- Estimados seres humanos, hombre, mujer, infante, político, habiéndose demostrado a lo largo de nuestra dilatada ausencia vacacional que no sois merecedores del libre albedrío que nos os otorgamos en el origen y habiendo hallado fundadas razones para desconfiar de vuestra capacidad de mejora, nos decidimos dar por terminado el experimento Tierra 1.0. Otrosí, nos emplazamos a todo ser humano a presentarse en única convocatoria al acto de clausura del citado experimento, conocido asimismo como Juicio Final, que tendrá lugar no después del último día del año 2012, por ser fecha que vosotros mismos habéis señalado a tal efecto. Otrosí, nos sugerimos que dispongáis del plazo concedido para obtener el perdón por vuestros pecados o para acabar de gozar de los pequeños placeres de que disponéis. Sin más, recibid un atento saludo de nos.

Controlado el caos inicial mediante rigurosas medidas de seguridad y el consabido toque de queda, reuniéronse de urgencia los atribulados líderes mundiales en un hotel de Canciones Tristes. Tras dramáticas deliberaciones y cenas copiosas, fue emitido un comunicado global en respuesta al divino anuncio. El texto en sí recusaba la autoridad divina para emitir tal sentencia, dado el escaso interés mostrado por Dios hacia su propia creación en los últimos dos mil años. Alegaban, además, los citados líderes, que el Señor podía considerarse inhabilitado para ejercer de juez por ser parte interesada en el caso – al fin y al cabo, se decía padre de los encausados -, y por haber intervenido en causas anteriores – citando explícitamente el caso del diluvio universal y los de Sodoma y Gomorra – en los que había demostrado sobradamente su enemistad manifiesta con los interesados. En su conclusión, el texto solicitaba recurso de amparo ante el Tribunal Constitucional del Reino de España.

En lo más alto de los cielos, Alá pagaba la apuesta perdida, muy arrepentido de la noche etílica en que se le ocurrió decir aquello de "¿A que no hay huevos...?"


De la imagen: http://www.zonalibre.org/blog/parafrenia/


sábado, 1 de noviembre de 2008

CRISIS


Por Ruben Garcia Cebollero

- Cántame un cuento -le pide Nietzsche a Dios.
DIOS: El público se muere de asco. El asco se muere de asco. El autor se muere de asco. Pero cada vez que digo ¡qué asco me doy! Bukowsky sale de la tumba y sonríe.
- Ves -responde Nietzsche-. Otra vez el Diluvio.

viernes, 7 de diciembre de 2007

Tiestos de geranios en la Torre de Babel

Por Iván Sánchez Moreno

La Torre de Babel existió. No la bíblica, de la que hay dudas, sino una “nueva” Torre de Babel decimonónica que pretendía albergar no sólo casi todas las lenguas del mundo, sino sobretodo la mayor cantidad de flores y plantas del planeta Tierra, por entonces aún en proceso de conquista colonial.

El arquitecto Joseph Paxton, especialista en invernaderos, recibió el encargo de construir el edificio más monumental posible sin reparar en gastos, con la intención de contener la Exposición Universal de Londres de 1851... lo que equivalía a un total de 17000 stands, 6 millones de visitantes y un perímetro que sumara 4 basílicas de San Pedro de Roma y 7 catedrales como la de San Pablo de Londres. O lo que es lo mismo: 563 metros de largo, 124 de ancho y 33 de alto, más o menos.

Para erigir el Palacio de Cristal en medio de Hyde Park no invirtieron más de diez meses –del 30 de julio de 1850 al 1 de mayo del año siguiente–, respetando sine qua non unos viejos olmos que habían crecido en el terreno y que, de hecho, se usaron como referente de medida ecológica. Al jardín botánico interior se le añadieron pájaros de todo tipo cuando se reemplazó –se desmontó y se volvió a reconstruir, literalmente– tres años más tarde en Sydenham, aumentando todavía más sus colosales dimensiones y reinaugurado para la “educación de las grandes masas del pueblo y el ennoblecimiento del disfrute de sus momentos de esparcimiento”. En fin, cultura: una añorada alternativa al fútbol.

