martes, 6 de febrero de 2007

POSTALES DELIRANTES


Por Carlos Rull
Entre mis malas costumbres, que son muchas, se cuenta la de hojear de vez en cuando el periódico. El viernes pasado, en uno de esos folletines gratuitos que reparten en las estaciones, me sorprendí a mí mismo indignándome ante tres noticias que, leídas consecutivamente, eran un fiel reflejo del desvarío social en que vivimos.

Paseaba la vista por la sección de economía – esa que uno lee cuando ha leído todo lo demás e incluso ha hecho el autodefinido – cuando me encontré la primera de ellas: “300.000 catalanes cobran tan poco que no llegan ni a mileuristas”. Trescientos mil son muchos. Y menos de mil euros es muy poco. Sí, los jóvenes se van abriendo camino, menos mal. Mi incipiente enojo aumenta cuando, bajando un poquito la vista, me encuentro la siguiente: “España es el país más tacaño de la UE en ayudas familiares”, noticia que me hace sabedor de que para obtener la ayuda que un ciudadano alemán recibe por dos retoños un ciudadano español debería tener... ¡trece hijos (e hijas, no se nos vayan a enfadar las feministas del ayuntamiento de Córdoba)! Trece. Y los partidos políticos hablando de estatutos y de procesos de paz. En fin, ya sabéis lo que nos toca.

No habría pasado la cosa de un leve y habitual mosqueo – lo que ocurre siempre que hojeo el periódico - si en la página siguiente no me hubiera encontrado la tercera primicia. Desde lo más alto de los altares financieros, desde el cielo infinito de cifras y beneficios, se derramaba sobre todos nosotros la luz divina del gran sabedor que descendía a la tierra y se hacía hombre para absolvernos de nuestra iniquidad y perdonar nuestros pecados: alegraos y regocijaos ante el milagro, pues el Banco Santander ha ganado este año 7 600 millones de euros. Gloria, gloria, ¡aleluya!. 7 600 000 000 de euros. 1 266 160 000 000 de pesetas. Mucho más que setenta veces siete. Mucho más que mil euros. Estos señores no necesitan ayudas familiares pero nos permiten compartir su alegría comunicándonos la buena nueva de sus ganancias: son los nuevo señores feudales. Eso sí: y hubo gran regocijo.

Tenía previsto que mi artículo de hoy finalizara aquí con una breve e irónica conclusión, pero hace menos de un hora me ha ocurrido algo que no puedo evitar compartir con vosotros, como el Santander comparte su regocijo, que no su beneficio. Estaba en la biblioteca cogiendo en préstamo un par de DVD – me ha dado por Bergman – mientras oía a mi espalda, donde se hallan esos ordenadores llenos de juegos que permiten a la administración afirmar que ha aumentado la asistencia a las bibliotecas públicas, una discusión materno-filial que consistía más o menos en una repetición de “Venga, cariño, nos vamos, ¿eh?” seguido de un categórico “¡No quiero!”. Una de las amables bibliotecarias estaba pasando mis DVD por el aparato desmagnetizador cuando la madre, joven, alta, elegante, teñidísima, se acerca al mostrador diciendo en voz bien alta “voy a preguntarle a la señora si puedes continuar, ¿eh?”. A estas alturas, toda la sala está atenta a la jugada, claro, pero ella insiste con su tono elevado, “no puedes seguir jugando, ¿eh, cariño? Ahora esta señora te lo dirá, ¿eh?”. Llega al mostrador y se dirige a la otra bibliotecaria, y con gesto atribulado y susurro suplicante le dice “por favor, dígale que no puede seguir jugando, dígaselo usted, ¿eh?”. No ha añadido “que a usted sí le hará caso, ¿eh?”. Las dos bibliotecarias y yo nos hemos mirado entre atónitos y socarrones en un breve silencio, hasta que la aludida ha musitado dignamente a la pobre progenitora “no se preocupe que se lo apago desde aquí”. La compungida madre se ha girado aliviada y ha vuelto a hablar bien alto, “¿Ves? La señora dice que no puedes seguir jugando, ¿eh?”. Y asunto resuelto.

