sábado, 29 de mayo de 2010

VIDAL & IRASTORZA

Por Antonia Martos

A mis amigos Pilar y Víctor y especialmente a las uñas de Jorge

Atrás quedó la mano enorme y peluda que me tomó del interior de una cesta de mimbre repleta de objetos de relajación. Abandoné la tienda de artículos de regalo envuelta en papel celofán. Tras varias horas dando golpes en el interior de una maleta de piel negra, llegué a un despacho de abogados. Sé que era un bufete porque al salir de aquel maletín lo primero que vi fue un letrero suspendido en una puerta cuyas letras, de estilo gótico, indicaban el nombre de Vidal&Irastorza, especialistas en divorcios desde 1980. Fue aquella mano la que me dejó sobre una mesa de escritorio de color wengué, con cajonera de roble y patas metálicas, donde permanecí una semana interminable abrigada por el celofán en compañía de mi propietario, el señor Irastorza, prestigioso abogado matrimonial, que atendía, durante más de ocho horas diarias, a clientes cuyo objetivo era denunciar a sus exparejas, conseguir la custodia de los hijos, o bien obtener todo el dinero posible gracias a la ruptura. Siempre satisfacía a sus clientes, aunque le costase no tener vida personal. Él fue quien quitó el celofán de mi cuerpo blando, en forma de pelota de golf. Desde ese momento, experimenté como los clientes liberaban en mí el estrés acumulado. También el señor Irastorza se relajaba de la tensión diaria clavándome sus uñas con energía. Incluso, cuando estaba solo, me lanzaba, con fuerza, contra la pared. Aguanté mucha tensión durante demasiado tiempo. Mi interior empezaba a resentirse y mi temor, a dejar de ser útil, se acentuaba.

Paz, la secretaria, era la única que me achuchaba con delicadeza mientras hablaba por teléfono, pero al coordinar la agenda del señor Irastorza se exasperaba y me clavaba sus zarpas igual que una gata en celo.

Los días transcurrían, con dolor, con miedo al fracaso, hasta que tuvo lugar aquel accidente fatídico.

Desde el primer momento supe que Jenny quiso acabar conmigo. Sé que lo intentó en alguna ocasión, pero fue esa mañana, a las seis, cuando me sacudió de un lado a otro de la mesa y me salpicó con el spray limpiador. La escuché decir que yo era una mísera bola antiestrés vieja que afeaba el despacho del señor Irastorza y mientras una enorme boca me absorbía, ella se burlaba de mí, a la vez que agarraba, con fuerza, el flexo de su aspiradora.

3 comentarios:

Ester Astudillo dijo...

Jaja, per un moment, en llegir el títol, en veure 'Vidal' he pensat en el Nacho Vidal y su -dicen- incansable miembro. Però la foto no lligava, esclar, i ara veig per què; perquè anava errada.

Bueno, bueno. Jo la piloteta de marres la tinc ben a l'abast, a la feina, això sí, però no en faig un ús recte -si és que d'una bola -oxímoron- se'n pot fer un recte-: la utilitzo per llançar-se-la als companys, amb tooooot el carinyo de què sóc capaç, quan em toquen les pilotes més del compte. Però als advocats matrimonialistes -no és també un oxímoron que se'n digui així quan la seva dedicació és fer les ruptures matrimonials menys dràstiques, per dir algu?- segur que els vindrà ben bé una bola d'aquestes, sobretot si en fan un ús recte. No sé per què la tonta de la Paz va acabar amb tu, Antònia, realment que no ho entenc.

Boooon finde!!!!;)

Antonia Martos dijo...

Ja, ja, ja, que jo no sóc la bola antiestrés!!.
Ester, tens raó quan dius que uns advocats matrimonialistes es podrien considerar un oxímoron. També l'accident afortunat que va tenir la bola, al meu entendre, és un oxímoron. Per què va ser afortunat, Oi?
Antonia

Carso dijo...

intuyo que te han inspirado las uñas de jorge. me hace gracia pensar que la piel de papá y mamá pueden resultar como una pelotita antiestrés. a qué se supone que tienen que apretar los padres para desestresarse?
aaaah fantástico mundo el de los abogados, lástima que la jenny no se confundiese de bolas con su aspirador.