Al parque de hierro y aluminio se accedía desde una estación terminal a la que regularmente iba a descargar gente a cascoporro el ferrocarril que venía de Brighton. Uno de sus mejores atractivos era el efecto catártico que ofrecía su tejado, milimétricamente enrejado de tal modo que los rayos de sol bañaban todo el espacio con una luz sobrenatural. Era un lugar de recogimiento y libertad a la vez, donde el paseante perdía la noción de su propio cuerpo inmerso en un mar de nuevas sensaciones de clima, olores, colores y sonidos. Si caía alguna fruta madura de los árboles, la paleta de sentidos quedaba al completo.

El Crystal Palace tuvo sin embargo un final horrible: se quemó por entero en 1936, quizá debido a un escape de vapor del imbricado sistema de calefacción repartido por todo el macroinvernadero –27 calderas, miles de lienzos hidrotérmicos que regulaban la temperatura del interior y juegos de cristales curvados para mantener el calor que se destilaba de la luz del sol–.

Muchos proyectos han imitado o tratado de superar la obra de Paxton, con desigual éxito. John Claudius Loudon aplicó sus conocimientos de ingeniería y jardinería a una casa de palmeras en Yorkshire, siguiendo el modelo de cúpula romana al estilo del Panteón; el palacio Laeken de Bruselas, construido en 1875, acabó pareciéndose más a una jaula gigantesca para el monstruo Godzilla que a un invernadero; y el último delirante intento por crear un ecosistema artificial, el Biosfera II, de finales del siglo pasado, tiene toda la pinta de una base de astronautas en Marte, y no tanto el aspecto de una microciudad experimental en mitad de Oracle (Arizona). Estas modernas Torres de Babel han conseguido lo que en otros tiempos pretendió el hombre: trascender los límites de la naturaleza misma y arrebatarle a los dioses el poder de autorregular la vida. Pero, ¿a qué precio?, ¿a cambio de qué?

Del colosalismo y el aislamiento; o sea, pagando con el pecado de la soberbia y la penitencia del ermitaño. La utopía no resulta más halagüeña que colgarle macetas a la Torre...

viernes, 16 de noviembre de 2007

Ganarse el cielo - Propuestas estéticas contra la especulación inmobiliaria

Por Iván Sánchez Moreno

Les Fonts es un anodino barrio a las afueras de Terrassa sin ningún atractivo especial, salvo el castillo de Jacinto. Hace casi medio siglo, y por puro aburrimiento, don Jacinto comenzó a añadirle prótesis a su vieja casa de pueblo, a modo de tunning con tochos: una almena por aquí, un fosito por allá, un portalón allí, una torre más acá. Del negocio de compra-venta de muebles usados que regenta con su mujer ha sacado buena parte de los bustos de piedra que decoran su castillo de aire medieval, desde enanos de jardín a morenetas de lo más kistch (incluso tiene una esfinge un poco pop). Su casa/cosa despierta encontradas pasiones entre sus vecinos. Sin embargo, también la fama tiene un precio, y no sólo han asaltado ya un par de veces el hogar de Jacinto, sino que, acuciado por las presiones inmobiliarias, le tentaron no hace mucho con comprarle el terreno para erigir nuevos bloques de pisos. Por el momento, Jacinto ha dicho que no.

Tony Alleyne no tuvo mejor suerte. Tony es un trekkie yanqui un poco pirado que sufrió una honda depresión cuando hace una década le abandonó su mujer. Para ahogar sus penas, el tipo invirtió su soledad en transformar minuciosamente el hogar en una réplica clónica de los interiores de la nave Enterprise. Ahora que la ha terminado, tiene que venderse la casa porque se ha quedado más pelado que un huevo.

