sábado, 26 de febrero de 2011

Postales en movimiento: 4

Al final lo conseguí.
Mi jefe acabó por concederme el aumento de sueldo después de tantas peticiones desatendidas, de tanto tiempo escudándose en negativas y en injustificadas demoras.
Pero llegado a este punto, la verdad, dudé de su palabra, con mis manos cerrándose alrededor de su cuello y su boca exhalando su último y accidentado aliento.

9 comentarios:

Maurici Capdet Mateu dijo...

És biogràfic? Perquè és un microconte perillosament realista...

Ester Astudillo dijo...

Se va cerrando el círculo...

Jordi dijo...

Tot el que faig es biogràfic fins el punt variable en el què irromp la ficció.
En aquest cas és just abans de posar-li les mans al coll.

Anónimo dijo...

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Mercè Mestre dijo...

Sí, ja pensava que la primera part de la història era un bon argument de ficció. Després la cosa ja es normalitza més, és clar.

Carso dijo...

Mercè, puc presentar-te el meu jefe?
jo m'enccarrego de la part de la ficció i tu l'escanyes.

Jordi, en la línea de un cuento tuyo, no recuerdo el título, aquel de la empresa en horas bajas, de la grúa que se come al jefe y al protagonista.
oye, no serás delegado sindical, no?

Jordi dijo...

Hola Oscar
te refieres a "Chatarra". No soy ni he sido delegado sindical pero alucinarías con la cantidad de realidad que hay en ese cuento: las montañas de chatarra (saliendo por la A2 antes de Martorell a la izquierda), la propia trama, los despachos de la empresa, la recepcionista, el mismo gerente gordo, a quien en el último momento le puse un nombre ficticio y que desde que se publicó todavía me está buscando.

Carso dijo...

La realidad es una gran chatarrería y tú un gran reciclador, Jordi.

Mercè Mestre dijo...

Sí Òscar, tu em presentes el teu jefe i jo el "normalitzo".