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lunes, 20 de septiembre de 2010

Newton 2.0


A los adoquines de la gran urbe
veintitantos años atrás



Por Ester Astudillo


Este pinchazo en los muslos

¿habré caminado en exceso?
Un domingo de intramuros
en invierno
como otro domingo cualquiera:
el canódromo a un lateral
con los toros a pocas cuadras
y los viejos verdes de siempre
aireando entre apuestas la calva al sol;
los neones y el Paralelo
reparan su vela a mano izquierda.

Probé agua con azúcar
como la abuela decía.
Pero caducó su química:
quedó obsoleto el lactato.

Probé unas abdominales -
cretina creencia monjil
que compensar todo lo arregla.
Probé a dormir boca abajo.
Probé con los ojos vueltos.
Atravesada en la cama
y con las piernas pendiendo.
Y el cabezal hacia el norte.

No hay cura más que los días
-se escuda el fisio.

El firme irregular
del Eixample
tuvo la culpa, estoy segura.

"Y debo alegrarme en primer lugar
-me informo- de que exista g":
"sin ella" –sigo leyendo-
"sería basura cósmica,
un vacío entre dos cuerpos,
polvo en la cincha abisal
o esclava de una enana roja."

Ni por un momento dudo
de lo cierto del argumento.

Aun así, por si hay quien lee estas líneas,
no comprendo el uso en el libro
de la palabra "alegrarse".

lunes, 11 de enero de 2010

Cité sous la pluie


Por Ester Astudillo


Enero cae inútil como caspa
en los hombros flojos de los coches
que olvidaron el paraguas.
Su cara más amable, el tópico:
la cuesta, la interanual,
un rostro interino de etíope
pegado a la orla, junio del ’90.

Me distrae el baile de cifras que trae siempre enero,
me aleja de lo esencial.

Se encoge la lluvia al caer
y acoraza a bocajarro y con sordina
la vida pequeña
en el perfil izquierdo de enero:

mugre en la escalera,
sioux enlatados,
sueños de pecera,
Métʁo cabizbajo,
tripas en la acera,
luna de entresuelo,
playa sin marea,
güisqui en los zapatos,
chismes de portera,
la vie sans la Piaf,
flores de cuneta,
ausencia en rotonda,
barby en la bañera,
thai con bombona al hombro,
restos de nevera,
gato con verrugas,
frío de paleta,
putas de permiso,
urbe gris sin Sena,
buque en el asfalto,
marchantes de feria,
cajero quemado,
chapa la estanquera,
rimbauds de estraperlo,
tripis de receta,
ojo violáceo,
chillan las sirenas,
banco acordonado,
roce de bragueta,
yonqui comatoso,
debout de opereta,
affaires de top manta,
michelin da estrellas,
cóctel de suicida,
el du soleil llena,
farmacia de guardia,
robo de cartera,
discordia bilingüe,
puentes de probeta,
lluvia cenicienta,
taxi a la carrera,
renfe a menos cinco,
besos de trastienda,
sin techo keniatas,
fútbol de bandera,
lujo en el liceo,
atraco en sagrera,
boutades de estreno,
torre con antenas,
doble en el espejo.

SVP, una en platea.

sábado, 10 de octubre de 2009

INVITACIÓN A LA PRESENTACIÓN DE EBRO 1938 EN BARCELONA




El próximo viernes 16 de octubre de 2009 se presenta EBRO 1938.



