miércoles, 20 de mayo de 2009

Las tragaperras

Por José G. Obrero
Al bar “Hermanos Funes”.

Entiendo que haya tenido que poner las tragaperras pero es una molestia, no nos concentramos en la partida como antes. Bartolo dice que el bar ya no le daba dinero, que los clientes hemos envejecido y los jóvenes del barrio prefieren irse a otra parte antes que tomarse una cerveza con un puñado de viejos achacosos y no le falta razón. Yo me pido un vaso de vino y estoy con él toda la tarde, Manolo una cerveza, Carrasco un café con leche porque el médico le ha quitado la bebida y Benítez una Coca-Cola porque tiene la tensión baja. Las tragaperras han congregado a un grupo de ludópatas del barrio que no cesan de alimentarlas día y noche y luego, Bartolo, cuando echa la persiana, recoge los premios introduciendo tres o cuatro monedas. Las máquinas son sus beneficios.
Qué distinto antes, hace treinta o cuarenta años cuando acabábamos de llegar al barrio. Éramos fuertes y trabajábamos duro: en la obra, en la fábrica, en el taller. Volvíamos con los monos manchados de grasa, de cemento, sacudíamos nuestras botas antes de entrar en el bar Moreno que Bartolo había abierto hacía poco, y encendíamos un cigarrillo. La barra se llenaba de paquetes de tabaco y de botellas de cerveza, nuestras voces eran recias y había que gritar para que el de enfrente te escuchase. Veíamos el partido de fútbol, y al caer la noche pedíamos un coñac, un gin tónic, vino de Jerez. Si nos acalorábamos con una discusión Bartolo nos gritaba que nos fuéramos a la calle y en la misma puerta del bar nos arremangábamos y nos partíamos la cara. Al día siguiente nos dábamos un abrazo y nos bebíamos una botella de vino. Nuestras mujeres bajaban para decirnos que la cena estaba lista, o lo hacían nuestros hijos: “papá, papá, que dice mamá que subas”. Éramos jóvenes y teníamos fuerza para todo: para trabajar, beber, fumar, follar y criar hijos. Tener tres hijos era lo mínimo, Carrasco tuvo cinco, Manolo cuatro, Benítez siete y yo seis porque Carmen, mi mujer tuvo problemas en el último parto. Éramos muy fuertes. A Bartolo le iba bien el negocio. Su mujer hacía comidas, tapas de callos y de morritos de cerdo, tortilla de patatas, y un estofado que quitaba el sentido.
Pusieron mesas nuevas, cambiaron el televisor en blanco y negro por uno grande y a todo color. El barrio hervía de vida. Abrieron otro bar, un local pequeño y sucio y Bartolo temió la competencia pero su éxito duró poco y tan sólo por la novedad pero eran demasiado guarros. Yo me encontré un trozo de pañal en un vaso de tubo, pintalabios en uno de vino, restos de comida en las cucharas. El bar de los guarros aguantó menos de un año.
Luego nos fuimos cansando. La mujer de Bartolo murió. Nuestros hijos se fueron a otros barrios o a la capital. Nadie vino a sustituirlos. Nos prohibieron fumar, comer y beber. Sólo nos apetecía jugar al dominó. De la tarde a la noche. Volcar las fichas y mezclarlas con ambas manos. Partida tras partida, por parejas. Cada vez más seguros de nuestro juego. Inventándonos gestos, señales, guiños de ojos para ganar una partida. Al menos una. Pero esas malditas tragaperras nos están matando. Gritan: “¡avance, avance!” o “¡premio!” y nos desconcentran. Lo hacen justo en el momento en que estoy haciéndole una mueca a Carrasco o un gesto con los ojos. Carrasco mira hacia la máquina y luego coloca la ficha que no debe. Va a ser muy difícil ganar algo a partir de ahora.

7 comentarios:

Carla dijo...

