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miércoles, 15 de septiembre de 2010

El otoño vendrá

Por José G. Obrero

El otoño vendrá con caracolas, decía Lorca. El otoño se ha asociado siempre a un tiempo crepuscular; símbolo de la madurez, del recogimiento y del declive. Sin embargo, en Andalucía debería tener otro significado. Al menos en las zonas de interior donde el verano es la viva imagen de la muerte; calles desiertas, calor inhumano, pulso paralizado. Y, necesariamente, después de la muerte vuelve la vida (per tonar a néixer necessitem morir decía Savat-Papasseït). Eso es el otoño, aquí con más sentido que en otras latitudes amables en verano o con un litoral hormigueante. Además de todo lo dicho, nuestra generación asume el nuevo calendario occidental: el escolar. El otoño es sinónimo de año nuevo, con sus propósitos y proyectos. Por si quedaba alguna duda, este otoño en Córdoba han aparecido dos interesantes iniciativas: Yosoyaudiovisualibre y Otoñeces Colectivo Efímero. Ambas comparten un buen número de denominadores comunes: pasar de la queja a la acción (si faltan propuestas culturales, nosotros las creamos) ambos nacen impulsados (y propulsados) con la energía de la juventud, ambos tejen y crean sus recursos sin contar con el paragüas de lo público, y suplen esa cobertura con creatividad. Ambos, finalmente, vienen a llenar un hueco, un vacío en la oferta cultural de esta ciudad.
Yosoyaudiovisualibre se prepara para exhibir la primera muestra internacional de videoarte el día 25 de septiembre, con más imaginación que recursos (algo que, por otra parte, es la marca de los tiempos), mientras que Otoñeces, llenará de poesía en diversos soportes y espacios, toda la estación (de octubre a diciembre).
Dos grandes noticias porque, en mi opinión, perdura y cala en una sociedad lo que se teje desde su base, generando sinergias y entusiasmo, traspasa su epidermis. Justo lo contrario al bombo y artificio de algunas costosas iniciativas, construidas sobre el error de confundir el corazón con la cartera. Un débil andamiaje dorado.
El otoño, pues, vendrá con Otoñeces y Yosoyaudiovisualibre. Pura energía.

martes, 8 de enero de 2008

A vueltas con la educación, otra vez.

Por Carlos Rull

Vaya por delante mis disculpas por dos semanas de navideño y vacacional silencio, cuánto más se agradece el silencio que la idiotez escrita en plena resaca. Y de nuevo más disculpas por ceder hoy mi espacio, sin permiso del beneficiario, a Arturo Pérez Reverte, cuyas novelas no son santo de mi devoción - salvo El pintor de batallas y la divertidísima La sombra del Águila -, pero a cuya voz hay que prestar a menudo mucha atención, sobre todo cuando suelta su vena de indomable y demoledor crítico. Aquí os dejo estas líneas publicadas en El País Semanal en las que, con un par, saca los colores a la caterva de politicastros que andan deseducando al país desde hace lustros. ¡Olé!

PERMITIDME TUTEAROS, IMBÉCILES, por Arturo Pérez Reverte


Cuadrilla de golfos apandadores, unos y otros. Refraneros casticistas analfabetos de la derecha. Demagogos iletrados de la izquierda. Presidente de este Gobierno. Ex presidente del otro. Jefe de la patética oposición. Secretarios generales de partidos nacionales o de partidos autonómicos. Ministros y ex ministros –aquí matizaré ministros y ministras– de Educación y Cultura. Consejeros varios. Etcétera.

No quiero que acabe el mes sin mentaros –el tuteo es deliberado– a la madre. Y me refiero a la madre de todos cuantos habéis tenido en vuestras manos infames la enseñanza pública en los últimos veinte o treinta años. De cuantos hacéis posible que este autocomplaciente país de mierda sea un país de más mierda todavía. De vosotros, torpes irresponsables, que extirpasteis de las aulas el latín, el griego, la Historia, la Literatura, la Geografía, el análisis inteligente, la capacidad de leer y por tanto de comprender el mundo, ciencias incluidas. De quienes, por incompetencia y desvergüenza, sois culpables de que España figure entre los países más incultos de Europa, nuestros jóvenes carezcan de comprensión lectora, los colegios privados se distancien cada vez más de los públicos en calidad de enseñanza, y los alumnos estén por debajo de la media en todas las materias evaluadas. Pero lo peor no es eso. Lo que me hace hervir la sangre es vuestra arrogante impunidad, vuestra ausencia de autocrítica y vuestra cateta contumacia. Aquí, como de costumbre, nadie asume la culpa de nada.

