domingo, 4 de febrero de 2007

Señoras y señoros

Por Rufino Pérez

He leído en un diario -de los que nunca leo, pero al que he llegado en una de esas búsqueda googleanas- que el Ayuntamiento de Córdoba financia una campaña a favor del uso de palabras como marida, miembra y lideresa. Se trata de una propuesta hecha por la Plataforma Andaluza de apoyo al Lobby Europeo de Mujeres junto al colectivo de «Jóvenas Feministas». Casi nada.

Esta Asociación postula que se hace un uso machista de las palabras y para luchar contra ello, va a repartir más de 3.000 postales con el lema «El lenguaje sexista. ¡¡¡Otra forma de violencia!!!».

Es verdad. Hay una cierta tendencia a configurar un lenguaje con tintes machistas. Pongamos por caso los consabidos zorro y zorra, ligón y ligona, buscón –famoso por el libro- y buscona, cojonudo y coñazo, en fin, ejemplos de la carga negativa que adquiere la palabra usada en femenino frente a la misma usada en masculino.

Y ha habido mucha literatura sobre este tema. Cierta ministra socialista de entonces entró al trapo en alguna ocasión y dio lugar a una suave polémica acerca de los términos señorita y señorito. La ministra defendía que señorita hacía referencia a la soltería de la mujer y la discriminaba en preguntas como ¿señora o señorita?, mientras que a los hombres no se preguntaba nunca ¿señor o señorito? Obvio, señora ministra. Es más, yo creo que hoy día ya ni siquiera se hacen esas preguntas, y sin embargo sí que se dice: “mira que guapa, es ya toda una señorita” en términos elogiosos para una joven que empieza a ser mujer y que se ha vestido de forma elegante. Seguramente éste será también un uso machista de la palabra señorita para el colectivo de la “Jóvenas feministas”. Y si yo no veo en la expresión un uso machista, es que, claro, soy uno de ellos; es decir: soy un machista.

Y no. Me niego a aceptarlo. No soy machista. Es más, reivindico el hecho fundamental de la existencia de la mujer como acontecimiento que da sentido a esta vida. Y lo digo de verdad. Y lo siento dentro. Y la mujer tiene un papel primordial en esta sociedad. Y hay muchas mujeres con un coraje y una fuerza de voluntad enormes, que envidiamos muchos de nosotros. Pero creo que la batalla por la no discriminación, por la igualdad y por un mundo no sexista se ha de librar en otros frentes.

El lenguaje es un ente vivo, que vive por el uso, pero que no acepta imposiciones, sino que se alimenta de lo cotidiano. Y que, como cualquier otro ser viviente, no alcanza nunca la perfección, sino que constantemente se renueva y vive sólo para cumplir con esa renovación. Hay que cuidarlo, hay que mimarlo, hay que saborear cada vez con más conciencia de ello, la satisfacción que proporcionan sus ambigüedades, sus connotaciones, sus innovaciones, sus sinonimias y antonimias; en definitiva, hay que disfrutar de él sin violentarlo. Una distribución exacta de –o/-a para todo lo que sea masculino o femenino, acabaría en automatismo. Habríamos perdido riqueza.

Critiquemos lo que no nos parezca bien, adoptemos nuestra propia identidad expresiva. Hablemos. Pero sigo diciendo que la intención buena o mala, machista o feminista, la ponemos nosotros. No está en las palabras.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Tu texta merece una aplausa. Felicidados. Estoy totalmente de acuerda con cada palabro que has escrita.
Ivána Sáncheza Morena

carlesrull dijo...

Señoras y señores, estoy completamente de acuerdo y de acuerda. El machismo y la machisma no están en el lenguaje y la lenguaja sino en los ojos y las ojas de los y las que miran. El lenguaje es fruto y fruta de una larga evolución (evolución es femenino)y es fiel reflejo de las realidades sociales en las que se ha desarrollado, nada más. Con el tiempo cambiará, tal vez, pero no, como tú bien dices, con imposiciones absurdas pagadas con nuestros impuestos (término infinitamente desagradable pero masculino).

Carla dijo...

Si bien es cierto que el lenguaje posee estructuras machistas dado el desarrollo de un tipo de sociedad patriarcal durante siglos y siglos, también es cierto que toda imposición es un acto de violencia. Querer imponer un lenguaje irreal es peor, porque indica resentimiento... yo estoy convencida que cuando cambien las estructuras psicológicas machistas, que por desgracia llevamos interiorizadas tanto hombre como mujeres, las estructuras del lenguaje necesariamente cambiarán, aunque sea en decenas de años... Sin embargo, en un nivel práctico, aquello que cuenta es la intención, como siempre.

Carla dijo...

Si bien es cierto que el lenguaje posee estructuras machistas dado el desarrollo de un tipo de sociedad patriarcal durante siglos y siglos, también es cierto que toda imposición es un acto de violencia. Querer imponer un lenguaje irreal es peor, porque indica resentimiento... yo estoy convencida que cuando cambien las estructuras psicológicas machistas, que por desgracia llevamos interiorizadas tanto hombre como mujeres, las estructuras del lenguaje necesariamente cambiarán, aunque sea en decenas de años... Sin embargo, en un nivel práctico, aquello que cuenta es la intención, como siempre.