sábado, 28 de marzo de 2009

OTRO MILAGRO DE LA PRIMAVERA



Entrevistando ayer a Claudia Burk, por su libro "Desde el penúltimo rincón de mi espejo", la conversación fue a parar al poema que, en la infancia, me llevó a ser poeta, A un olmo seco, de don Antonio Machado:



El poema refleja, sin decirlo, la lucha de su mujer, Leonor, por la vida. Habían regresado de París para vivir en Soria, pero Leonor, enferma, no mejora. Por su parte, el olmo centenario está condenado a la extinción por la grafiosis.


El poeta encuentra ahí, en el objeto vivo (el olmo), un potente "correlato objetivo", una metáfora alumbrada por la esperanza, henchida de belleza, para esperar que al olmo viejo, hendido por el rayo y en su mitad podrido, al que con las lluvias de abril y el sol de mayo algunas hojas verdes le han salido, le sea concedida la gracia de la existencia.


Y frente al olmo, frente al dolor que todos arrastramos, don Antonio Machado mira en su corazón, que espera también, hacia la luz y hacia la vida, otro milagro de la primavera.

Otra primavera que nos recuerda las palabras de Hermann Hesse:

"La vida sólo adquiere sentido por el amor. Es decir: cuanto más amor y capacidad de entrega poeseamos, tanto más sentido tendrá nuestra vida".

Que la primavera os traiga lo que el corazón busque,)

3 comentarios:

Claudia Bürk dijo...

Toda la razón tenías,Rubén, con tu opinión acerca de este maravilloso y tremendamente expresivo poema. Sin duda, el amor es la fuente, afluyente, corriente, vertiente y el conducto de todas las cosas existentes. Sin entrega a la vida, con todas las consecuencias que eso conlleva, no hay posibilidad de sobrevivir...

R.P.M. dijo...

A Machado se les estaba muriendo su amor y el corazón le dolía tanto que en la rama verdecida quiso ver una señal de que todavía era posible la esperanza, una rama verde que niegue ese final anunciado, un último gesto de rebeldía y afirmación de la belleza y del amor. Yo me quedo con esa "rebeldía" callada, constante, oscura, machadiana al fin, que nunca deja de sonreir - a pesar de toda la adusta presencia de D. Antonio-. Me has quitado un posible post y al mismo tiempo me has hecho sonreir por la casualidad y por la constatación de que todavía quedan poetas, buenos poetas, Rubén. Un abrazo. Un saludo para Claudia. Acabo de conocerte literariamente y te felicito.

Ester Astudillo dijo...

No conocía el poema de Machado. Dudo que tenga palabras que destilen un mínimo de lo que el poema ha hecho resonar en mí. El olmo fue el correlato objetivo para el poeta, y los lectores debemos buscar nuestros propios correlatos subjetivos para poder aspirar a aprehender toda esa belleza que flota entre las líneas y que siempre es tan poliédrica.

Gracias por la iluminación, Rubén.