Hace menos de un mes, al publicarse los desoladores datos del informe Pisa 2006, a los meapilas del Pepé les faltó tiempo para echar la culpa de todo a la Logse de Maravall y Solana –que, es cierto, deberían ser ahorcados tras un juicio de Nuremberg cultural–, pasando por alto que durante dos legislaturas, o sea, ocho años de posterior gobierno, el amigo Ansar y sus secuaces se estuvieron tocando literalmente la flor en materia de Educación, destrozando la enseñanza pública en beneficio de la privada y permitiendo, a cambio de pasteleo electoral, que cada cacique de pueblo hiciera su negocio en diecisiete sistemas educativos distintos, ajenos unos a otros, con efectos devastadores en el País Vasco y Cataluña.

Y en cuanto al Pesoe que ahora nos conduce a la Arcadia feliz, ahí están las reacciones oficiales, con una consejera de Educación de la Junta de Andalucía, por ejemplo, que tras veinte años de gobierno ininterrumpido en su feudo, donde la cultura roza el subdesarrollo, tiene la desfachatez de cargarle el muerto al «retraso histórico».O una ministra de Educación, la señora Cabrera, capaz de afirmar impávida que los datos están fuera de contexto, que los alumnos españoles funcionan de maravilla, que «el sistema educativo español no sólo lo hace bien, sino que lo hace muy bien» y que éste no ha fracasado porque «es capaz de responder a los retos que tiene la sociedad», entre ellos el de que «los jóvenes tienen su propio lenguaje: el chat y el sms». Con dos cojones.
Pero lo mejor ha sido lo tuyo, presidente –recuérdame que te lo comente la próxima vez que vayas a hacerte una foto a la Real Academia Española–. Deslumbrante, lo juro, eso de que «lo que más determina la educación de cada generación es la educación de sus padres», aunque tampoco estuvo mal lo de «hemos tenido muchas generaciones en España con un bajo rendimiento educativo, fruto del país que tenemos». Dicho de otro modo, lumbrera: que después de dos mil años de Hispania grecorromana, de Quintiliano a Miguel Delibes pasando por Cervantes, Quevedo, Galdós, Clarín o Machado, la gente buena, la culta, la preparada, la que por fin va a sacar a España del hoyo, vendrá en los próximos años, al fin, gracias a futuros padres felizmente formados por tus ministros y ministras, tus Loes, tus educaciones para la ciudadanía, tu género y génera, tus pedagogos cantamañanas, tu falta de autoridad en las aulas, tu igualitarismo escolar en la mediocridad y falta de incentivo al esfuerzo, tus universitarios apáticos y tus alumnos de cuatro suspensos y tira p'alante.Pues la culpa de que ahora la cosa ande chunga, la causa de tanto disparate, descoordinación, confusión y agrafía, no la tenéis los políticos culturalmente planos. Niet. La tiene el bajo rendimiento educativo de Ortega y Gasset, Unamuno, Cajal, Menéndez Pidal, Manuel Seco, Julián Marías o Gregorio Salvador, o el de la gente que estudió bajo el franquismo: Juan Marsé, Muñoz Molina, Carmen Iglesias, José Manuel Sánchez Ron, Ignacio Bosque, Margarita Salas, Luis Mateo Díez, Álvaro Pombo, Francisco Rico y algunos otros analfabetos, padres o no, entre los que generacionalmente me incluyo.

