sábado, 5 de septiembre de 2009

LÁSTIMA. ¿ME COBRARÁ LA SGAE?



Por Rubén García Cebollero


Lástima que el retorno nos deje el mal sabor de boca de un cáncer victorioso, el que nos dejó sin Isidor Consul, pues por desgracia en Cataluña no sobran personas de su talla, y aunque la vida sigue la memoria se llena de huequecitos.


Pese a todo, quienes me conocéis sabéis lo optimista que soy, siento felicidad porque EBRO 1938, la batalla de la tierra alta (ebro1938.blogspot.com) ya aparece en octubre, y porque "Señores de Cornago. Galípoli" también será editado.


Lástima que nos hablen del canon de la SGAE en las bibliotecas, que se supone que protege los derechos de autor. Creo que moralmente puedo manifestar mi desacuerdo por dos motivos: uno, el de ser autor y tener diversos títulos en bastantes bibliotecas del país; dos, el haber donado bastantes libros a algunas bibliotecas.


Ambas cosas, escribir y donar, no las he hecho para ganar dinero. También tengo derecho como autor a que puedan leerme, incluso quienes, en tiempos como éstos, ven mermadas sus rentas, y ven como se esfuman los puestos laborales, y como la incerteza devora el sistema financiero.


La SGAE es necesaria pero, tal vez, sería más necesario comprender que la cultura tampoco es gratuita, que los autores pagamos impuestos por material necesario para poder crear, cuando recibimos premios o que nadie nos paga muchas horas de "publicidad" o "gestión cultural" y, aunque mucha gente cree que nos hacemos multimillonarios, de los precios de venta de los libros recibimos menos del diez por ciento del precio final. Sí, pero a cambio existen editoriales, librerías, distribuidores, agentes, diseñadores, y demás que dan forma a la industria editorial.


Así que es una lástima que siendo por un lado cultura, y por otro negocio, el acceso a la cultura se quiera convertir en un peaje más, algo tradicional en Cataluña y que sufrimos desde hace décadas, que olvida que el artículo 44.1 de la Constitución dispone que los poderes públicos promoverán y tutelarán el acceso a la cultura, a la cual todo el mundo tiene derecho.


No sé si la carta la ha escrito o no Sampedro, pero la recibí por e-mail y aquí os dejo el texto:


POR LA LECTURA


Cuando yo era un muchacho, en la España de 1931, vivía en Aranjuez un Maestro Nacional llamado D. Justo G. Escudero Lezamit. A punto de jubilarse, acudía a la escuela incluso los sábados por la mañana aunque no tenía clases porque allí, en un despachito que le habían cedido, atendía su biblioteca circulante. Era suya porque la había creado él solo, con libros donados por amigos, instituciones y padres de alumnos.Sus 'clientes' éramos jóvenes y adultos, hombres y mujeres a quienes sólo cobraba cincuenta céntimos al mes por prestar a cada cual un libro a la semana. Allí descubrí a Dickens y a Baroja, leí a Salgari y a Karl May. Muchos años después hice una visita a un bibliotequita de un pueblo madrileño. No parecía haber sido muy frecuentada, pero se había hecho cargo recientemente una joven titulada quien había ideado crear un rincón exclusivo para los niños con un trozo de moqueta para sentarlos. Al principio las madres acogieron la idea con simpatía porque les servía de guardería. Tras recoger a sus hijos en el colegio los dejaban allí un rato mientras terminaban de hacer sus compras, pero cuando regresaban a por ellos, no era raro que los niños, intrigados por el final, pidieran quedarse un ratito más hasta terminar el cuento que estaban leyendo. Durante la espera, las madres curioseaban, cogían algún libro, lo hojeaban y a veces también ellas quedaban prendadas. Tiempo después me enteré de que la experiencia había dado sus frutos: algunas lectoras eran mujeres que nunca habían leído antes de que una simple moqueta en manos de una joven bibliotecaria les descubriera otros mundos. Y aún más años después descubrí otro prodigio en un gran hospital de Valencia. La biblioteca de atención al paciente, con la que mitigan las largas esperas y angustias tanto de familiares como de lospropios enfermos, fue creada por iniciativa y voluntarismo de una empleada. Con un carrito del supermercado cargado de libros donados, paseándose por las distintas plantas, con largas peregrinaciones y luchas con la administración intentando convencer a burócratas y médicos no siempre abiertos a otras consideraciones, de que el conocimiento y el placer que proporciona la lectura puede contribuir a la curación, al cabo de los años ha logrado dotar al hospital y sus usuarios de una biblioteca con un servicio de préstamos y unas actividades que le han valido, además del prestigio y admiración de cuantos hemos pasado por ahí, un premio del gremio de libreros en reconocimiento a su labor en favor del libro. Evoco ahora estos tres de entre los muchos ejemplos de tesón bibliotecario, al enterarme de que resurge la amenaza del préstamo de pago. Se pretende obligar a las bibliotecas a pagar 20 céntimos por cada libro prestado en concepto de canon para resarcir -eso dicen- a los autores del desgaste del préstamo. Me quedo confuso y no entiendo nada. En la vida corriente el que paga una suma es porque: a) obtiene algo a cambio. b) es objeto de una sanción. Y yo me pregunto: ¿qué obtiene una biblioteca pública, una vez pagada la adquisición del libro para prestarlo? ¿O es que debe ser multada porcumplir con su misión, que es precisamente ésa, la de prestar libros y fomentar la lectura? Por otro lado, ¿qué se les desgasta a los autores en la operación?.¿Acaso dejaron de cobrar por el libro?. ¿Se les leerá menos por ser lecturas prestadas?.¿Venderán menos o les servirá de publicidad el préstamo como cuando una fábrica regala muestras de sus productos? Pero, sobre todo: ¿Se quiere fomentar la lectura? ¿Europa prefiere autores más ricos pero menos leídos? No entiendo a esa Europa mercantil. Personalmente prefiero que me lean y soy yo quien se siente deudor con la labor bibliotecaria en la difusión de mi obra. Sépanlo quienes, sin preguntarme, pretenden defender mis intereses de autor cargándose a las bibliotecas. He firmado en contra de esa medidaen diferentes ocasiones y me uno nuevamente a la campaña.


¡NO AL PRÉSTAMO DE PAGO EN BIBLIOTECAS!


José Luis Sampedro

1 comentario:

Ester Astudillo dijo...

Qué tal la vuelta, Rubén?

A mí me llegó la carta hace muuucho, diría que años, ya no recuerdo si pedían firmas o qué. Pero en todo caso, me adhiero al manifiesto. Aunque temo que no hay nada a hacer. No me refiero al canon por préstamo, sino a la 'transformación' de la cultura en negocio. En cierta manera, siempre lo ha sido, y ahora que estamos donde estamos y como estamos, no vamos a ser menos: vamos a ser más. Más ricos -bueno, 'ellos', quienquiera que sean 'ellos', siempre es más fácil usar el pronombre que el sustantivo-, más ladrones, más sicarios, más crematísticos, más h. de p., más cabrones, ... una delicia el mundo en que hemos tenido la suerte de aterrizar, a pesar de lo que dirían nuestros abuelos o bisabuelos si tuvieran el 'gozo' de estar vivos. Amén.

Bueno, felicidades por tus éxitos editoriales. Nos vemos en el tren un día de éstos ;-)