domingo, 6 de abril de 2008

DESNUDÁNDOME

Por Rufino Pérez


Escribo por impulsos. Cuando todavía no sé lo que voy a decir, me encuentro delante del folio. Tengo dentro un magma removido del que sale una punta, una cierta luz que pretende tomar incandescencia.



Sé de lo que quiero hablar y sé –o creo saber- lo que quiero decir. Pero, tendrán que ser las palabras, aquellas que sean capaces de llegar al mundo consciente de la escritura, las que rescaten del magma la punta saliente y descubran si es espada, cuchillo o sencilla rama de olivo.



Ahora estoy hablando de todo esto para mí mismo. Estoy buscando una explicación a por qué escribo. Y cómo lo escribo. Y espero que la palabra se acerque a mí lo suficiente para atraparla y que, una vez leída, refleje lo suficiente como para poder decir: “bueno, es posible..” o “es cierto, más o menos..” o sencillamente que una sonrisa firme al final del folio.



Me ocurre, sobre todo, cuando escribo poesía. He leído, conozco poéticas de grandes autores y sin pretender compararme con ellos, me identifico en alguno de sus procesos. No para alabarme sintiéndome partícipe de tan altos méritos alcanzados por esos autores consagrados, ni mucho menos; sino para gozar de las palabras que otros han sabido encontrar para reflejar lo que de alguna manera, diferente pero próxima, yo siento también.



No tengo mucha capacidad de memoria. Siempre necesito anotar y por eso soy de los que lleva la agenda consigo. A veces, muchas veces, leo los apuntes propuestos para el lunes, el martes, con el resultado de que me toca entonar disculpas y volverme a llenar de propósitos certeros de que leeré cada día lo que toca.



Quizás por eso, la idea del magma refleja el caos vitalista en el que me muevo y que me impide legar a disfrutar de un ordenado quehacer diario. Quizás por eso me gusta leer. Leer es algo que para mí resulta ser siempre una puerta que comunica directamente con el magma, una fuerza que lo remueve, una corriente que no cesa de traerme escalofríos a la piel, aún cuando esté leyendo la más hilarante de las comedias, o el más tedioso ensayo.



Y no siempre he leído igual. Creo firmemente que un lector se hace, se va conformando como tal cada vez que lee, en una lectura hecha a base de puertas abiertas, de hilos conductores hacia el interior, a través de los cuales llegan –o no- impulsos. Tal vez, de entre 200 líneas, sólo llegue una palabra. Tal vez desde una sola palabra surjan 200 impulsos, pero sigo leyendo.



Y estoy convencido de que aprendí a leer con las novelas de vaqueros. ¿Por qué? Porque hubo un verano y pico en que las devoraba. Y si me acuerdo de ello es porque me han dejado huella. Y porque en ese momento, mi magma se removía con los balazos y la fuerza del vaquero a caballo. El tiempo, la conciencia, mis pasos sobre la tierra, han abierto otras puertas, o han hecho más denso el magma y ahora es más –iba a decir difícil, pero no- diversa la forma de removerlo.



En fin, perdonad mis veleidades, pero tenía ganas de contarme todo esto y ahora he decidido, que os lo voy a contar a vosotros.

Continuará...

6 comentarios:

Cristina dijo...

¿Sabes? yo creo que aprendí a leer con "La llamada de la selva" de Jack London. En mi casa nunca nadie leia. No habia libros... pero esa historia me hizo remover algo por dentro. Gracias. Un saludo.

R.P.M. dijo...

Qué difícil es aprender a leer sin libros, pero quizás por ello, mucho más meritorio. Me alegra que mi artículo te haya hecho recordar. Gamoneda habla de la "cultura de la pobreza" y algo hay de ello en cada lector que se forma desde esa pobreza de medios. Un abrazo.

paula dijo...

Desnudo o con el traje transitorio,siempre es un placer escucharte,remueves el "magma",con cuchara de madera je,je.
Gracias por la sincera conversación,has planteado muy buenas preguntas...pensaré en ello.
Un abrazo.Paula
PD)Interesante aportación Cristina,revisaré el árbol genealógico lector y escucharé a mis hijos.

ivansan69@latinmail.com dijo...

Yo, de niño, intenté leerme el listín telefónico y no llegué al final. Era un rollazo y ya ni me importa cómo acababa... En fin, tras tan ardua experiencia opté por abandonar esto de la lectura, que hace sabio pero aburrido, y me dediqué a cosas menos prosaicas como el tráfico de rulas a las puertas de las discotecas. Pero se agradece el intento por convencerme.

R.P.M. dijo...

Qué tío, Iván. Te aseguro que habrá más intentos, pero si no te convencen, lo de las rulas tampoco es mal negocio: hay que saber leer el rostro del comprador para sacarle un buen precio a las rulas, así que, quieras o no estás leyendo.
Y gracias Paula, porque también sabes ser muy sincera.

carlesrull dijo...

Yo aún estoy con las instrucciones de mi nuevo horno, pero son un peñazo, aunque la versión en suomi cada día me parece más atractiva.

Yo aprendí a leer con Tolkien y Asimov, qué le vamos a hacer, pero luego lo desaprendí todo, así que ahora ando entre hornos. Siempre un placer leerte, Rufino, tu voz destila nobleza.