Por Rufino PérezMujeres y hombres. El mundo dividido en dos. Aquel Hacedor no sabía bien por qué, pero aquello no iba a funcionar. Y fabricó un envoltorio que al juntar las dos solapas quedaría sellado con una perfecta unión. Y hasta le puso un lazo.
Así, el mundo estaría entonces completamente cerrado y guardaría dentro la vida. Cualquiera que lo mirara desde fuera, lo vería perfecto con su envoltorio y su lazo. Y dentro… bueno, pues lo que parecía que iba a ser una caldera a presión, un enfrentamiento, la guerra de los sexos..., ha resultado ser una delicada armonía. Y no por nada de todo ese machismo, o supremacía de uno de los dos géneros, no. Por algo más poético, como es que una de las dos partes ha sabido tejer en el envoltorio una pequeña ventana de seda para respirar.
Y ni siquiera el Hacedor conoce dónde está. Hay que ser mujer para saberlo.
Así, el mundo estaría entonces completamente cerrado y guardaría dentro la vida. Cualquiera que lo mirara desde fuera, lo vería perfecto con su envoltorio y su lazo. Y dentro… bueno, pues lo que parecía que iba a ser una caldera a presión, un enfrentamiento, la guerra de los sexos..., ha resultado ser una delicada armonía. Y no por nada de todo ese machismo, o supremacía de uno de los dos géneros, no. Por algo más poético, como es que una de las dos partes ha sabido tejer en el envoltorio una pequeña ventana de seda para respirar.
Y ni siquiera el Hacedor conoce dónde está. Hay que ser mujer para saberlo.














