
Hace unos días estuve de visita en casa de mi tía Teresa y me reencontré con mis añoradas lecturas de infancia. Cerca de un centenar de ejemplares de la revista Selecciones del Reader´s Digest, supervivientes de la subscripción a la que fue fiel mi abuelo entre 1956 y 1980.
El hecho es que al comentarselo a mi psicólogo este creyó haber encontrado el origen de mis problemas ¡en general!
Iré volcando algunos artículos para ver si consigo soltar un poco de lastre. Mi dispiace.
¿Por qué se casan los hombres? Por James Lincoln Collier (diciembre 1966)
"Se ha dicho siempre que, en el matrimonio, es el hombre el que renuncia a más cosas. Y creo que es verdad. Cuando una mujer se casa, el hogar, los hijos y el marido se convierten en lo más importante de su vida. Sin embargo, para el hombre, su carrera, su trabajo, su intelingencia, están antes que nada.
Una vez casada, la mujer comienza a vivir de verdad. Ha logrado, por fin, aquello que anhelaba desde que comprendió la diferencia entre un hombre y una mujer. Ese mismo momento llega a la existencia del hombre, pero no cuando contrae matrimonio, sino al dar esa primera clase, al tomar esa primera decisión en los negocios.
Por eso, lo que nos irrita, lo que en ocasiones nos vuelve hombres resentidos y nos hace añorar nuestros buenos ratos de soltero, es la manera en que el matrimonio incide en nuestra manera de ser. Nos crea una serie de obligaciones que a veces son un engorro. Nos puede obligar, por ejemplo, a modificar el horario de trabajo de una semana entera a fin de que podamos llevar a nuestra esposa a comer fuera y después al teatro, sin otra razón que la de que ella se divierta. A menudo nos vemos obligados a terminar con prisas cualquier reunión de negocios, rechazando el agradable aperitivo que pudiera haber al final, simplemente porque habíamos prometido estar en casa a la hora de cenar.
(...) Sin embargo, la sorprendente verdades que, a lo largo de la historia, la mayor parte de los hombres no sólo se han casado, sino que han permanecido casados.
Es obvio que los hombres deben obtener del matrimonio alguna cosa que les compense suficientemente de las restricciones que éste le impone. En realidad, ese algo debe de ser mucho. Y en verdad que lo obtienen.
Para hablar sin rodeos, lo que ante todo obtienen es la regulación de su vida sexual. El noventa por ciento de lo que se dice sobe la promiscuidad masculina es falso. La constante búsqueda de compañera impone al hombre soltero una tarea aburrida y pesada.Las jóvenes bien parecidas y complacientes abundan más en las novelas que en la vidad real. El célibe puede pasarse horas y horas, horas tristes a menudo, llamando a teléfonos sacados de su pequeña agenda negra para acordar citas de apariencia seductora que no llevan a ninguna parte. o bien, en el mejor de los casos, a insignificantes amoríos que terminan en lágrimas y amargura."