No he podido evitar preguntarme si esta madre diestra y eficaz, modelo de comprensión y autoridad, cobrará esas exiguas ayudas familiares a las que sólo puede acceder el once por ciento de las familias españolas. Tal vez es una ejecutiva o una accionista del banco Santander y no las necesita. También me he preguntado si tendrá previsto llegar a los trece hijos – o a los siete o a los diez, como nuestras abuelas - y, en ese caso, cómo pretenderá educarlos. Tal vez según la moda: que los eduquen los profesores y, a partir de ahora, las bibliotecarias; o tal vez como al Ciudadano Kane: que los eduque el banco y quizás así se salven del mileurismo. Además de incitarme a formular preguntas como ésas, esta escena ha venido a confirmar alguna de mis hipótesis sobre por qué la educación va cómo va.

No sé qué ocurrirá con esos trescientos mil submileuristas catalanes (y los millones del resto del estado), ni con la familia española que no recibe ayudas, ni con los millones de euros del sagrado Santander, ni con el mimado vástago de esta señora, pero creo, supongo, sospecho que con tan delirantes desequilibrios y con tanta generación de mocosos malcriados y caprichosos (y mocosas malcriadas y caprichosas, ¿eh, señoras del Ayuntamiento de Cordoba?, que hay que estar a las verdes y a las maduras) podemos apagar las luces tantos cinco minutos como nos dé la gana y celebrar todos los Días Mundiales de lo que queramos que el futuro se seguirá vislumbrando de un solo color, y no es el rosa.

Y sin embargo, mañana será un buen día.

17 comentarios:

R.P.M. dijo...

Te he cazado nada más publicarlo y quiero corroborar que mañana será un buen día en el que nadaremos con la ropa puesta entre los vástagos de señoras educadas que piden por favor que le apaguen el ordenador a su hijo, o sencillamente que nos dicen: "haga usted algo,porque a usted como profesor todavía le tiene respeto". Hasta que lo pierda, señora, hasta que también lo pierda. Saludos.

Carla dijo...

Home: si ti fixes, l'estatut no només parla d'un problema d'identitat, cosa que era més que necessària, sino que parla de la distribució econòmica, de l'educació i dels ajuts socials a Catalunya... Ho sé perquè m'he molestat a llegir-lo. Crec que sí cal parlar d'estatuts perquè l'estructura política quedi tan clara que es pugui reclamar de seguida més polítiques socials i beneficioses per la gent. Crec que és tendenciós separar la negociació de l'estatud del problema social.

Anónimo dijo...

Ja se sap allò que el pessimista no és qui ho veu tot negre, sinó aquell que pensa que encara tot es pot cardar una mica més. Carles, els professors n'estem tips, de veure dimissions diàries de la família. La veritat és que mentre el sistema educatiu sigui el que és (llegiu el Panfleto antipedagógico) no hi gaire res a fotre.

carlesrull dijo...

Carla, mi artículo no pretendía atacar el Estatut sino a los políticos que han preferido dedicar su tiempo - pagado con nuestros impuestos - a negociar vaya usted a saber qué, en lugar de a hacer lo que toca. Pero ya que entramos al trapo, yo también me tomé la molestia de leer el Estatut, y Molestia con mayúscula, porque es un tostón. En el ámbito de educación y política social no pasa de ser una ley de normativa institucional básica y por lo tanto no vas más allá de algunas generalidad bienintenciondas pero, como siempre, huecas.
Lo de los estatutos es un trapicheo económico para que los políticos locales se aseguren sus cortijillos personales, eso sí, bien disfrazado de debate identitario y social. Las casas se empiezan por los cimientos, no por los tejados: ¡reforma de la constitución YA!

Marc Vintró dijo...

A veure... Una cosa és si l'estatut català, o qualsevol altre constitució, pugui servir o no per a solucionar els problemes socials, educatius i econòmics; l'altre,i això em sembla que és el que s'extreu de les paraules que han provocat el comentari de la Carla, és considerar que el debat sobre l'estatut és un debat aliè a aquests problemes, com si només fos una qüestió identitatària en abstracte. L'estatut, amb més o menys encert, també aborda aquestes qüestions, i si el tema de la identitat es tan important, ho és perquè una cosa i les altres no es troben tan separades, tot el contrari. I perdona si desconfio d'una possible reforma de la constitució espanyola: no m'imagino com aquesta podria obrir la possibilitat, per exemple, de l'autodeterminació catalana o basca. Quelcom que, lluny de ser una reivindicació identitària en abstracte, implica tota una manera de fer i de ser que també inclou mesures sobre aquells problemes concrets dels que parlàvem.

carlesrull dijo...

