jueves, 27 de marzo de 2008


Por Raquel Casas


Cuando aparcó el coche advirtió que en el asiento del copiloto había un pequeño avión de papel. No lo había visto entrar. No sabía de quién podía ser. Lo cogió, lo desplegó y miró la fotografía. Se veían caras grandes y sonrientes, y en el centro de una de ellas con letras diminutas y hambrientas se leía: “Después de la turbulencia de la noche llegará el silencio. Grande y blanco como una sábana tendida. Y llegará lentamente como una dulce destrucción. Como el olor de jazmín en verano. Como aquellas palabras de amor que nunca me dijiste.”
Cerró bien el coche. Decidió aprenderse aquellas palabras de memoria y convertirlas en su credo. Llegó a casa, abrió la puerta e intentó recitarlas muy solemnemente a su marido. Pero sólo le salió: “¿Quieres ser mi pequeño pony?”


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6 comentarios:

paula dijo...

Me encantaría haberle visto la cara y espero ,que la sútil y genial intérprete ,se pegara una buena cabalgada en el mas aca je,je.
Gracias por la idea Raquel,me dejaré de retóricas y ya te contaré.
Un abrazo para quitar añoranzas de redes.

Raquel Casas dijo...

Ay, Paula, cómo me río con tus comentarios! Qué bien lo paso leyéndolos, mejor que maquinando mis estrambóticas composiciones.
Un abrazo cibernético!!

Conde Niño dijo...

Me ha encantao, me ha encantao, me ha encantao...

(Salud)os!

Raquel Casas dijo...

Gracias sr. conde! Espero que hayas pasado un ratito agradable leyendo el texto y que te hayas reído a gusto.

Conde Niño dijo...

De nada, de nada. El placer ha sido mío. Os enlazo a mi blog para seguir disfrutando así con frecuencia.

Chau

Anónimo dijo...

burlanga:
Encara bo q no li ha dit " cordera hoy si q no te escapas " jeje
records a la colla ... dew muuuak!