lunes, 22 de febrero de 2010

Mi década ante-prodigiosa


Por Ester Astudillo

Para la semana temática
‘Mitos de mi época prodigiosa’


Justo en el ecuador de los ochenta cumplí la mayoría de edad. Y no es que tenga vena exhibicionista: sólo lo cito a modo de justificación de por qué no voy a hablar de la década prodigiosa, sino de la inmediatamente anterior.


En los setenta era radicalmente falso el eslogan de ‘a mí me daban dos’ (no fiaros de la publicidad ¡nunca!): los Petit suisse no se comercializaban ni siquiera en los Pyrénées del minúsculo y catalanohablante país vecino. Tampoco se habían inventado aún los Tampax (disculpad la digresión, pero entonces, fue por entonces), ni existían marcas hoy tan comunes como Evax o Ausonia: dichos adminículos higiénicos había que adquirirlos en la farmacia del barrio, y para tal menester no valían los viajes transfronterizos hacia el norte, que sí eran provechosos, en cambio, para ensanchar los límites de lo conocido por ejemplo sobre el universo ‘chocolate’: Toblerone y Crunch fueron mis únicos descubrimientos una vez traspasados los lindes de la aduana-con-Guardia-Civil –sumados, eso sí, al blanco elemento –el natural, no el sintético-, tan escaso y caro de ver en otras latitudes más sureñas.


La tele (¡aaahhh, la tele!), que era ya electrodoméstico común en el domos español medio –o cuanto menos afirmaría que lo era en el catalán-, se reducía a un universo en blanco-y-negro con dos únicas posiciones, a modo de conmutador: arriba UHF, abajo no-UHF; ambas sumidas en el olvido sin pena ni gloria. Ilustrar sobre los hitos más destacables de la panoplia televisiva de la época no es tarea fácil: Aplauso (made-in-spain), Los Ángeles de Charlie (made-in-usa), Heidi y Marco (made-in-japan) y el inolvidable, (in)merecidamente aclamado Un-dos-tres (made-in-spain-bis), día de emisión los viernes por la noche, que habría de lanzar al estrellato además de a Victoria Abril, Lidia Bosch y Chicho Ibáñez Serrador, a Mayra Gómez Kemp (¡¡¡) y a Kiko Ledgard (!!!), serían sin duda mis primeras opciones. Aunque no olvido tampoco -¿cómo podría hacerlo?- el modelo de familia finisecular –no sabría concretar, sin embargo, de fin de qué siglo; ¿tal vez mejor antediluviano?- difundido por la insuperable La casa de la pradera, día de emisión los domingos después del Telediario de mediodía, para gran regocijo comunitario. Y como exponente de la poesía visual de la época, claro está, desentierro... ¡los dos rombos!


Del universo estético y los cánones de belleza probablemente no valga la pena destacar nada –¡por no hablar de los cánones morales, tan archisabidos! Aquella fue una ambivalente década: tan rematadamente gris como brillante por todo cuanto prometía (la mayoría de lo cual habría de quedarse por el camino, pero eso es ya harina de otro costal). Sí destaco, sin embargo, la preocupación del españolito de a pie por el creciente activismo de ETA (en eso los media siempre han llevado la delantera) y, entre las noticias bombazo televisadas, invariablemente luctuosas, recuerdo la de la muerte del dictador (claro), y un poco más avanzada la década, la de los crímenes de Atocha, cuyo trigesimotercer aniversario se cumplió el pasado 24 de enero.