Para cerrar el debate identitarioa antes de que se abra: en mi artículo la referencia al puñetero estatuto es un ejemplo mínimo - que ocupa menos de media línea - de lo que, a mi parecer, es una exagerada distancia entre los intereses del pueblo y las voluntades de los políticos, nada más. Mi artículo habla, por un lado, de educación, o de ausencia de ella, y, por otro, de políticas sociales erróneas que ignoran los verdaderos problemas de la gente de la calle mientras los ricos se hacen cada día más ricos antes la impasibilidad de una clase política que anda perdida entre operaciones estatutarias y operaciones inmobiliarias. Quien quiera llevar ese nimio y pequeño ejemplo de mi texto un debate abstruso y absurdo como el de la identidad que lo haga, pero por favor, no conmigo, que bastante problemas tengo con mi propia identidad personal para ponerme a debatir la de los pueblos, si es que tal cosa existe. En mi humilde opinión, las leyes y la política están ahí responder a las mutables necesidades de las sociedades, para atender y solucionar colectivamente los problemas auténticos y reales a los que se enfrenta un grupo social, todo lo demás es aire. Para empezar a hablar en serio de políticas sociales habría que retirar de los diccionarios, entre otras muchas, las palabras "nación", "país",
"patria" y "superávit". E insisto, en serio, ningún estatut, del que apenas hablaba en mi artículo, va a solucionar los problemas de los que sí quería hablar: sólo serán los mismos perros con distintos collares.
Sense rencor, ¿eh, parelleta? Una abraçada, i que no passem mai de petites diferències polítiques.

Marc Vintró dijo...

No voldria ser impertinent, jejeje, però des del meu punt de vista la qüestió de la identitat no es ni "abstrusa", ni "absurda", ni "aire". De fet, la considero un problema molt real, dels que més, i no perquè jo, o els catalans en general, no sapiguem qui som, de fet, ho sabem de sobres. El problema de la identitat no és aquest: és el problema del reconeixement internacional (el català no es parla a Brusel·les, i això no és banal); és el problema de poder autogestionarse els propis assumptes socials i econòmics (coneixem una noia que no pot tenir el seu nen conloguenc, ja recorregut com a fill seu per la Generalitat i el govern del Congo, perquè el Ministeri d'Exteriors de Madrid no reconeix encara les competències de l'estatut); i també és el problema de gaudir d'una evolució cultural normal (i tu, com a filòleg, coneixes la importància que té el reconeixement i la salut d'una llengua per a que es desenvolupi plenament aquesta i la personalitat dels seus parlants. De fet, si no recordo malament es teva la frase que diu: "cada lenguaje es una forma de acceder al mundo y de crear nuestra realidad"). Així doncs,tots aquests problemes, entre altres, a mi em semblen problemes molt reals. I parlant de realitat, no acabo d'entendre perquè dius que no existeix quelcom com la nació o el país. Si la nació no existeix pel seu carácter abstracte o difús, no sé perquè hauria d'existir quelcom com l'Estat o la Constitució, quelcom encara més confús i abstracte i que, per postres, ni tan sols puc sentir com a propis.
Bé, fins aquí la polèmica. Sé que aquest no era el tema de l'article del Carles, però com a mínim canviem de tema i no es queixem sempre del mateix: de l'educació. Jejejejeje.

R.P.M. dijo...

Perdoneu-me pel meu excas coneixement de la llengua en què estic escrivint, però vull practicar-la per a mostrar amb això el meu amor decidit per totes les llengües, perquè, de veritat cada una d'elles és una finestra que t'obri al món. Per a un aragonés, assentat a Castelló,que li agrada París i les platges de Benicassim, el problema d'identitat és diferent. És més, crec que mai he tingut problemes d'identitat. I a vegades se m'ha adjudicat una identitat amb la qual jo no estava d'acord, però no he volgut contradir al meu interlocutor.

Crec que els polítics estan per a fer política i nosaltres per a viure i participar de les decisions polítiques. I a vegades toca parlar de l'Estatut i altres d'ajudes socials, però sempre des de la perspectiva que la humanitat és una, indivisa, encara que diferenciada.

No crec que tots els polítics adopten eixe punt de vista, per això m'he decidit per treballar en la docència que em permet desenvolupar més eixa part d'humanitat de l'individu.