Por lo visto, una causa importante de lo que mueve a una persona a empeñar su tiempo en colosismos de esa guisa es el desengaño amoroso. A principios del siglo pasado, por ejemplo, a Edward Leedskalnin le plantó su novia a pie de altar el día de su boda, por lo que dedicó toda su vida en dejar testimonio de su dolor creando una horterada como el Castillo de Coral, en Florida, tallando y acarreando él mismo toneladas de piedra hasta el lugar.

Detrás de estos sacrificios algo inútiles a la comunidad se amaga casi siempre una tendencia psicopatológica a cierta ingenua ilusión de omnipotencia, porque hay que estar muy chalado para arremeter con una osadía así, pero también un narcisismo exacerbado, pues queda claro que por su manifiesto esfuerzo los autores de esas obras arquitectónicas –libres y sin patrones, absolutamente personales y en cuyo proceso de creación se han entregado íntegramente en cuerpo y alma– no quieren pasar desapercibidos. Pero si uno hace de un sueño una obsesión es sólo muestra de que algo de la cabeza no carbura bien. Ese ciego empeño por dedicar toda la vida a un proyecto imposible o absurdo de tal envergadura esconde un trauma profundo, una oscura razón latente para que dichas obras se hayan convertido en el sentido único de su existencia.

Parecido al de Jacinto es el caso de Justo, un anciano de 83 años que desde hace 43 monta como puede y sin planos una basta catedral de 50 metros de planta y 25 de altura en Mejorada del Campo, un pueblucho cercano al aeropuerto de Barajas. Basándose a ojo en fotos de libros de arquitectura religiosa, Justo ha concebido un mejunge caótico de estilos, predominando el románico, pero inspirándose asimismo en todo cuanto ve y le gusta (desde los arcos nazaríes a las torres de la Gran Vía). Casualmente, su catedral se encuentra ubicada en el nº 10 de la calle Gaudí, pero Justo abomina de la nueva fachada recién estrenada en la Sagrada Familia.

Justo lleva la mitad de su vida trabajando de sol a sol siete jornadas a la semana (bueno, el domingo no, que es día santo). Y aunque ya ha acabado prácticamente una cúpula vaticana, las capillas, el claustro, un convento adjunto y la larga escalinata, queda aún por revestir la carcasa de hormigón, hierro y ladrillo que es todavía por fuera. El alcalde reconoce que lo de Justo roza lo ilegal, pues carece de un proyecto sólido y de un técnico que controle y ajuste la viabilidad de la construcción. Tampoco son pocas las múltiples irregularidades en tema de seguridad que infringe el hombre. No obstante, descalabrarse por no llevar arnés ni casco es sólo asunto suyo, así que las autoridades locales prefieren dejarle en paz. El ayuntamiento, sin embargo, no sabe cómo hacerse cargo del gasto que supondrá el edificio cuando Justo haya muerto. Aunque el hombre lo haya donado a la archidiócesis de Madrid, hacen falta patronos que quieran seguir sufragando tamaña hazaña.

Para muchos, Justo es un hombre santo que merece la beatificación; para otros, un pobre loco que ha confundido el cansancio con la piedad. Su historia está trufada de misterios: Huérfano de padre a muy pronta edad, Justo se encargó de labrar los huertos de la familia que eran su único sustento. Pero no se sabe por qué extraña iluminación, a los 27 años decidió ingresar en un convento del que ocho años después le echarían a cajas templadas tras manifestar primeros síntomas de tuberculosis. No del todo escarmentado de la vida seglar, Justo quiso hacer acto de contrición sirviendo a Cristo como paleta. Ahora, por el contrario, varía su versión de los hechos en beneficio propio: dice que, hastiado de la vida contemplativa del seminario, optó en consecuencia por la vida activa, cambiando rosario y sotana por rascleta y espátula.

Famoso muy a su pesar por un anuncio de refrescos, recibe cada día autobuses repletos de guiris que acuden de todas partes para hacerse una foto “exótica” y conocer un tío friqui en persona. Para Justo debe ser triste que un sueño de trascendencia como es rendir culto a Dios con el sacrificio de toda una vida se convierta de la noche a la mañana en un reclamo de turistas. Eso sí, todo el mundo deja en un cepillo de lata un pequeño donativo para ir tirando... o bien toma nota del llamativo letrero que loa una cuenta bancaria. Y es que a Justo ya no le queda un duro. Pretende terminar en cinco años contratando a gente que le ayude, pero eso significa una pasta gansa, y de eso anda escaso.

