domingo, 2 de diciembre de 2007

¿Y TÚ POR QUÉ ESTUDIAS?


Por Rufino Pérez


En un estudio realizado por los laboratorios del Dr. Gea Mariño, en Minesota, Castellón, se ha elegido a una muestra de estudiantes para comprobar el grado de satisfacción con sus estudios. Estos han sido los resultados, que a la vez han servido para realizar una clasificación de la población estudiantil.



Respuesta tipo 1 (vagos insatisfechos): porque no encuentro una manera mejor de perder el tiempo.



Respuesta tipo 2 (ácratas revolucionarios): porque es la mejor manera para destruir el sistema opresor de esta sociedad que pretende alienarnos. Estudio para rebelarme contra el sistema. Es decir, estudio.



Respuesta tipo 3 (listillo, trepa): porque mientras demuestro que estudio –y para ello no hace falta estudiar- en casa me miman, me mantienen y tengo libre de las 14:00 en adelante –salazones aparte—.



Respuesta tipo 4 (iluminado): porque así cumplo con el designio divino y humano de superar a mis ancestros en el difícil camino de la sabiduría.



Respuesta tipo 5 (románticos): porque en el perfume del libro impreso, en la suavidad del silencio matutino –primeras horas de clase- encuentro el éter del universo que adormece mis sentidos.



Respuesta tipo 6 (realista): porque me obligan; a mí lo que me gusta es quedarme en la cama hasta la hora de comer.



Respuesta tipo 7 (masoquista): Porque me encanta sufrir; tratar de escuchar al profesor en medio de un barullo impresionante, soportar insultos y vejaciones de mis compañeros cuando me ven leer, notar el vacío a mi alrededor, la náusea de sentirme solo.



Respuesta tipo 8 (burgués): porque quiero llegar a ser como mi padre, que se ha montado un negocio donde trabajan otros y él cobra.



Respuesta tipo 9 (sincero): porque es lo que toca y avant. Siempre es mejor que trabajar.

Y éstas son las conclusiones a las que hemos podido llegar:



1. Los alumnos, en general, no saben matemáticas, pero sí gramática parda.



2. Hay mucho bicho raro en la enseñanza.



3. De todos estos estudiantes, algunos llegarán a ministros.



4. Hay alumnos que no estudian, pero que se compran los libros.



5. Hay alumnos que tienen los libros pero que no estudian.



6. Hay alumnos que no estudian y no tienen libros.



7. Hay alumnos y alumnas, libros y libras (de ignorancia).



Definitivamente, los autores del estudio no han podido llegar a conclusiones más profundas y tal vez repitan el estudio con una población más reducida. Y es que hay mucho “estudiante” y poco “estudio”.

3 comentarios:

paula dijo...

Siento el comentario bronca querido Rufino, pero no te pega para nada ,ni el fondo, ni la forma, ni siquiera aunque estemos en vísperas de tertulias de desánimos(llámense evaluaciones).
Hace frío en Minesota, caen las hojas de los libros y cortan como cuchillos…pero hay alumnos que escuchan el ruido, que buscan el calor de las palabras, que no saben para que estudian, pero APRENDEN y te hacen preguntarte ¿Y Tú que enseñas?.
Animo amigo cuentista, ya que nos ponen a parir, hagamos de comadronas, con sutura de puntos de libro y de anestesia un chute amor…”hacedlas cual las queréis o quererlas cual las hacéis”
PD) Además , me acabo de enterar que por ser gueno, los reyes te traerán un fantástico libro.
Un abrazo.

paula dijo...

Mi comentario anterior merece una explicación halago y una disculpa por la vena Sor profe de la cruz,tan ajena al humor(principio fundamental)para ESo y para aquello.
Me duele el deje amargura de un compa incombustible y encantador como tú,por mas razón que tengas y por mas bien que lo cuentes.
Ahora la confesión,hace poco un alumno de los condenados,por la normalización e integración,respondio a la pregunta del titulo:"Yo para repetir" y añadio la pregunta del millón:¿El año que viene tendré libros?.

R.P.M. dijo...

Lo mejor de todo es que tienes razón. Hay artículos que se escriben para ver qué pasa y otros que se suscriben plenamente. Yo no suscribiría éste aunque lo haya firmado. Pero, en fin, una vez descubierto, gracias por mantener ese ánimo que respiras por cada poro de tu piel de educadora -educadora con a de amor- y que sepas que no hay desánimo a pesar de las apariencias. Eres un encanto.