Lugar: Librería Bertrand (Rambla de Cataluña, 37)

Hora: 19.30

Presentador: Luis Vea García



¡¡¡Estáis tod@s invitad@s!!!




http://www.nowtilus.com/pags.php?d=c5a3f47d5501473b4a0927354a11a756O1O1170


Aquí os dejo entrevista publicada en Letras (Fuengirola)/ nº15 /año 09/ octubre/ http://www.alvaeno.com/letras.htm Página 8


Entrevista a Rubén García cebollero, autor de Ebro 1938 Por Salvador Moreno Valencia
Hace unos años paseando por la orilla del Ebro a su paso por Zaragoza, me llamó la atención un hombre sentado con los pies hacia el río en uno de los puentes que atraviesan el curso del mismo. Era un puente moderno, de esos que parecen mantis religiosas dispuestas a devorar a sus machos tras la cópula. Me acerqué y en tono irónico le dije que no se tirara, que si tenía intención de suicidarse lo hiciera en otro lugar, o al menos esperase a que yo no estuviera presente. El tipo sonrío y me miró con suspicacia, y dijo que no pretendía acabar con su vida, pero que sí quería escribir sobre La Batalla del Ebro que a lo peor, dijo, es incluso más grave que el suicidio, escribirla, aclaró. En unos instantes estuvo de pie delante de mí. Un hombre alto, fuerte, con facciones bien armonizadas,ojos oscuros, tez morena… Podría ser este encabezamiento real, pero no lo es, sí lo es, sin embargo, el hombre que en él se describe, Rubén García Cebollero, un escritor natural de Vilanova i la Geltrú, y que tiene en su haber algunas menciones y premios tanto de novela como de poesía. Y para saber algo más sobre él, sobre el hombre, sobre el escritor, sobre su obra voy a hacerle unas preguntas. No se llamen a engaño, esta entrevista es vía e‐mail, aunque podíamos haberla realizado, por ejemplo en el Castillo de Miravet a cuyos pies tomó Robert Capa la foto de los soldados cruzando el Ebro.
Salvador Moreno Valencia: ¡Hola Rubén! Tu novela Ebro 1938 se presentará en octubre, pero llevas todo el verano con la promoción, ¿el tema de la guerra civil ha sido un buen filón para los escritores en estos últimos años?
Rubén García Cebollero: En plena guerra civil ya se escribieron grandes obras, como Valor y miedo, de Arturo Barea, o los cuentos de Rodoreda, o las crónicas de Hemingway, y desde entonces si se ha tratado la guerra civil es por muchos motivos,pero en mi caso no pensaba en filones ni en promocionar nada, sino en contar la historia de una batalla que marcó muchas vidas, y en la que confluyeron muchas emociones, ideas y esperanzas.
SMV: ¿Un homenaje a aquellos hombres y mujeres que lucharon en ella?
RUGAC: Es un homenaje a quienes lucharon en ella, y a quienes la padecieron, fueran del bando que fueran, y esperaran lo que esperaran de la guerra. Necesitaba comprender el odio que rebosa la guerra civil y que, por desgracia, causó heridas de difícil cauterización.
SMV: Para escribir la novela has debido investigar mucho, ¿cuánto tiempo te llevó escribirla?
RUGAC: Empecé en 1998 y, tras varias versiones, la presenté al Premio Planeta en 2004, donde fue finalista. No acababa de estar satisfecho y la estuve revisando hasta el 2008. Como decía Borges, los textos a veces no se terminan, se abandonan. Esta novela es un texto sensible, que iba más allá del corazón o de los números, y que representaba mucho más que otras obras que he escrito. La investigación con bibliotecas, lecturas, librerías de viejo, entrevistas, películas, documentales, canciones y demás ha sido una parte de mi vida, y lo sigue siendo, que espero sirva para preservar algo de la memoria histórica en favor de la paz.
SMV: ¿Hay algún motivo especial que te haya llevado a escribir sobre La Batalla del Ebro, a parte del histórico?
RUGAC: Sí, lo explicaba en ebro1938.blogspot.com, y la idea nació en 1998, en el 60 aniversario del paso del Ebro, al recordar una historia del bisabuelo, que combatió allí, que mi padre me explicaba. Algo sencillo: no podían fumar por las noches, porque el punto de luz del cigarrillo, en las trincheras, servía al enemigo para apuntar, disparar y matar. Era una estúpida forma de morir, y una muestra del odio que lo cegó todo.
SMV: ¿Son héroes o mártires los protagonistas de Ebro 1938?
RUGAC: Ni una cosa ni la otra. Y ambas cosas a su modo. En toda guerra hay actos heroicos, y en toda guerra hay mártires. Los protagonistas son personas de papel, o personajes de carne y hueso, según se mire que interactúan en un plano histórico real, y en un tiempo concreto, pero proyectado hacia el futuro, hacia la paz, y hacia el respeto.
SMV: Cuando se escucha Ebro, se suele relacionar con Zaragoza, por desconocimiento, evidentemente, de las tierras por las que cursa el río, ¿cómo es el Ebro que tú conoces?
RUGAC: El Ebro que conozco incluye también Zaragoza. De hecho hay un recurso técnico que proviene de la obra “Zaragoza”, de Galdós, y que venía a ser el reflejo de lo que el río provoca en mí: el Ebro somos todos. Cada vez que cruzo el Ebro, sea por el puente que sea, o en barcaza, no es lo que conozco sino lo que siento lo que cuenta, lo que respeto, lo que impresiona. Me siento como el viejo en el puente del cuento de Hemingway.