Quienes nacisteis después (o sea, después que yo y los de mi quinta) (quienes nacisteis antes tenéis, claro está, trecho de ventaja) debierais saber que en los setenta ¡no existían los libros de bolsillo en España! (técnicamente, se habían fundado ya Alianza, Anagrama y Tusquets, pero apenas podían asomar la nariz en el panorama cultural del momento), y por supuesto que no se publicaba (nada) en catalán (¡¡¡!!!). De hecho, nadie leía y a nadie le interesaba leer fuese en la lengua que fuere, ¡igualito que hoy!, de modo que la oferta y la demanda del mercado impreso estaban infinitamente más ajustadas entonces que ahora. Había, sí, una editorial llamada Bruguera (hoy Grupo B), que publicaba ediciones tipo cómic y adaptaciones –nunca originales ni versiones íntegras- de clásicos en otras lenguas (Verne sin ir más lejos, Verne y Verne, por citar algunos). Sus traducciones, sin embargo, eran de baja estofa, y se trataba de ediciones infantiles, donde el texto (lamentable) alternaba con la ilustración sobre papel beige malo (peor, ¡pésimo!). Y claro, existía Austral, con las (re)ediciones de los clásicos castizos y universales; pero eran ediciones ‘escolares’ o ‘eruditas’, o sea, sólo aptas para las lecturas ‘obligatorias’ (tipo ediciones Castalia o Cátedra hoy en día), es decir, que no cuentan como literatura de nueva hornada.


Los intelectuales de la época, que haberlos húbolos, no pocos ya hoy incluso difuntos, harían sin duda una descripción diferente de aquel paisaje ante-prodigioso. Pero en los setenta yo era sólo una niña y no vivía en Barcelona ni en ninguna urbe ni cercana ni asimilable. De modo que me doy por satisfecha con esa foto en sepia, de sabor claramente agridulce, como todo lo que atañe a la infancia, y disparada desde un ángulo, seguro, un tanto torcido.

12 comentarios:

Carso dijo...

nacido en el 73 reconozco que la radiografía en sepia que haces sobre el mundo editorial se me escapa, excepto Bruguera, claro, que con Verne & Verne (y los Hollister, aunque no recuerdo quién los publicaba!) me encarrilaron en el mundo de la lectura. en cambio sí que comparto la tele, mucho más asequible para un crío entre los 0 a los 7 añoñs: la Kemp, Kiko, Aplauso (recientemente vi un recopilatorio de actuaciones de Radio Futura en aquel programa, mamma mía!!!!), Heidi... y por supuesto los rombos que señalaban el momento de irse a la cama! de los crunch y compañía... en eso no hay discusión posible, yo soy de nocilla.

Ester Astudillo dijo...

Los Hollister, y los cinco, y los siete, y los Enyd Blyton tipo Torres de Malory y las gemelas, en una editorial que vete tú a saber dónde habrá parado y qué nombre tenía, si es que tenía nombre...

Sí, yo también me enganché a la lectura por ahí, con los libros de ese tipo (si es que no había otros!) que me cayeron por la, sí, lo confieso, la... comunión (ahhhhhhh!). Y luego ya cada cumple pedía libros. bueno, un año que cayeron unas zapatillas de ballet, angelito quien me las regalara!

Radio Futura era la de Santiago Auseron? Que por cierto era catalán, estudió filo en la UB, casi coincidió con la Renun, fíjate, la muy p!

Los dos rombos increíble, en casa no había lugar a discusiones, era el oráculo: 2 rombos significaba ineludiblemente cama, y te jodes Herodes. Recuerdo que justo el año en que cumplí los 18 emitieron como gran primicia en no sé qué cadena (Tv1, Tv2 o TV3, no había más aún) El imperio de los sentidos (ya eran los 80 y ya no había rombos), un viernes a altas horas de la madrugada. Mis padres ya estaban en el sobre pero me prohibieron que pusiera la tele por si se enganchaban mis hermanas menores. Bua, total, la puse igualmente porque sólo quedaba yo levantada y me aburrí de tal modo que ni la vi acabar! Tanta expectación con la peli de los webs... y luego bahhhh! Los dos rombos debían ser igual. No tuve ocasión de constatarlo, snif!

O sea que tú generación Nocilla, no? Suerte que no me dices Nutela!!!

