martes, 19 de mayo de 2009

La vida instrucciones de uso

Por Carlos Rull

Cuando uno entra por primera vez en el número 11, rue Simon-Crubellier, no es consciente de que el mundo y la literatura están a punto de cambiar definitivamente para él. No es hasta el cabo de un rato, cuando ha explorado levemente, casi de soslayo, algunas de las singulares vidas de aquellos que pueblan el edificio, que empieza a comprender la magnitud de la empresa que acaba de iniciar: la lectura de La vie mode d'emploi es un viaje desde las cosas hacia lo íntimo, desde los objetos anodinos y los gestos cotidianos hasta las entrañas de los individuos y las sociedades. Es un periplo entre lo anodino y lo extraordinario; entre el juego banal y gratuito y la profundidad de lo que todos escondemos; entre lo mágico y lo rutinario; entre la relación minuciosa y casi enciclopédica de objetos y la reveladora intuición de las almas y los destinos. Es Georges Perec.

Al menos una vez en la vida, hay que darse un garbeo por la rue Simon-Crubellier, entrar de la mano del minucioso y travieso narrador en los pisos, habitaciones, pasillos, buhardillas, escaleras, descansillos, salas y cuartos. Recorrer el pasado y el presente, la vida y la muerte, los éxitos y los fracasos de los peculiarísimos habitantes del inmueble. Al menos una vez en la vida hay que reconstruir el magno puzzle de la vida que Perec, el rey de los objetos, edificó - nunca mejor dicho - en esta arquitectónica y juguetona novela de novelas - pues tal es, "romans", en plural, su subtítulo en francés -, incompleto panorama de la vida, retrato detallado - pero necesaria y voluntariamente insuficiente - de nuestros tiempos y de nuestros modos de ser y sernos.

La vie mode d'emploi es una mecanismo perfecto - perdón por el tópico - por el que pululan, a lo largo de un siglo de historia del edificio, varios cientos de personajes que protagonizan otras tantas historias, anécdotas y aventuras en las que Perec antologa prácticamente todos los géneros y temáticas de la narrativa contemporánea y tradicional. Los capítulos - breves - saltan en el tiempo y en el espacio y es el lector quien va pincelando el retrato general en un juego tan divertido, gratificante y revelador como voluntariamente gratuito. Multitud de personajes que conocemos a través de detalladas relaciones de objetos y ambientes, a veces meticulosas hasta la exasperación. En Perec, cuya primera - y desasosegante - novela llevaba precisamente por título Las cosas, nuestros enseres cotidianos, hasta el más banal e insignificante, son portadoras de significados, contienen y reflejan una parte de cada uno de nosotros, de nuestra historia, identidad, alma. Los objetos en Perec cobran vida y reverberan destellos de lo que somos y hemos sido.

La novela se publicó en 1978, y le llevó más de diez años escribirla. Tal vez en ella esté, esbozada, aquella imposible comedie humaine que Balzac nunca logró completar. El resultado de su monumental esfuerzo es una obra descomunal, no por su tamaño - aunque es larga - sino por la infinitud de sentidos, ramificaciones, sugerencias, juegos e ideas que llenan sus páginas. En el número 11 de la calle Simon-Crubellier encontramos un puzzle infinito, un juego inabarcable y maravilloso de la mano de uno de los miembros más activos del OULIPO. En ella hallamos la más tierna reinvindicación de aquella imaginación que surge de lo real y cotidiano y lo convierte en más de lo que parece ser, el más crudo e inolvidable retrato del absurdo del mundo. Imprescindible. Imprescindible. Imprescindible.

2 comentarios:

Oscar Sotillos dijo...

Carlos, con tu desatada resenya no me queda otra que buscar es titulo. ya te contare.
saludos!

Oscar Sotillos dijo...

Carlos, con tu desatada resenya no me queda otra que buscar es titulo. ya te contare.
saludos!