miércoles, 13 de octubre de 2010

Provisión

Por José G. Obrero

Dicen que mi nombre en hebreo significa “Dios proveerá”. Vago consuelo para un agnóstico con tendencias depresivas y esporádicas crisis de ansiedad. En una de estas me encontraba cuando, en un arrebato de energía decidí mover ficha y superar el último reparo: la tristeza sin límites que provocaría en mi madre esta acción. ¿No me hacía mi madre, al fin y al cabo, el mayor de los chantajes emocionales? Así que, con grandes dosis de perspicacia y temeridad, me volqué en el que sería mi último proyecto: localizar al tipo que pondría fin a mi vida. Y aunque fue una tarea tan larga y paciente que no vale la pena extenderse ahora en describir los detalles, la elegida, finalmente, sería una mujer. Elsa era idónea, tenía la mirada pétrea subrayada por unas profundas ojeras fruto del cansancio de vivir con un agujero económico que la tenían en la cuerda floja, y cuatro hijos que los Servicios Sociales, vigilaban desde hacía meses. Aceptaba correr el riesgo porque al fin y al cabo “todo estaba ya perdido”. La suma que le ofrecía en dos partes, (como aleccionan en las películas) le darían para comenzar una nueva vida o, al menos, para dársela a sus hijos. Le entregué la primera parte del dinero y una semiautomática con silenciador. El requisito indispensable: yo no debía ser consciente de que iba a dispararme. Debía hacerlo cuando yo estuviese distraído. Quién sabe: tomándome una copa en el bar de abajo, paseando un atardecer por la ribera, saliendo del supermercado con mi carrito de la compra. Le pasé un detallado informe sobre mis datos, dirección y hábitos para que tuviese opciones. Y nos despedimos, fríamente, solución y problema.

Durante la semana sentí su presencia cientos de veces. Temía obsesivamente que llegase el momento. Cuando me enteré de manera azarosa, que poco después a nuestra reunión se había volado la cabeza con la semiautomática, me inundaron unas terribles ganas de seguir con vida. Aún me quedan la mitad de mis ahorros.

5 comentarios:

Mercè Mestre dijo...

Això és pura teràpia de xoc!
Decidir pagar una autosicària, triar-la amb fredor professional d'expert en càstings, passar pel túnel de rentat de les mil i una morts possibles a cop de talonari, aconseguir que la bola caigui en l'única casella errònia possible i a sobre reconèixer que aquest fracàs absolut ha estat en realitat l'èxit de la teva vida, és la màxima carambola que es pot permetre un suïcida. I la mare tan fresca!

Bona jugada, José!

José G Obrero dijo...

Me rigut molt amb el teu comentari. No l'havia vist així però es cert, és optimista! Molt, molt optimista.

Un petonàs.

Carso dijo...

hombre optimista sí, para él, pero para la pobre mujer...
en todo caso, me ha encantado él gol en el tiempo de descuento.

abrazos otoñales y aupa pa'mañana!

José G Obrero dijo...

Gracias Óscar, dentro de mi pecho te llevo metío (como decía una copla). Ya te contaré con pelos y señales. Mañana nace el fotógrafo y eso, amigo, acojona lo suyo.

Un abrazo fortísimo.

R.P.M. dijo...

Yo me gastaría esa mitad en....intentarlo otra vez je je. No, sabes que no. En juergas con los amigos. Muy bueno, José.