Ps. a Verne & Verne habría que añadir tal vez Salgari, se me olvidó!

Mercè Mestre dijo...

"-¡Oh, mamá! Has de saber que nosotros somos los 'Cinco Pesquisidores y el Perro' -le interrumpió Pip-. ¿No te acuerdas ya de los muchos 'Misterios' que hemos desenmarañado? Tengo la impresión de que no tardaremos a enfrentarnos con otro que, por difícil que sea, acabaremos por aclarar."

Enid Blyton, "Misterio del Torreón del duende". Ed. Molino, BCN 1963

Qui podia no ser addicte a la lectura d'aquests llibres plens d'aventures, misteris, internats victorians, te i pastissos de gingebre?

Ara els trobem dolentíssims, però eren els Harry Potters d'aquella època d'espanyolades i espaguetti-westerns.

I recordo, poc després, encara enamoradíssima de Kung Fu, en plena efervescència hippy-orientalista, el descobriment de Siddharta i Hesse i Huxley i Artaud i...

Món feliç!

I d'aquí ja vam saltar directament als llibres de Seix Barral, Taurus, Anagrama... al teatre Capsa (Fulgor y muerte de Joaquín Murieta, Bertolt Brecht, recitals de poesia de León Felipe, Lorca, Machado, Miguel Hernández, Nicolás Guillén...) i a sortir de la llibreria Epsilon mirant a una banda i l'altra, amb un munt de Nerudes de la mítica editorial Losada -eeestee ¿saabes?- sota el braç quan aquí encara estava prohibidíssim el seu "Canto General".

- Món feliç?

I tot això va passar molts anys després d'aquella tarda remota en què vaig acompanyar el meu avi a comprar gel per a la nevera... (sembla que hagin passat més de cent anys, oi?).

Ja ho has vist, compa. Si la teva radiografia és sípia, la meva és daguerrotípica directament.

Ni Nocilla ni Nutela: pa amb xocolata.

Muaxxx (no són números romans, eh?)

Mercè Mestre dijo...

I a sobre, m'ha sortit el comentari en 23F (!!! cap baix,com el dit dels emperadors)

Ester Astudillo dijo...

Bueno, sí xati, t'has pasao!!! Això d'haver crescut a la city té el seu costat nostalgico-glamurós que li manca a haver nascut i crescut en una provinciana ciutat colgada d'oblit i polseguera -no de western, ni que fos d'spaghetti western, noooorrrr!!!, sinó perquè no coneixia aquesta innovació ultramoderna anomenada quitrà i el seu derivat l'asfalt. Jo jugava al carrer sota casa -quan les circumstàncies ho permetien- entre muntanyes i muntanyes de terra.

Pa amb xocolata, sí dona, i taaaant!. I pa amb oli i sucre tambééééééé -confesso que sempre em va semblar una horterada. O pa amb vi i sucre.

Vale, vale, no són números romans, que són minúscula!!! Què et pensaves, que no ho pillaria??? Jaja, qualsevol dia en sànscrit. Bueno, per no ser exagerades, en sumeri, jaja!!!

To'l mundo al suelo, coño!!!!!! Pum pum pum. He dicho, con bigote, tricornio y a lo loco

carlesrull dijo...

Nací en el 75, pero recuerdo aún los libros de Austral ilustrados, la colección de clásicos Salvat con esas tapas color diarrea y esa encuadernación desmontable. Y algunas novelitas pulp que circulaban por casa bajo autores de nombre inverosímiles como Lou Carrigan, Ellery Queen, Silver Kane o el inefable Mallorquí. Verne, Verne y Verne, también, pero no olvido los libros de Enyd Blyton, o los tres investigadores de Hitchcock, y los cinco y los siete. Y la Telefunken, claro.

Ester Astudillo dijo...