Quan veig el teu nom en la publicació ja em frego les mans i obro el cor, com quan, per exemple, em cau un llibre del Galeano a les mans o quan ho fa una peli del Bergman. Sé que estic a punt de sentir un fragment de vida enmig de la seva palpitació. I efectivament: fluid, com sempre, i com sempre amb una senzillesa esquisita, has fet que em passi per davant dels ulls la mort d'una vida que ha estat viva i que es resisteix a morir, a través d'uns pensonatges normals i corrents que tu sempre aconsegueixes fer especials.
Segur que en el bar guarro venien droga. Segur, també, que a la seva manera, el bar que ha de tancar i que s'hi resisteix serà recordat en el cor dels fills d'aquests homes quan pensin en els pares...
Un petó molt fort.

paula dijo...

Sí José, las máquinas que se alimentan con dinero se tragan muchas impagables cosas.
Me ha encantado tu descripción del antes y el después del ambiente del bar y , impresión propia al leer, me imaginaba a los personajes de dominadores de barra a ni siquiera de domino.Amarga sensación y eso que seguro más de uno ,lleva azúcar en la sangre je,je.
PD)yo tengo la suerte de disfrutar,en mi pueblo adoptivo unibar,de esa mezcla de vidillas...y es un verdadero placer la música de fondo.
Un fuerte abrazo.

Marc Vintró dijo...

Tots tenim un abans i un després. Per què l'abans sempre sona millor?

Una abraçada, José.

Ester Astudillo dijo...

Ondia, José, me ha recordado un poquito a la peli Tapas, que tan bien retrata el ambiente del Hospi, donde también hay un 'bartolo' desertado -que no viudo-, y se vende droga -la pobre viejita a punto en enviudar que todavía tiene ganas de vivir-; aunque ahí sí hay jóvenes -los inevitables clientes de la vieja camello-, y es cierto que no salen tragaperras, pero seguro seguro que las había. Si las hay en todas partes!

Y me imagino a los melancólicos viejos jugando no sólo al dominó, sino al tute, al que jugaban los viejos todavía más viejos, que sin duda ahora ya andan criando malvas. Pero tú no tienes edad para ponerte melancólico, aunque uno siempre puede observar y adivinar lo que pasa entre las neuronas de los personajes de la película cotidiana.

Paula, qué privilegiada eres. Un pueblo unibar! Aunque mejor sería sin bar. Claro que el paisaje humano se haría muy muy monótono. Un bar siempre ofrece buen material para inventarse vidas posibles diferentes de la propia, incluso menos afortunadas. Siempre hay alguien más jodido que tú, prerrogativas de la imaginación!

Marc, no estic d'acord amb que el passat sempre sona millor. Potser en general tenim tendència a quedar-nos amb els records que ens són més favorables i això ens indueix a pensar que el que ja no hi és era millor que el que sí. Però, de tota manera, jo sempre defenso, a contracorrent, és clar, que 'cualquiera tiempo pasado fue peor'. I no perquè sigui precisament optimista, eh!

Records a tothom :)

Mercè Mestre dijo...

"...gestos, señales, guiños de ojos para ganar una partida. Al menos una." I quina partida millor que la de la vida? Tu l'has guanyat, sens dubte, perquè saps donar vida a escenaris on tots hem viscut i personatges que tots coneixem; és com si punxessis el punt exacte del cervell on estan arxivats els records. Jo he pensat en el meu avi. Gràcies, Josep.

José G Obrero dijo...

Carla, els teus comentaris son un "chute" encara que no se si Galeano pensarà el mateix. Gràcies.
Paula, dichosa tú que vives en un mundo donde nunca llegará el Starbucks con su música inodora (¿te imaginas a los abueletes jugando un tute entre los portátiles con wi fi?)
Marc, gràcies, una abraçada.
Ester, ni había caído en la peli de Tapas pero, claro, totalmente de acuerdo, al fin y al cabo un bar de Cornellà u Hospital o Santa Coloma es el mismo bar.
Mercè!! estic abrumat amb el teu comentari. És molt agradable. Una abraçada!

Oscar Sotillos dijo...

Es un gustazo leerte, Jose. "avance, avance"!!!!