Pese a haberse lapidado la herencia en su capricho –porque, francamente, ¿era necesaria una catedral?–, a su familia no parece afectarle, escudándose en que el terreno es suyo y que puede hacer con ello lo que le plazca. A su edad, la vida en general y las personas en particular le aburren mortalmente, y ahora desea más que nunca irse al cielo de una vez por todas y no tanto ganárselo así, a base de sudor y de porlan y cascorros que recicla por ahí. Algún mal día lo tiene cualquiera, reconoce, y a veces se levanta pesimista, con resignación y un tanto frustrado. Admite que es poco probable que pueda ver acabado su mastodóntico proyecto, así que le pide a Jesús algún que otro milagrillo, a ver si termina la obra por él.

Su caso recuerda el de Fritzcarraldo, un excéntrico comerciante de caucho irlandés que quiso emplazar un majestuoso teatro de ópera en la cima de un monte en mitad de la selva amazónica, no para honrar a Dios precisamente, sino a Enrico Caruso. Al menos, sus motivos eran claramente prosaicos. Los de Justo, justo es decirlo, bordan lo simoníaco. Un sacrificio como éste, aparentemente ofrecido a un dios cristiano, dejándole la hambruna, la sed, la peste y la miseria del mundo a otros para que se las compongan como puedan, mientras uno le va dando al mortero para agasajarse a sí mismo por un esfuerzo que nadie pidió, es a todas luces un amor egoísta. Sí, ahí quedará su gloria, como las pirámides, las murallas y los vertederos. Será quizá entonces que al Cielo le da igual.

domingo, 1 de julio de 2007

DIOS Y LA TIGRITUD

Por Ruben Garcia Cebollero

Dios tiene un plan. Ya lo escribimos en ocasiones anteriores, y en ésta un día después de cuando debía escribirlo aparezco con lo que debe ser un cuento fantástico. Se lo dedico al profesor Manuel Lozano, y a su hermano Aldo, por el oro de los tigres, una radio y página argentinas que les recomiendo visitar:

http://www.elorodelostigres.com.ar/

El cuento dice así:

Cerca de Lobos, frente a un bosque de olmos, duerme Dionisio, un cruce de galgo y dálmata. En una esquina del bosque, bajo un olmo y sin mover la cola ni abrir los ojos, piensa en su amo que está visitando París.

Dionisio duerme con los ojos abiertos porque sabe que, cuando menos lo esperas, el águila mercachifle aparece en el cielo. El águila se cuelga unas medallas enormes, inventadas y autoimpuestas, que vienen a confirmar una Literatura con mayúsculas que tiene de todo, sí, menos literatura.

El águila mercachifle cree que en los cielos está a salvo pero Dionisio aprendió a volar casi antes que a leer, y espera su momento para, con certeza, incar el diente en la incauta mercachifle.

El tiempo juega a su favor y ni él ni yo sabemos qué pinta Bruce Lee en esta historia. Al fin y al cabo, casi sucede lo mismo con la filosofía.





sábado, 23 de junio de 2007

QUE DIOS ESTÉ CON LUZ




Muchas veces no decimos que algo o alguien nos gusta. Quizá no todas las canciones o todo lo que haya hecho Luz Casal sea bueno. Tampoco puedo decir lo contrario en mi caso. Sin embargo, no sé las vidas de las demás pero la mía sin ese "no me importa nada", esa versión del "boig per tu" de Sau, o el "piensa en mí" por citar algunos habría perdido "un pedacito de cielo".

Así que en estos días de lucha contra el cáncer, igual que he visto luchar a algún familiar y perder la batalla, espero que Luz gane, espero que Dios (si existe y tiene un plan) esté con Luz, y que en algún rincón de derrota, soledad o miedo su voz resuene alzando un:

Grita, si estás vencido.