SMV: En 2004 fuiste finalista del premio Planeta de novela con La batalla de la Tierra Alta, bajo el título de Frente del Ebro 1938, ¿por qué dejas pasar tanto tiempo para que la novela sea editada?
RUGAC: Editar para mí no es tan importante como escribir. No escribo para ganarme la vida, así que el tiempo es relativo en la carrera literaria. Empecé a guardar parte de lo que escribía a los catorce, y nunca me he puesto fechas, aunque sí previsiones. Ahora, por ejemplo, estoy acabando una trilogía sobre almogávares, y pronto se publicará la primera de las tres novelas. Con EBRO 1938, en su momento, otras editoriales pudieron publicarla, aunque no les interesó, y a mí no me interesaba cambiar la historia para hacerla más comercial. Siempre he preferido ser fiel al respeto que cada obra merece. Hoy en día, en la estela de las “operaciones triunfo” y demás parece que el tesón, la paciencia y el esfuerzo no cuenten, pero la naturaleza sabe que todo tiene su ritmo, su porqué y su momento.
SMV: Escribes desde los catorce años, ¿eres un intelectual precoz?
RUGAC: Más que precoz diría tenaz, y más que intelectual, inquieto, curioso e inconformista.
SMV: ¿Entenderías el mundo si no escribieras?
RUGAC: Escribimos para entenderlo pero el mundo si no escribiera, para mí no sería el mundo. Escribir es manera de mezclar el conocimiento y la comunicación para, al menos, intentar desvelar algún misterio, algún atisbo, alguna razón que nos permita ser mejores, vivir mejor, o hallar un mínimo consuelo ante la muerte.
SMV: ¿Actor en los ratos de ocio?
RUGAC: Sí, de cortos y de teatro (Katharsis Teatre) pero más por amistad que por vocación. Uno debe ser el primero en reconocer qué se le da bien, y qué no, y debí perderme algunas clases de ocio de Barrio Sésamo, así que supongo que debo ser uno de los peores actores, sino el peor, que conozco. Lo que pasa es que, rodeado de buenas actrices, como es el caso, cuesta mucho que se note.
SMV: ¿Con cuál personaje de Blade Runner te identificas?
RUGAC: Uff… menuda pregunta. Si hay que optar entre ser un replicante o un humano, prefiero ser el personaje de Deckard (Harrison Ford) aunque la frase que más me gusta es la de Roy, antes de morir.
SMV: ¿Harry el sucio?
RUGAC: Clint Eastwood es un excelente actor, con algunas películas no tan buenas, pero si tengo que escoger entre sus trabajos antes que Harry prefiero a Josey Wales (El fuera de la ley) en la guerra civil americana.
SMV: ¿Qué harías para acabar con las diferencias sociales?
RUCAG: Hacerme presidente del gobierno, pero no sé quién me convencería porque, por desgracia, sabría bien qué hacer y, por desgracia, quienes suelen acabar mandando no son nunca quienes deberían, sino quienes parecen los mejores entre los menos malos. He estudiado Derecho, Humanidades y aún he de acabar Publicidad y Relaciones Públicas, y seguir estudiando y escribiendo, si puedo, pero las diferencias sociales no pueden acabar por una única persona, sino porque un líder consiga aglutinar un cambio de mentalidad y que valores en teoría buenos, por ejemplo, los cristianos, los marxistas, los éticos se impongan a partir de la sociedad y no al revés.
SMV: Volvamos a Ebro 1938, ¿qué esperas del lector ante una novela histórica como esta?
RUCAG: Espero que el lector busque algo diferente, que quiera leer una sucesión de historias dentro de la historia, que quiera saber, vivir o desvelar algo en lo más profundo de su ser que lo lleve a entender mejor lo incomprensibles que son las guerras, que siempre estamos en manos de una minoría a la que nada interesa la mayoría, y que sólo se vive el tiempo que se ama.
SMV: ¿Eres un apasionado de la literatura histórica?
RUCAG: Soy un apasionado de la literatura, en todos sus géneros. Desde la poesía, para la que nunca suelen correr los buenos tiempos, pero que es la cuna de nuestra civilización occidental, hasta la microficción, el relato y la novela. Como es natural, me apasiona la literatura histórica que, según en manos de quien, puede ser más o menos histórica, y más o menos literaria, y por eso estoy redactando unos apuntes de novela histórica con la opinión de otros/as escritores/as, a los que debo agradecer su generosa colaboración, la experiencia y la buena acogida.
SMV: Rubén te doy las gracias en mi nombre y en el de Letras (Fuengirola), por tu amabilidad al prestarte a responder estas preguntas, te deseo lo mejor con tu libro Ebro 1938, que espero leer con pasión. Una última pregunta, ¿eres de los que nunca se rinden?
RUCAG: Sin duda: soy de los que nunca se rinden. De los que saben que todos morimos, pero que la forma en que lo hacemos nunca dice lo mismo. Y que recuerda a Baroja (si quieres hacer algo en la vida no creas en la palabra imposible), a Cela (el que resiste gana), a Rodoreda (la vida está en los detalles), y a tantos otros para seguir alentando obras literarias que piensen más en el/la lector/a que en las cifras, las fotos y las ventas. Gracias por vuestro interés, y ojalá disfrutéis tanto la lectura de EBRO 1938 como disfruté yo creándola, recreándola y sintiéndola.