R.P.M. dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Carla dijo...

Crec que si actues així, ets un bon mestre, Rufino...

carlesrull dijo...

Vale, Marc. Et dono la raó en un punt, la meva referència a la reforma constitucional va ser un error argumentatiu: Estat i constitució són meres realitats administratives, eine burocràtiques al servei de la ciutadania (se suposa), que poden ser canviades, modificades i adaptades si la esmentada ciutadania ho considera necessari: m'es exactament igual que el meu Estat estigui ubicat a Madrid o a Barcelona i que la nacionalitat en la que m'inclouen (ells, no jo) sigui la de les dues franjes vermelles o la de les dues franjes vermelles: des del meu punt de vista, "País", "nació" i "pàtria" son entelèquies prefrabricades sense realitat substancial, eines burgeses de manipulació, estratègies de desviació dels veritables debats. Les nacions són invents del segle XIX nascudes per mantindre en el poder als de sempre i el debat sobre identitat nacional en fi és perdre el temps, per això no insistiré més en el tema. Un bandera és un drap, no res més. I, com diu Rufino, la humanitat és una i indivisa i té un enorme potencial per a crear una societat millor, potencial que, com a mestre, lluito per desenvolupar.
I tens raó, cada llenguatge es una forma de accedir al món i per tant una riquesa cultural compartida per tots que cal cuida, estimar, conservar i difondre, però no val fer-la servir per altres interessos: que sigui una forma de accedir al món no vol dir que sigui una modeladora definitiva de la identidad personal o de una artificial identidad nacional. Qui fa servir la llengua per crear fronteres no ha entès absolutament res.
Feia temps que no escribia publicament en català. No se m'ha donat malament, oi?
Que us sembla si deixem el tema?

carlesrull dijo...

Perdoneu, al comentari anterior, on diu:"les dues franjes vermelles o la de les dues franjes vermelles" volia dir:
"les dues franjes vermelles o les quatre franjes vermelles". Per favor, no busqueu cap causa freudiana en el meu error, ha estat un problema de escriure ràpit.

Marc Vintró dijo...

ok, deixem el tema. Tot i així, jejeje, un parell de coses el matís de les quals considero important: primera, nació no vol dir fronteres, (Estat sí); i segona, amb sinceritat, la noció "humanitat" em sembla tant o més abstracte que les altres. I si no, intenteu-la definir i veureu els problemes que teniu per fer-ho si no voleu caure en una materialisme biològic aspre,descarnat i amb implicacions molt i molt perilloses.
Ah!,i una última cosa, si una bandera és un "drap, no res més", per la mateixa llei,llavors el Quijote, Hamlet, etc., només són un munt de paper amb taques de tinta, no? Jejejeje, ho sento, ara si que em callo per sempre.

carlesrull dijo...

Òstia, Marc, aixó sí que és tendenciós: de veritat vols comparar un tros de drap teñit amb obres mestres de l'art universal? No havíem quedat que la literatura era una de les úniques formes d' accedir al veritable coneixement? Una bandera tambè?????????
I ara sí que callo jo també, que això començar a semblar un xat i, com en la nostra opinió sobre el Drácula de Coppola, no arribarem a cap acord.
I, secundant a Rufino, proposo un dinar de germanor del blog quan vulgueu, ho parlem per mail. Ciao!

Marc Vintró dijo...

Jo només volia assenyalar al caràcter simbòlic que ambues coses posseeixen, amb independència de la intensitat amb que ho facin. No ens confonguem:jo no he dit que el valor d'una bandera sigui el mateix que el de Hamlet; tan sols he aclarit que de la mateixa manera que una obra literària no és només paper i tinta, una bandera no és simple drap tenyit.
Ok amb el dinar de germanor, jajajaja, tot i que soni a palla d'esplai, jejeje.

carlesrull dijo...

Suposo que anem a parar a un principi bàsic: el valor dels objectes depen totalment dels ulls que els observen. Gombrowicz ho explica molt be a la seva novel·la Cosmos. Per a mí una bandera es un drap tenyit emprat per una minoria per a manipular a una majoria, per a tu està clar que té un valor molt més elevat. FIN.

Vale, no li direm dinar de germanor, pero la idea és bona.

Marc Vintró dijo...

Jooooooo, fin? Ara que li començava a agafar gustirrín això de la "polèmica", jejeje.