Jaja, sí, Telefunken Pal color!!!
Y el Cruyf & cia anunciando papeles para decoración, aún recuerdo la tonadilla pero no el nombre, eran 3 letras, sp3, o sfp, o algo así. Buffff!

Al suelo, coño!!! Esto es un asalto con todas las de la ley!!!

carlesrull dijo...

No compre sin Ton ni Son. ¿Y los anuncios de que menox, que monix?? San Torrebruno de La Cometa Blanca se apiade de todos nosotros.

Antonia Martos dijo...

Ostras Ester, me has hecho recordar el Toblerone. Cuando alguien de la familia iba a Andorra nunca se olvidaban de traernos esas tabletas de chocolate. Como ha cambiado todo. Del Toblerone he pasado al chocolate 95% de Lindt (qué por cierto José te lo recomiendo. Va bien para el estrés).
Yo tampoco vivía en Barcelona, pero si a 20km y recuerdo comprar libros de la editorial Bruguera en una pequeña libreria de Montmeló. Algunos títulos que aún conservo son: Relatos de Fedor Dostoyevski y como no Crimen y Castigo. También Gabriel Garcia Marquez "El otoño del Patriarca" y "Ojos de Perro Azul". Los talleres de la editorial estaban en Parets, a poco tiempo de Montmeló.
Qué recuerdos!!!
Un abrazo Ester y recuerdos de tu compañera del 71,
Antonia

José G Obrero dijo...

Bueno, bueno. Sumo a Austral, los libros regalados por Bancos y Cajas de Ahorros durante los 70. En mi casa los que más decoraban (y reconozco que alguno lo he visitado de mayor) eran estos (Salvador Dalí y Josep Plà, Picasso, etc) ¿Qué les pasaba a los bancos? Por supuesto los dos rombos (qué bueno, es cierto Ester, es poesía visual) y el dolor en el alma cuando el pobre matrimonio y residentes en Marmolejo se llevaban la Ruperta. Por cierto, Auseron creo que es maño, de Zaragoza, pero su carrera la hizo en la movida underground barcelonesa (que existió) junto con grupos tales como Los Burros o el inefable Loquillo y los Trogloditas.
Los toblerone, Antonia, que están de miedo, me recuerdan al ambigú de cualquiera de las muchas salas de cine que en los 70 existían en Santaco, y que proyectaban, en sesión continua, dos películas (toda la tarde en el cine).

Algo de 70 tenemos.

Un abrazo a tothom.

R.P.M. dijo...

Me ha hecho gracia Carso cuando dice que él es de Nocilla, porque yo soy del Pelargón. Ah, qué gran descubrimiento para las madres que ya no dependían de la teta. Bueno, Ester, que lo tuyo ha sido un repaso a todo tipo de impresiones de las que como "avanzado" comparto plenamente: el un dos tres -ostras la última edición ahora ya con este presentador zaragozano- me hizo ganar ochocientos euros por una llamada, los cinco, Andorra y los Pyrenées de chocolate y queso...en fin, qué tiempos aquellos y qué bien lo cuentas.

Ester Astudillo dijo...

Claro, hombre, yo también soy de Pelargón, con la consecuencia de dientes amarillos. Y claro, es verdad, el queso de Andorra!!! Yo que siempre he sido muy quesera, recuerdo como si fuera ayer la primera vez que me dieron a probar queso, de aquel amarillo de bola con corteza roja y redonda tipo sandía del color equivocado. Lo tomé indecisa en las manos, una raja de sandía también del color equivocado y en la otra mano un trozo de pan a palo seco, y le di un muerdo pensando que no me iba a gustar... pues me gustó, y me dije, tengo que aprender cómo se llama esto porque de ahora en adelante voy a querer más, así que tengo que poder llamarlo por su nombre para poder reclamarlo. Es es lo que deben pensar los bebés cuando sus madres les dan la teta, jaja! Bueno, digo yo, porque a mí no me la dieron, mala época para la teta los 60!

Bessooo;-)