sábado, 23 de mayo de 2009

S.O.S. BARCELONA




Al profesor Manuel Lozano


Apreciado Manuel,
quizá hubiera sido mejor escribir un poema a utilizar la claridad de la prosa, pero como dice Joan Margarit: un poeta da miedo por la verdad que busca y por la soledad que trae.
La Barcelona de los telediarios no es un barcelona de verdad, sino una barcelona de mentiras. Quizá cargada de demasiadas soledades.
Pueden invertirse fortunas en anuncios, o en fichajes de glorias pasajeras (como las futbolísticas) pero en la barcelona del día a día demasiadas personas amanecen al raso, o en cajeros automáticos, o bajo el sufrimiento que no alivia ninguna poesía.
Tal vez parezca surrealista que escriba estas líneas, minutos antes que uno de los corazones de la ciudad, el Barça, vaya a festejar el título de liga, esté a cuatro días de la final de Roma, y parezca que no seguimos siendo un país de pelotas y pandereta. De la política mejor pasar.
Y en cuanto a la literatura Octubre alumbrará la novela que narra la batalla del Ebro, y también Barcelona, en 1938. Curiosamente, publicada desde Madrid.
Decía el recomendable poeta vasco Kirmen Uribe que le gusta Caravaggio, le gusta sobre todo cómo cuida los detalles. Tal vez por eso éste sea uno, éste sea un S.O.S. Barcelona, un S.O.S. Mundo para que más allá de la poesía alcanzemos nuestra propia manera de enfrentarnos a la realidad, la soledad, la verdad.
Que la vida iba en serio... ya lo decía Biedma... uno lo empieza a descubrir más tarde... en la sombra de las torres de la sagrada familia, en la sombra de las calles de barcelona, en la ausencia de los maestros que cubren la intemperie.
No olvides, Manuel, las palabras de Dante (es el amor quien mueve el sol y las estrellas). Quizá por eso ahora parece Barcelona una ciudad inmóvil, fantástica, perdida entre la realidad y el deseo, el anuncio y la calle, el discurso y los hechos. Algo de tigritud no vendría mal.

