miércoles, 28 de abril de 2010

Messico e nuvole


Por José G. Obrero


Voy a esperarte en un banco de Washington Square. O mejor, te encontraré en el Village acodado en la barra de un café. Tomaremos un par de cervezas antes de recoger nuestras mochilas y saltar sobre el primer tren que pase por Jersey. El camino es largo, Sal, pero eso es lo mejor de todo. Charlaremos tumbados en la tierra infinita de América de cómo podríamos “cogerlo” (¿coger qué?) “eso” que nosotros sentimos en la yema de los dedos. Rumbo a Frisco sobre el techo de un camión señalando con la barbilla a los hombres derrotados por la guerra, manadas de zombies que deambulan por la cuneta indiferentes a los campos que levantaron. Cerca de Chicago, la sombra barbada de Walt Whitman nos aúlla un pequeño dolor en el vientre del colibrí: Charlie Parker empapa las mesas de be-bop. Dean nos espera en Frisco, Sal, cargado de benzedrina pero llegaremos tarde porque hacemos el amor a una mexicana que huele a mezcal. Cada uno en su agujero, caliente como un nido, como los neumáticos que Dean quema en los parkings. Hay que ir al sur, Sal, más al sur. A México, donde algo que perdimos para siempre sigue esperándonos. La gente loca por salvarse que encontremos puede desorientarnos, Sal. Ellos se salvan (¿se salvan?) pero nosotros morimos en Miami luciendo horribles camisas de flores que apestan a Saigón. Deja a mamá con su nevera nueva, Sal Paradise, y busquemos una casa a las afueras de Durango.

8 comentarios:

Carso dijo...

tienes un pincel en los dedos, josé, aaah kerouack, o cómo transcribir el beboop en palabras, el instante en novelas, el frenesí en literatura.

Mercè Mestre dijo...

Me ha gustado esa ruta que está a un 6 del infierno. Me ha recordado algunos sueños (y pesadillas) de mi adolescencia. Atrévete Susana...

Siempre hacia el Sur, José. Con sus luces y sus sombras.

Muchos aullidos.

Ester Astudillo dijo...

Never quit the road, my friend, no matter where you're headed for;-)

José G Obrero dijo...

Gracias Óscar, es muy fácil inspirarse con Kerouac, si tuviese que hacerlo sobre Sánchez Dragó otro gallo cantaría.

Pues sí Mercé, este libro es una bomba en la adolescencia. Yo lo leí un pelín más tarde, con 22 o 23 años y fue como un terremoto. Yo estaba en aquel tiempo viviendo algo que consideraba muy salvaje (Erasmus, vamos)y fue una confirmación, revelación, beatificación (jeje). Y la verdad es que me sigue gustando mucho, esto y todo lo que huele a Beat. Ahhh, nostalgia de tiempos y lugares no vividos, cómo escueces.

Un abrazo a los dos.

José G Obrero dijo...

Uauuuh, Ester, gran frase, ¿es del libro? Me ha recordado a los versos de Palabras para Julia que dicen "Nunca te entregues ni te apartes/ junto al camino, nunca digas/ no puedo más y aquí me quedo"

Un beso.

Ester Astudillo dijo...

Nooooo, es cosecha propia. Pero de eso se trata más o menos -aunque más bien más, no??? Aunque sea a base de LSD, psicotrópicos y otras drogas más blandas -o más duras;-)

paula dijo...

Coincido con Merce,eres Sur y tienes brújula de ver en la noche literaria...con todos sus puntos y puntas cardinales....eres quejio flamenquito y aullido rapero.
No conozco a Kerouac,pero me lo has hecho keruer conocer.
besazo compadrito y andale!!!

paula dijo...
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