Qué miedo me dais algunos, rediós. En serio.Cuánto más peligro tiene un imbécil que un malvado.
Arturo Pérez-Reverte

viernes, 2 de noviembre de 2007

Esclavos libres

Por Iván Sánchez Moreno

Somos un conjunto de datos vaciados en una red de redes, y a la par que productores in/voluntarios de información, también ávidos reproductores de señales a través de cualquiera de los actos que realizamos (y que no realizamos) a lo largo del día. En definitiva, no somos tan libres como creíamos ni actuamos en consonancia según nuestra propia conciencia pura.
Ese es el objetivo a combatir por el colectivo Knowbotic Research, un compendio de artistas y profes del Instituto de Ingeniería de Sistemas, el Instituto Federal Suizo de Tecnologías y el Departamento de Medios y Artes del Antonomous System Lab. Denuncian los círculos de influencia y soberanía que legitiman sistemas de control a los que el sujeto civil no tiene acceso. La lógica interna de estos sistemas de represión silenciosa no siempre responden a un orden establecido, sino que en buena medida dependen de un ente global e imprevisible llamado cultura. El problema –según señalan los integrantes del Knowbotic Research– es el espacio público. O, mejor dicho, la indefinición del término.
Con su proyecto Naked Bandit / Here; No Here / White Sovereign pretenden hacer reflexionar sobre la constante transformación de las condiciones abstractas que confieren poder a las políticas sociales y que tienen su proyección inmediata en la vida pública. Su interés parte del ambiguo sentimiento de libertad que provoca el uso masivo de las tecnologías de información virtual –móviles, internet, TV por satélite, GPS, etc–: por un lado, el individuo se siente dueño y señor de un espacio invisible y, por el otro, se establece una reconstrucción sin límites de las lógicas del espacio y del poder públicos.
El experimento artístico de Knowbotic Research es un ejemplo cojonudo de este dilema entre quién controla qué. Imaginen un zeppelín de helio previamente programado que flota en una amplia sala. El engendro en cuestión se va guiando ciegamente a través de los patrones de orientación y navegación que le han sido definidos a priori. Sin embargo, para complicar el asunto, se ha dispuesto libremente un buen puñado de globos aeroestáticos por toda la sala, de tal modo que, al chocar contra alguno de ellos, el zeppelín corrige su marcha en base a una reintroducción del nuevo obstáculo en la lógica de su trayecto. También los movimientos del visitante pueden interferir en el curso de esta máquina de vuelo autónomo, que entenderá su presencia física como una amenaza y/o un blanco contra el que chocar. A fin de cuentas, será sólo “un daño colateral”, un objetivo no deseado que se interpuso en un camino dado.
Cualquier gesto al azar captado por ese zeppelín loco –caminar hacia él, huir en sentido opuesto, quedarse quieto y rascarse el culo– podrá ser interpretado “a su manera” por el soberano del sitio. Reaccionar (o no reaccionar) dependerá exclusivamente de la posición desde la que se dirija el zeppelín. La libertad del sujeto, pues, estará enmarcada en los límites difusos que permita el control de ese espacio público... sean cuales sean. Hablamos de arte, pero podríamos estar hablando de “El extranjero” de Camus o de la velada realidad que hay en la calle. Aterrador, ¿verdad?

miércoles, 4 de abril de 2007

Caixa o faixa de la cultura i llengua catalanes



Per Andreu González Castro

El preu de ser catalans, de Patrícia Gabancho. Meteora, Barcelona, 2007, 244 p., 18 €

Aquest títol que s’ha enfilat al número 1 en vendes de no-ficció en català es postula també amb força com a supervendes per a la diada de Sant Jordi que està a punt de caure’ns novament a sobre. El subtítol apocalíptic ja dóna una pista de per on va el contingut: “Una cultura mil·lenària [la catalana] en vies d’extinció”. És cert que el catastrofisme ho prestigia tot i que l’autora confessa que ha escrit un pamflet, és a dir, un escrit que “ataca violentament algú o alguna cosa”, segons el DIEC –en aquest cas, els còmplices en la desaparició progressiva d’una llengua i de la cultura que vertebra. Una lectura menys tranquil·litzadora de les dades que inclou el llibre, però, ens porta a pensar que d’exageració fantasiosa n’hi ha més aviat poca.