Saludos;)

sábado, 7 de junio de 2008

AYER RECITÉ EN EL ATENEU



Por Rubén García Cebollero

Hay lugares de Barcelona tan hermosos como la Euridice de la imagen. Ayer yo era más bien el "monstruo" alado que salía de las tinieblas, las catacumbas, el silencio. Dar un recital es algo así como impúdico para mi forma de ser. Y fue bien, francamente bien.

Hace 18 años que no he podido dejar de escribir poemas. Con más o menos arte, más o menos suerte, y más o menos premios. Lo importante, como decía ayer, es que he seguido escribiendo. Ayer recité en el Ateneu algunos poemas viejos (para mí, claro), algunos inéditos, algunos publicados, durante más de dos horas. Quizá alguien pensó que lo torturaba con tanto verso, pero cuando se llega a la "atrocidad" de más de 50 poemarios, entre catalán y castellano, se llega a tener cuerda para quemar la voz en una intensa progresión.

Ojala algún verso mío lograra describir la belleza de Eurídice, o alcanzara la maestría, el talento o la tenacidad que sólo el tiempo concede. Ayer, por motivos prosaicos, antes del recital visité el Archivo de la Corona de Aragón. Encontrar la letra y la lengua de siglos anteriores, es algo así como encontrar la huella de una belleza indescifrable.

De camino al Ateneu tuve el feliz encuentro de un ex compañero de trabajo, quien ha hecho algo mejor que un libro, que son dos niños maravillosos. La descendencia tiene tanto de insomnio como la literatura, pero el caso es que un día después de empezar el curso (microrrelato y poesía), exponer la propia era pura incertidumbre.

Como dije en Madrid, una semana atrás, uno se acostumbra con más facilidad a las críticas que a los halagos. Está más predispuesto a desagradar que a agradar, porque el corazón del agradecimiento palpita con tal fuerza que estremece los latidos del mundo. Y sí, soy un hombre estremecido, un poeta estremecido, un "monstruo" estremecido.

Bueno, lo de monstruo alguna mujer ya me lo dijo (antes de casarme) en referencia a que no soy "guapo", pero como decía Campoamor nada es verdad ni es mentira, todo es según el color del cristal con que se mira. Afortunadamente.

Por eso me siento afortunado: ayer recité en el Ateneu. Algunos versos quizá buenos, algunos versos quizá malos. Incluso, algunos quizá bellos. No es fácil resumir lo que dialogamos público, poesía y "monstruo". De verdad que no es fácil: dio para mucho. Así que volveré al silencio (y dejaré a Paula sin videopoema otra semana más) dejando aquí el poema que da título al libro "Máscaras de Florencia":

Casi era medianoche cuando en el Puente Viejo
compramos aquel par de acartonadas
máscaras de Florencia.

Los años han pasado como las aguas fangosas del Arno.
Mantuve apenas el rumor de posesión empolvada
hasta perder mi máscara en el último traslado.

No sé si su papel era de trágica comedia
o tan sólo de cómica tragedia.
No tuvo otra función que la decorativa.

Este recuerdo como una burbuja en las estrellas
me hace temer que a todos nos suceda
lo mismo que a las máscaras.

Y que sólo seamos
una decoración fuera de moda.


