domingo, 10 de mayo de 2009

PASE DENTRO, POR FAVOR.

Por Rufino Pérez


En la casa donde mi hermana y yo habíamos vivido, nunca se cerraba la puerta durante el día. Sólo al llegar la noche y cuando la familia se iba a dormir, el abuelo bajaba a la entrada, cerraba la puerta y echaba la cadena.

A veces, durante el día, pasaba una vecina por la calle y entraba llamando a voces a nuestra madre. Si era de confianza, podía presentarse en la cocina y quedarse un rato charrando. Nosotros estábamos ya en la mesa pero la vecina era de ésas que nunca tienen prisa, al contrario de lo que nos pasaba a nosotros, que teníamos hambre y prisa por comer.

En verano, yo me traía renacuajos metidos en un bote y los soltaba en la pila del fregadero para jugar con ellos. A mi hermana le gustaban también, aunque después de jugar con ellos, me obligaba a meterlos otra vez en el bote y llevarlos a la fuente. Yo hacía como que me los llevaba, pero la fuente estaba muy lejos y a veces me quedaba a medio camino a jugar con los amigos, y los renacuajos nunca llegaban a su destino.

Mi hermana tenía un cuaderno donde dibujaba renacuajos en todas sus fases. Lo de las fases lo sé porque después lo estudié en los libros. Me gustaban más los dibujos que hacía mi hermana, aunque los del libro eran en color.

Ahora vivo en una casa con mi propia fuente, pero no tiene renacuajos. Mi padre, ya anciano, vive conmigo. Él se encarga de abrir la puerta cuando llaman. Le gusta abrir la puerta e invita a la gente a que pase dentro para vendernos enciclopedias, o para convencernos de que existe la vida eterna, para pedir un poco de sal o para saludarnos simplemente. Pero le gusta que pasen dentro.

Puerta cerrada y alarma interior. Hemos cambiado el pueblo por la ciudad, sin nostalgia, sabiendo que allí quedaron los tebeos manoseados, casi rotos de tanto leerlos. Sin nostalgia, todo con una leve sonrisa que te transporta.

4 comentarios:

Ester Astudillo dijo...

Claro, cómo, cómo van a vivir renacuajos en una ciudad, por mucha fuente que haya? Sería incongruente y asincrónico. Los renacuajos son para los niños, como las bicicletas para el verano, y luego en la edad adulta le toca el turno a los príncipes-princesas, que más que azules suelen salir rana, ja!

Y las puertas cerradas a cal y canto, como toca, para poder decidir qué parte de la loca urbanidad dejamos colarse en nuestro pobre refugio doméstico.

Beso:)

paula dijo...

Me ha gustado la metamorfosis del renacuajo y del papa sapo .Genial la metáfora de las puertas que ,aunque cerradas por fuera,se abren con una sonrisa en el interior y seguro que hay buen pan de pueblo pa quitar nostalgias je,je.Creo que eso se llama aceptación.
un abrazo.paula

Carla dijo...

Sensible, genuí, de càlida atmosfera... protagonistes plens de vida que emanen vida... gran com ets tu, Rufino, impregnat de senzillesa i profunditat. M'ha encantat.

Gogus dijo...

Desprens un no sé què de serenor... Senzillament preciós. A mi, però, sí que m'ha provocat nostàlgia. Gràcies.