martes, 18 de diciembre de 2007

GRAN SCALA



Por Carlos Rull



La primera excavadora llegó con las primeras luces del día, atronando los caminos que llevaban hacia ninguna parte, y la tierra tembló aún antes de que empezarán a profanarla, y las gotas de rocío de las pocas plantas que aún osaban crecer en la colina se deslizaron por la hojas y cayeron al suelo, cual si la propia tierra llorara.

Luego llegaron las demás excavadoras, hormigoneras, plumas, cargadoras, compactadoras, retropalas, tractores, grúas, hormigón, cemento, ladrillo, picos, palas, y algunos seres humanos. La tierra tembló, y cedió y se alzaron dentro de enormes socavones los orgullosos cimientos de treinta casinos y cincuenta hoteles que debían brillar y relumbrar en las desérticas noches de aquella yerma y desolada comarca. Señores con corbata y casco caminaban entre el polvoriento desorden dando órdenes e indicaciones aquí y allá. Señores con corbata y sin casco sonreían ante las cámaras, y saludaban a diestra y siniestra y se frotaban las manos. Y los cimientos pronto se convirtieron en estructuras, y las estructuras en formas, y las formas en edificios, y los edificios en seres monstruosos que hollaban e insultaban con su presencia la tierra seca y marchita que a su pesar los sostenía y alojaba.

Y entonces llegaron los cables y las tuberías que traían agua y energía desde lejos, y el agua que se negó a otros en defensa de cierto delta se empleó para insuflar luz y vigor a las fábricas de dinero. Y la ciudad se llenó de buenas gentes que venían a ganarse la vida y de malas gentes que venían a ganar dinero. Y su música y sus voces resonaron en todo el planeta. Y pronto la ciudad resplandeció, e irradió su ruido ensordecedor y el tintineo de sus monedas y las carcajadas hediondas de los señores con corbata y despacho a las enormes e inhóspitas llanuras de aquella tierra aún estéril y árida.

En la oscuridad de las llanuras, allí donde el esplendor de la inmensa ciudad casino no era más grande que el reverbero de una vela, allí donde su música y su ruido y su tintineo y sus carcajadas no eran más que un runrún molesto o un bisbiseo ligeramente irritante, un fardacho le decía a un lagarto ocelado:
- Y luego dicen que los reptiles somos nosotros.
.........
Epílogo.
Cuentan algunas versiones de la historia de este yermo que fue un rey del siglo XVII quien mandó talar los bosques de sabinas que antaño crecieron en este desierto que la ciudad convirtió en lupanar, y usó la madera para construir la mayor Armada naval que jamás imperio alguno hubiera puesto sobre las aguas del océano. La Armada Invencible fue vencida y acabó en el fondo del Atlántico, los sueños de gloria de aquel rey se pudren en su magnífica tumba de El Escorial mientras su memoria se ennegrece en la leyenda, y el poder de aquel imperio sin noche se diluyó en la corriente despiadada de los siglos. Quinientos años después otros reyes de otros imperios han soñado construir el más gigantesco centro de ocio y juego que Europa haya contemplado jamás sobre su suelo, y sufre de nuevo la misma tierra que ya fue arrasada en el pasado.

Pdta. Por si alguien no sabe de qué va este relato, que pulse cualquiera de estos enlaces: - El país. - El blog de Koky - Diario de Navarra . - Heraldo de Aragón. - Detalles del proyecto.
- Para los que os animéis a combatir esta barbarie:
ANSAR o la Asamblea ciudadana contra Gran Scala

2 comentarios:

R.P.M. dijo...

Aragón está acostumbrado a sufrir los arañazos de la historia. Los Monegros han servido de campo de tiro, de conejillo de indias para experimentos mil, de bandera nacionalista, en fin, qué más da si ahora son otra vez "arañados" por las luces de la ciudad-casino. Al final, el tiempo pondrá las cosas en su sitio, aunque será como siempre, tarde. Me gustaría -como aragonés- salir en los periódicos por otros motivos. Lo dicho: tal vez mi amigo el tiempo...

Anónimo dijo...

Pero en ese desierto tampoco hay tanto paraíso natural que proteger y al fin y al cabo, gran scala traerá beneficios y trabajo a una zona deprimida. Peor es lo de la costa de Levante y Andalucía,