Si alquien quiere el poemario que lo pida... que deje un e-mail y la poesía volará;)

¿¿Vas a leerme o temes convertirte en un/a mostruo??

miércoles, 18 de julio de 2007

Un fantasma recorre Madrid. Cuento que da mucho miedo. Parte I

Por el profesor Ells van de Koel

El año que el Barça ganó la séptima, Alfredo Echezarreta estaba trabajando. El día D, medio país trabajaba para el otro medio que estaba paralizado ante los televisores. Y, pese a que Alfredo fingía estar absorto en la masa de una pizza, acogió con inicial regocijo el estruendo de cohetes que venía de la calle, un estruendo que no podía ser otra cosa que la celebración de una debacle barcelonista. Esta vez sí, intuía que aquellos habían caído con todo el equipo. Algo en su interior le decía que por fin esos prepotentes se habían dado el gran batacazo.

- ¿Qué? Seguro que ha marcado el Bayern –interpeló en un tono fingidamente neutro a un compañero que estaba enganchado a unos auriculares.

- Pues no. El partido ha acabado, chaval. ¡Ya tenemos la séptima!

El abatimiento de Alfredo fue total y su úlcera de duodeno se reivindicó con nuevo ardor. La imaginación de Alfredo se atormentó pensando en las riadas de madrileños que iban a tomar de un modo inminente la Cibeles, antaño símbolo del madridismo rampante y ahora lugar escogido para la exaltación de su triunfo por las exacerbadas huestes barcelonistas, cuyo número aumentaba exponencialmente. ¿Cómo era posible que el eterno rival hubiera usurpado incluso el patrimonio simbólico que le correspondía por derecho al noble y bético adalid, al caballero del honor? Alfredo tenía sus propias teorías.

- Nunca debimos desprendernos de aquellos mercenarios de lujo –espetó con un deje de melancolía a su compañero, que ni le oía ni le escuchaba, absorto como estaba en la retransmisión radiofónica.

Alfredo Echezarreta sabía muy bien de lo que hablaba. Era desde su blanca infancia una enciclopedia del madridismo. Papá lo llevaba a Chamartín los domingos de partido para que contemplase a los galácticos de los días gloriosos. ¡Qué clarividencia la de Zidane! ¡Menudos cañonazos los de Roberto Carlos! ¡Qué picardía la de Raúl! ¡Qué reflejos gatunos los de Casillas! ¡Qué modo de pasearse por Europa! Fueron tres copazos europeos en cinco años, los mejores de su vida. Y después la resaca. En la cúspide de su fama, en la cima de su celebridad, aquel equipo se había desmoronado como un castillo de naipes. Alguien había decidido que había que quitar de en medio a tanto figurón y comenzaron a desmantelar en los astilleros de los despachos aquella máquina de hacer fútbol. Beckham había ido a parar a Los Angeles Galaxy, Figo al Inter de Milán, Zidane había colgado las botas, Ronaldo militaba en el Milan y Roberto Carlos en el Fenerbahce. El tercio de la legión extranjera había huido en desbandada.

- Nosotros no necesitamos de ayudas arbitrales –le soltó con cajas destempladas al de los auriculares, que ultimaba una cuatro estaciones–. Seguro que os han pitado un penalti a favor, como siempre.

Porque Alfredo estaba convencido de que los árbitros decantaban invariablemente la balanza hacia el poderoso, hacia el equipo del gobierno. Si ya se lo había dicho su padre. Las palabras lapidarias de su progenitor la noche del 14-M de 2004 aún resonaban en sus oídos con la contundencia de un vaticinio fatal. Lo recuerda abatido en el sofá, aquella noche infausta, ante la caja tonta. En sus ojos parecía apuntar la humedad furtiva de una lágrima cuando se incorporó y se dirigió a la cama. Dejó caer:

- Ahora que ZP y sus secuaces nos han robado España, esto no tiene remedio, chico. Más vale que nos empecemos a acostumbrar a ver cómo pierde el Madrid.

