Por Rufino PérezAhora que hace tiempo ya, han pasado las fiestas, ruidosas por cierto, de
En esos días me encontré con varios casos que pueden ilustrar mi afición a que la ley se deje de moratorias y entre en vigor cuanto antes.
Una plaza pública, de lo más concurrida; había acudido con mi hija de
Se acercó otro grupo de la misma edad, también con cohetes. Y empezaron a tirarles a los pies para ver si ellos respondían. No respondieron, menos mal. Se retiraban una y otra vez y no quisieron entrar en la provocación. Entonces se hartaron y se fueron a tirar cohetes a las chicas que pasaban por el otro lado. Y volvían otra vez, y les incitaban tirándoles otra vez cohetes. Y estos a la suya, retirándose. Y fueron a meterse con otro grupo, y éstos sí que entraron al trapo, e iniciaron una pequeña batalla coheteril.
A todo esto, los padres, totalmente inexistentes unos y existentes pero ausentes otros, ni caso. A la suya. Y una pareja de ancianos pidiendo por favor que se fueran a tirar petardos a otro sitio más retirado. Y una madre, enfadada, pidiendo que ni se acercaran al carrito de su hijo. Y los ancianos se marcharon y la madre con el carrito también. Los petardos se quedaron.
Otra anécdota. Una actuación de baile en el que mis hijas participan. En otra plaza, al aire libre, también céntrica. Comienza la actuación y detrás del escenario continúa el ruido de petardos que están tirando un grupo de “petardos”. Nadie, ni un solo policía local estaba por allí para pedir, rogar a los “petardos” que dejaran de tirar petardos durante la actuación. No, la plaza es suya y no había más que hablar. Muy triste. La plaza llana de gente dispuesta a escuchar la música y ver los bailes, pero los que mandaban eran los petardos –con y sin comillas-.
Y a propósito, ¿dónde hemos dejado a los padres? Tal vez con una sonrisa, o bien con una cerveza en la mano, pero además a gran distancia de donde están sus hijos. Y si a ti al pasar te estalla un petardazo y te medio rompe el tímpano, o simplemente te quema un poco el pie, o te llega hasta el ojo una esquirla de lo que salta, oiga no se queje porque al menos no es metralla. Claro, esto no es la guerra, pero qué cerca está. Así que, señoras y señores, de alguna manera habrá que pararla. No se me “moratorien” mucho y a pesar de mores –oh tempora, o mores- y de otras cuestiones, regulemos este tema de una vez.
Ah, y esto ya fuera de contexto. Estoy con el pensamiento en otro lugar, en el que un grupo de amigos charlan amistosamente alrededor de unos suculentos platos. Feliz encuentro. De alguna manera, también estoy con vosotros.


