Salta, si ves el miedo.

Canta, si hay un amigo

que pueda ofrecer un pedazo de cielo.

Como escribe Adam Zagajewski al final de su poemario Antenas, la poesía es búsqueda de resplandor. Que Luz se llene de ella. Porque un día sentimos en los labios el sabor de una derrota, de una tragedia habitual, lo que ya fue un cierto tipo de victoria.

sábado, 9 de junio de 2007

DIOS TIENE UN PLAN



Ruben García Cebollero


Ayer vi una foto que decía: "Dios tiene un plan". Siempre han representado a Dios como un hombre maduro, el Dios del Antiguo Testamento, y puestos a creer puede que sea una mujer, un niño o un joven o una joven. Dios tiene un plan. Puede que ese "plan" sea distinto al que esperamos o pensamos. Así que Dios debía ser guionista de la serie del Equipo A.

No sé si era plan de Dios o no pero he leído "El ingrediente secreto", de Vanessa Montfort. No sé puede decir que haya sido muy rápido a la hora de redactar la crítica, pero los juicios deben madurar y adquirir perspectiva. En algunos momentos, no acabó de gustarme el ritmo o el estilo y técnica de algunos capítulos, minucias, que en el conjunto desaparecen por otros loables aciertos.

He de reconocer que habiendo nacido el mismo año que yo, el mejor de todos los años posibles claro está, no era tan fácil suponerse cerca, pero la novela es fiel reflejo de algunos sentimientos compartidos por mi generación. O al menos, por mucha gente que he conocido en estos años de existencia.

Espero me perdone, Vanessa, que ahora cite algunas frases de la novela. Por ejemplo, página 38: "ahogado por la usura de los bancos", pág. 39, "habíamos acabado eligiendo el dialecto del reproche en lugar del idioma del cariño". La historia se construye como un sistema de espejos que trama un argumento entre dos generaciones. En la pág. 59 nos revela que: "todo es un absurdo intento de huir de la soledad". En lo que discrepo es (pág. 78) que: "mis días no tenían banda sonora, no tenían grandes acontecimientos ni siquiera dramas, ni misterios ni riesgos". Nuestra generación ha crecido entre demasiadas bandas sonoras y demasiados riesgos.

En la 207 nos escribe: "tan absurdo es el planteamiento de que existe el destino como de que exista el azar. El azar no es sólo pura probabilidad matemática, es también el caos, un caos necesario que fuerza los acontecimientos a volver a un orden". Pero si Dios tiene un plan más sentido tiene creer que no escogemos nada, aunque en la 229 nos diga: "escogemos sin darnos cuenta los lugares en los que queremos nacer de adultos: aquellos escenarios en los que vamos a sufrir, los que nos verán enamorarnos, incluso el espacio en el que perderemos el último aliento".

Lo que es cierto, 286, que es "infinitamente más difícil luchar contra la costumbre que contra el amor". Y que algunos, 461, crecieron "protegidos contra todo menos contra el aburrimiento, como por otra parte, según Fabio, les había pasado a la mayoría de los españoles".

Al final, quizá a otros lectores no les suceda lo mismo, me quedé con las ganas de saber qué era para Grüner el ingrediente secreto, aunque quizá sólo a Fernando correspondía abrir ese paquete. Quizá porque Dios tiene un plan.

Es obvio que en el tintero dejo muchos temas, y que cada cual busca como quiere o puede la felicidad. En cuanto a si una historia es como fue o es como se la recuerda, mejor pregúntenle a Dios, que, como saben, tiene un plan. Y quien tiene planes, o tiene muchas preguntas o tiene muchas respuestas.

Quizá Dios tenga un plan por el que cada cual pueda encontrar, 496, "un elemento, para cada persona distinto y que, una vez añadido a nuestra vida, le da sentido".

En cualquier caso, me quedo con el beso de la foto. Por si Dios me incluye en el plan;)