Como si hubiera hablado a toro pasado, oye. Porque al mes escaso, en la capital, se consumó la derrota en el derbi contra el Barça, derrota que, a la postre, conduciría a los azulgranas a la consecución de la segunda plaza liguera, el ansiado pasaporte para la Champions. Aún recuerda a ZP en el palco, como director de orquesta de aquella hecatombe capitalina. Aquel partido épico había quedado en todas las hemerotecas merengues señalado como el día de la infamia: el Robo del Siglo. Los dos goles barcelonistas en fuera de juego, el balón que Valdés sacó de dentro, la expulsión de Figo, que ni tocó a Puyol... Había que estar cegado por el fanatismo para no admitir que les habían birlado el partido ante sus propias narices. No había que ser muy perspicaz para llegar a la conclusión de que aquello no era sino fruto del favoritismo arbitral y gubernativo.

Ese partido fue un punto de inflexión, pero en junio de 2004 todo fue a peor. Florentino Pérez, al fin y al cabo alma máter de algunos éxitos madridistas de no poca repercusión mundial y artífice del boyante estado de las arcas del Mejor Club del Siglo XX, se había visto inopinadamente desplazado de la reelección por un recién llegado a la arena del fútbol: Antón Houdini. Houdini iba de tapadillo en la Junta Directiva de Floro y era aquel tipo extravagante que se chapuzó en uno de los canales de Ámsterdam el año que el Madrid ganó la séptima, la primera en color, como muchos malaleches del Barça habían apuntado entonces. A Houidini le apodaban “El Sepulturero”, por su semblante adusto y su delgadez extrema. Cuando Houdini llegaba a un sitio cualquiera, las conversaciones devenían murmullos y al poco se apagaban como una vela ante una corriente de aire. Sus maneras broncas a la hora de hablar le hacían ser temido: era un experto en crispar los debates. En las confrontaciones dialécticas vencía siempre, aunque no convencía a nadie. Lo relevante es que en el año 2004, primero de la Era Barcelonista, se alzó con la presidencia de la Casa Blanca nadie sabe con qué buenas o malas artes.

- Pero, ¿Houdini no era el nombre de un mago? A ver qué animalitos se saca este de la chistera –señaló algún agorero. Nadie le hizo caso. Florentino era cosa del pasado, había que llevarlo cuanto antes a la fosa del olvido. Había que pasar página después de la temporada blanca en blanco. El Gran Houdini sería el Salvador, el Restaurador, el Profeta de la religión madridista. ¡Ave!

Alfredo tuvo que hacer un alto en sus pensamientos para atender un nuevo pedido que le habían dejado en el alféizar del ventanuco de la cocina. Cogió el papel grasiento que había dejado la chica que despachaba a los clientes, aquella a la que tan bien le sentaba la gorra de Pizza Mola, y leyó:

- ¡Visca el Barça! Dos pizzas tropicales. ¡Olé, Barça, olé! Una mexicana. ¡La séptima! ¡Y en RVD!

Algo se le revolvió en el estómago. Le parecía como si el receptáculo se hubiera rasgado y todos los jugos gástricos se le desparramasen hasta el último átomo de su cuerpo a través de la sangre. Pensó que necesitaba urgentemente un Almax. Pero para empezar, aquella chica de la gorra acababa de pasar a engrosar la lista negra. Ya le extrañaba que hubiera tardado tanto la alusión al RVD. Claro, era cierto: la última que ganó el Madrid era hace ya más de un lustro, en los tiempos casi prehistóricos del DVD, aquel sistema ahora caduco que no permitía ni grabar en digital. ¡Quedaban a años luz aquellos días esplendorosos de los galácticos!

- ¡Oye, tú! –vociferó hacia el mostrador desde la cocina–. ¡Estoy hasta las narices del cachondeo! ¿Te ha quedado claro? ¿Te ha quedado claro?

El silencio se adueñó del local y todos los compañeros le clavaron una mirada recriminatoria. En esos rostros atónitos vio reflejada la magnitud de su estupidez. Por suerte, enseguida se dio cuenta de que se estaba comportando como un energúmeno e intentó dominarse. La chica de la gorra lo contemplaba con una mezcla de miedo y repulsión.

- Perdona. No te quería decir eso. Se me ha ido la cabeza. Perdona –intentó excusarse Alfredo.

