jueves, 22 de abril de 2010

La princesa


Era su cumpleaños y no sabía cómo decirle que Blancanieves estaba tan borracha que no iría a la fiesta. Primero le dijo que quizá llegaría tarde y continuaba esperándola con la corona puesta. Aún no había probado nada, ni un refresco, ni un trozo de tarta, pero los invitados no paraban de comer, reír, saltar, gritar, no les importaba demasiado la no llegada de la princesa. Le prometió que la llevaría allí hace un año exactamente, era su princesa favorita. Pero estaba borracha, mucho, tirada en el suelo de su casa después de haber vomitado varias veces. El príncipe la había dejado unos días antes. Qué desastre. Así que pensó en otra excusa mejor para la niña, algo que pudiera entender; Cariño, lo siento pero Blancanieves no va a venir, se ha muerto.

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5 comentarios:

Ester Astudillo dijo...

Esperit pedagògic sí tenia, el pare/la mare! Verge santa! Los príncipes también mueren, claro, tan vàlid com la segona llei de la termodinàmica. La primera és los príncipes también lloran;-)

Mercè Mestre dijo...

Ara em quedarà per sempre el dubte de si el ratoncito Pérez i els reis mags estaven borratxos com una cuba quan no es van presentar a casa meva... o s'havien mort!!!!

Laerke dijo...

Bé, Raquel, aquí matant princeses, noieta, sí senyor!! T'admiro jajaaaaa!! Per part fa pobre la criatura que es queda sense princesa... i la mare... què bèstia també amb això de "que s'ha mort"... les persones grans son molt estranyes...

(Però no te'n pots desdir, tu vas néixer "cachonda copulativa". O princesa... qui sap què és el que ets en realitat.)

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R.P.M. dijo...

Muerta o borracha, ¿qué más da? El caso es que no estaba para fiestas. El prícipe, como personaje culto, se conoce la letra de Peret, esa que dice: "que no estaba muerto no, no, que no estaba muerto.." y se hace una idea, je je. Y si ve la foto, ya ni te cuento. Preciosa combinación de texto e imagen.

Raquel Casas dijo...

Las princesas són unas cursis de mucho cuidado; la única que se salva es la Bella Durmiente que pasó de lo que le prohibieron y luego se tiró 100 años durmiendo, ¡qué marmota!, qué envidia...