Sens dubte, la part més brillant del llibre són els tres primers capítols dels sis que el constitueixen (1. Identitats; 2. Cultures; 3. Anècdotes; 4. Mercats; 5. Pre-històries; 6. Polítiques). La primera exposa com la Catalunya cohesionada socialment no ho és pel que fa a la llengua, atès que la societat bilingüe és la catalanoparlant en tant que la castellanoparlant sol ser monolingüe i cotitza a l’alça. La segona part prova de deixar clar que Catalunya és bicultural i que cal destriar la cultura catalana de l’espanyola regional, és a dir, la cultura espanyola feta a Catalunya amb referents espanyols, amb diferent “genoma cultural”, que no és cultura catalana. La tercera part, sucosa però més intranscendent, glossa experiències personals i successos de la cultura (com el pregó d’Elvira Lindo o la polèmica entre Juan Marsé i M. de la Pau Janer arran que es concedís el premi Planeta a la mallorquina). La quarta relaciona l’esllanguiment del català amb el fet que, en el context de globalització, el consum cultural ha substituït la cultura i que el català, com a llengua minoritària i minoritzada, encara és llengua de cultura, però que no té mercat i que a penes pot, doncs, competir amb la cultura de masses per defecte, que és el castellà. La cinquena part l’ocupa una autocita de dos fragments, que ocupen 5 planes, d’un estudi inèdit sobre polítiques culturals des de la mort de Franco fins al trencament del Pacte Cultural (1985). La sisena i última repassa les gestions culturals de la Generalitat i l’Ajuntament de Barcelona (maximalistes, errònies o inexistents) des de la restauració de la democràcia i proposa vies per vigoritzar-les.

El to que s’imposa des dels primers capítols és combatiu, com correspon a algú que comprèn que els temps són crítics i que en una generació i mitja el català podria quedar ferit de mort (per sota d’una transmissió del 40% de la llengua dels pares als fills no hi haurà futur per al català, i avui dia el percentatge frega el 50%). Dintre de les amenaces que Patrícia Gabancho esmenta, hi ha el fet que sovint s’estigmatitza el català com a llengua identitària i pròpia de nacionalistes, tot amagant l’existència d’un nacionalisme d’Estat (també dit banal), invisible però de provada eficàcia quan es tracta de reduir a folklore les llengües perifèriques. Gabancho dóna la volta a l’argumentació tot endossant l’etiqueta “identitari” al monolingüisme repatani de les perifèries metropolitanes i les elits que defensen que “parlar castellà fa fi”.

A estones sembla que Patrícia Gabancho abaixi els braços i deixi anar una mena de “ja us ho fareu” (p. 215-216), com ara quan aborda cadascuna de les oportunitats que el català ha tingut per vertebrar una cultura de país i els actors històrics no se n’han acabat sortint, o bé quan parla de la conversió de Barcelona en una ciutat cosmopolita al preu de descatalanitzar-la, cosa que equival a “negar-li la identitat, a trencar-li els paràmetres estètics, a internacionalitzar-la en la seva textura a la manera com són internacionals les duty-free dels aeroports” (p. 228).

Perquè no sigui dit que tot és pessimisme, l’autora proposa els eixos bàsics d’una política cultural desacomplexada per a Catalunya: gestió del patrimoni cultural, projecció de la cultura pròpia, suport a la creació cultural i a la cultura de base, foment de l’alta cultura, sosteniment de la indústria cultural, potenciació de la llengua catalana, aixecament del llistó educatiu i reconstrucció del prestigi.

A El preu de ser catalans potser li podríem retreure que és un xic repetitiu, cosa que, altrament, ja convé per subratllar les idees principals del llibre. També cal ressaltar la inconsistència a l’hora de parlar de sí mateixa: Gabancho, de nacionalitat argentina, com recorda diverses vegades, aporta una visió de la realitat catalana d’algú que hi està molt integrat, però això no és coherent amb els recurrents “els catalans podem” o frases per l’estil, tret que acceptem que els catalans naixem allà on ens vingui de gust. Així mateix, sembla que hi ha certa contradicció interna en retreure al català un excessiu elitisme mentre que a la pàgina 237 se suggereix que TV3 deixi d’intentar convèncer certs joves que pugin al carro del català i que dediqui els vespres al seu públic natural, és a dir, la classe mitjana “professional, culta”.


Tot comptat, El preu de ser catalans no ha passat desapercebut ni ho mereix. Per la força d’argumentació de la piconadora dialàctica que és Gabancho. Pel coneixement de què fa gala l’autora del procés històric de formació i decandiment d’una llengua i la cultura que s’hi associa. Però, sobretot, perquè sense la militància a favor de la cultura i llengua pròpies que aquest llibre propugna, estem cridats a ser dels últims que parlem aquest “pus bell catalanesc del món”.