[La semana que viene, el final de esta historia escalofriante.]

miércoles, 7 de marzo de 2007

Pasear, todavía

Por Andrés González Castro

Este verano pasado, procedentes de Las Vegas, hicimos noche mis tres acompañantes femeninas y yo en un pueblo merecedor –por el nombre– de haber aparecido en El gran dictador de Chaplin: Fredonia (condado de Coconino, en Arizona, Estados Unidos). El motel se beneficiaba de su situación en medio de la nada para acoger a viajeros con destino a la principal atracción del estado, el archiconocido Gran Cañón del Colorado. El caso es que después de una noche en que intentamos conciliar el sueño echándonos unas partiditas de póquer para estrenar las chips compradas en la ciudad del juego, partidas que no hicieron otra cosa que desvelarnos, después de que Jeremy el instalador de tejados y su amigo borracho intentaran ligar con mis acompañantes infructuosamente, amaneció, que no era poco, y fuimos a tomar el desayuno de campaña en la recepción del motel.

Es habitual que en Estados Unidos la gente entable conversación con otros a quienes no conoce de nada, sobre todo si a uno le ven pinta de extranjero. En general, la gente es más amable por aquellos pagos que por estos –si bien lo cortés de las formas no quita lo caliente de las riñas con pistolas–. Un tipo que estaba recorriendo el país desde Pórtland, ataviado con un gorro playero muy adecuado al desierto, me pregunta solícito que de dónde éramos. “De Barcelona. España. Europa”, intento situar con tres palabras, por si la primera no es suficiente (omito el Cataluña para abreviar el rosario, porque presupongo que desconoce el topónimo y porque en el extranjero y en vacaciones no me apetece hacer pedagogía). El señor, a quien acompañan tres angelitos rubios, una mujer y un perro, y que lleva enganchado al coche enorme un remolque aún más enorme, como es bastante habitual por las carreteras norteamericanas, quiere adquirir más conocimientos sobre Europa, así que inquiere: “Debe haber un paseo muy bonito en Barcelona”. Aquí se acabó la conversación. No es que yo no entendiera la palabra promenade, sino que me quedé tan desconcertado por el comentario que no supe qué decir. Casi como si me hubiera preguntado si en Barcelona hay árboles o a qué huelen las nubes.

Y es que el concepto de paseo, si bien cada vez el nuestro converge más con el suyo, es harto diferente a una orilla y a otra del Atlántico. Allí se pasea por las zonas de compras, frecuentemente centros comerciales; aquí, en cambio, todavía las ciudades y los pueblos tienen zonas de paseo, plazas y otros espacios públicos de encuentro. Por eso es impensable que uno recomiende a un turista entre las diez principales atracciones de Barcelona el Maremágnum, porque una zona de compras no es zona de paseo. Contrariamente a lo que se hace aquí, días antes nos habían recomendado en San Francisco que fuéramos al Pier 39. El sitio en cuestión es una especie de Maremágnum, pero con el añadido, reconozco que pintoresco, de unos leones marinos de enormes proporciones. Claro que no va uno a pasear por Yerba Buena Gardens para cruzarse con decenas de mendigos o siquiera por Union Square (una especie de Plaza de Catalunya) para que un tipo con fideos en la barba le pida una moneda y le estropee la sensación de qué bello es vivir que embarga a todo turista que se precie.

En contraste con esta imagen decepcionada de San Francisco, este pasado domingo 4 de marzo, casi primaveral, Barcelona lucía como nunca. Se celebraba una maratón al par que una carrera de 10 kilómetros con final en Montjuïc. El MNAC estaba abarrotado de tardones como yo que no querían perderse la exposición del Metropolitan, en jornada de puertas abiertas, para contribuir a las aglomeraciones que nos son tan caras. Daba gusto, de espaldas al ocio de consumo, consumir el domingo ocioso en las plazas, los parques, los paseos. Este domingo democrático, casi glorioso, de primavera anticipada.