domingo, 20 de diciembre de 2009

CLASE MEDIA

Por Rufino Pérez


Ha tenido que ir. Ya está sentado, esperando. Tal y como se lo había imaginado en la vigilia de los 7 últimos días, la semana más larga de su vida, llena de un humor falso, agrio el corazón, las caras extrañas de su mujer y los hijos.

Ha repetido dos veces su nombre a la empleada de gafas profundas y melancólica palabra que languidece en el corto espacio que hay hasta sus oídos.

Se desnuda. De alma. Le cuenta los mismos pesares que noche tras noche le han asesinado el orgullo. La piel de cordero no esconde al lobo, sino al cordero. Beee. Soy un corderito pidiendo ayuda.

Pero no hay un balido de sonrisa, una ubre manantial de la que chupar. Calle Conde Noroña, sí. Número 1, eso es. Por poco tiempo, pero todavía estoy muriendo allí. Tres meses, sí. No, no tengo otros ingresos. Dos, estudiando. Uno de ellos en la universidad. Trabaja y estudia pero no llega a todo. La otra, bachillerato, sí. Sin ingresos. Mi mujer sin trabajo, sí. Hace faenas, lo que puede, pero no hay nada ahora. Hipoteca, claro, esa cae todos los meses. Hay dos que ha fallado el pago ya.

Clase media. Todavía hay quien tiene menos. Clase media, ni arriba ni abajo. Apretada por todos los sitios. Con derecho a paro por meses contados. Con deudas mensuales. Con vecinos y amigos. Para él no existe el drama. Clase media. Hay tantos en peor situación. Ánimo. Ya veremos lo que se puede hacer. Ya le llamaremos.

Y vuelve al camino con pasos contados. Clase media. Bendita crisis. Bendito sistema que se alimenta de la clase media, medio activa, medio pensante, medio imbécil. Siempre a medias.


Me pregunto cómo será morir a medias.

(A mi amigo. Trascripción dolorosa de parte de nuestra conversación)


*** La foto corresponde a una campaña del portal alemán de oferta y demanda de empleo Jobintown.de. Es un momento de la recogida de firmas para mejorar las condiciones laborales en Alemania. Atención al lema de la entrada: “Hay mejores formas de hacer carrera“.

2 comentarios:

Ester Astudillo dijo...

Clase media, el máximo exponente de la media-nía, de lo medio-cre, de la opción por defecto (bueno, al menos hasta ahora y aquí), de nadar y guardar la ropa. Cada vez más y más tránsfugas a la franja inmediatamente inferior, estrechándose por su extremo de abajo.

Pero sí, como si la filiación a ella -una filiación que nunca hace uno mismo, sino que hacen los demás, y además siempre gratuitamente- diera la medida exacta de tus penas y tribulaciones, que por coherencia también son a priori media-nas(?).

Y no, no voy a caer en la tentación de decir que todas las ayudas van efectivamente para las clases inferiores, los que vinieron de fuera, los que por no sé qué inapelable criterio entran dentro de los 'grupos de riesgo/exclusión social/generacional/digital/sexual/religiosa...' Qué maravilla pertenecer a la clase media!!!

Sí, buena pregunta, cómo coño será morir a medias. Que encubre una incógnita mucho más candente: cómo debe ser no vivir también a medias?

Beso;-)

Mercè Mestre dijo...

Doncs morir-se a mitges suposo que deu ser quedar-se aquí de fantasma, professió very freqüent des del punt de vista estadístic. I pujant.

Per cert, els alemanys, com sempre, tan filosòfics i directes.
Boníssim!

Petons,

Mercè