jueves, 28 de mayo de 2009

Va de cine: el fuego que arde pero que no quema



Por Ester Astudillo



Para Cristina, ella sabe bien por qué




No siendo una experta cinéfila, para hablar de cine y llenar este hueco quincenal que da en tocarle a una menda y que coincide con la semana temática cinéfila voy a hacer un magno esfuerzo imaginativo y a hablar de 2 pelis, o mejor, de una escena y de una peli.

La escena creo de verdad que será fácilmente recuperable del repositorio de imágenes cinematográficas del colectivo bloggero, cuanto más febril y entrado en años el blogger (la peli data de 1981), mucho más fácil: se trata de la breve, contundente, icónica, mitológica escena protagonizada por Jessica Lange y Jack Nicholson sobre una mesa de cocina (de esas grandes y americanas) realizando el acto en un contexto muy culinario y apriorísticamente poco apropiado. Sí, obvio, me refiero a la escena ardiente, combustiva, tórrida de sexo entre los susodichos en El cartero siempre llama dos veces. Una mujer hambrienta, entregada, voluptuosa, y receptiva y un hombre… bueno, el hombre como prototipo diría que pasa más desapercibido, y no es que le tenga tirria al Nicholson.

Aquella escena marcó un antes y un después iconoclasta en la mitología del sexo, y no sólo cinematográficamente, sino sobre todo en la vida cotidiana; se convirtió en un icono eroticocultural. Todo aquel que se precie lo más mínimo de tener una vida sexual plena y satisfactoria desde entonces tiene que poder alardear de haberlo hecho fuera de la cama, cuanto más inverosímil el sitio mucho mejor, y si es encima de la mesa de la cocina –aquí en estas latitudes, con las miniminicocinas que vienen por defecto en el pack de las nuevas viviendas, lo tenemos ciertamente difícil, aun siendo, quienes tengan el don de serlo, contorsionistas-, pues eso, si es en la cocina, que mucho mejor. ¡Si ayer mismo fui testigo de una publicidad en una marquesina de esas gigantescas que pueblan por doquier las urbes contemporáneas sobre muebles de cocina y era un guiño claro y meridiano a esa escena: la mujer conminando al macho a hacérselo en la cocina, estirándole de la corbata, para ungir la reciente composición doméstica con un buen polvo!

Hace dos décadas y media que tuve el placer de visionar la peli (poco después de estrenarse, que ya tengo una edad provecta), y personalmente debo reconocer que fue una revelación. Recuerdo, tras haberla visto un par o tres de veces, que llegué a fantasear con la idea de que incluso comprendía el enigmático título (cf. Greenaway y El vientre del arquitecto, El cocinero, el ladrón, su mujer y su amante, Night Watching, etc.), gravitando, claro, alrededor de la escena en cuestión, aunque los años que separan aquel momento del presente me temo que han eclipsado las perogrulladas y/o inverosímiles sandeces que cruzaron mi mente en aquella efervescente y nada provecta edad mía entonces.

Siempre resulta estimulante, al menos lo resultaba en aquella primera mitad de los ’80 españoles, primera legislatura socialista, descubrir a mujeres capaces de aquella heroicidad (y no, no, no eran putas, a mí no me hacían comulgar con ruedas de molino, ¡eran claramente heroínas!), especialmente siendo yo mujer de finales de los ’60 y española, ¡pobrecitas de nosotras!, todo lo que nos perdimos, en pleno franquismo y tal, nuestras madres con pañuelo cubriéndoles la cabeza o poco les faltaba, asistiendo entregadas a la inauguración de pantanos, postradas en la cama pero con la tele encendida para atender a la santa misa, y cuya mayor preocupación cuando hacía aparición el climaterio en sus retoños femeninos era prohibirnos que usáramos Tampax, ¡sucio sucio pecadote!

Total, que una que ya tendía a la anticordura en aquel entonces a pesar de ser tierna y joven, pues como que se sorprendió poco más que menos de ver a aquellos dos tan entregados a la materia (y que se quiten las Nueve semanas y media de la Bassinger años después y secuelas varias e inevitablemente mediocres, aunque Los bafulosos Baker Boys tiene también sus buenas y sugerentes escenas, contando con la Pfeiffer y el clan Bridges –rectifico, Jeff Bridges-): retomo, la harina irónica/icónicamente inmaculada esparcida sobre la mesa a modo de colchón, el pan a medio cocer en el horno, recordándonos que el sexo es como el alimento, y la Lange desempolvando con ansia la somera superficie para hacerse un cómodo hueco y yacer y recuperar un placer sexual olvidado y volver a sentirse viva, con esos gemidos, ¡dios qué gemidos!, ¡si eran de película! –bueno, claro, eran obviamente de película; y aun así…

Me asiste a la memoria también el brillo afilado en su mano, el cuchillo como utensilio doméstico, el cuchillo como arma arrojadiza, como hendidura, la ambivalencia de todo lo capital en la vida (Eros y Thanatos). La amenaza latente de su violencia mortífera, y la extrema delicadeza del gesto de apartarlo, manso, dejarlo reposar para momentos más propicios, porque lo que se imponía cuerdamente en aquel trance era el amor, el placer, la vida.

Y en este punto voy a dar un giro al texto y a referirme a la segunda peli anunciada que, cogida por los pelos, como casi todo, incluso resulta coherente con lo dicho hasta ahora: se trata de El ansia (va por ti, Cristina), una historia de vampiros bastante atípica, en que el amor y la inmortalidad van de la mano, ambos -¿cómo podría ser de otra manera?- sometidos a los vaivenes de la (in)satisfacción proporcionada por Eros, de los cansancios y aburrimientos de parejas archisabidas, de los descubrimientos lésbicos, del amor y el odio que sin quererlo ni/o saberlo son contiguos, de Thanatos rondando con la hoz inadvertidamente apostando a ver a quién podrá raptar primero …

El ansia/The Hunger, protagonizada por Deneuve, una jovencísima y andrógina Sarandon (data de 1983, aunque reconozco que ésa no la vi hasta mucho más tarde, reclinada en un lecho hospitalario un 16 de julio de 2000) y Bowie, el icono pop por antonomasia desde antes de que yo supiera qué significaba pop, ese gato salvaje con ojos cromáticamente asimétricos, ese pobre condenado al aburrimiento eterno sobre la capa de la tierra en busca de un acompañamiento satisfactorio e inalcanzable, obviamente imposible, arrastrando su penitencia a través de los siglos sin que nadie advierta su comezón, y traicionado sexualmente en el último momento por su pareja primigenia pero, claro, después de varias centurias, inevitablemente aburrida ergo infiel; en definitiva, un pobre vampiro que acaba tan arrugadito y disuelto y rematadamente pulverizado como Dorian Gray ante su retrato, tras una muy larga vida, en poco más de lo que cuesta decir ¡Basta! En fin, que uno/a no puede obviar preguntarse cuál es peor condena, si morir o si vivir, y también si por amor vale la pena vivir y/o morir (o ninguna de las dos cosas).

Y para justificar, por si hubiere menester, por qué narices siempre acabo hablando [sic] (escribiendo) de lo mismo (id est sexo), incluyo respuesta en el presente. La más obvia, por supuesto, e incluso quizás por algún designio inescrutable de Mefistófeles, acertada, es que estoy claramente obsesionada con ello. Pero como por principio ético, estético y epistemológico hay que desconfiar siempre de las respuestas fáciles, y yo en eso soy puntillosamente metódica y cumplidora a rajatabla, cada semana le formulo ese mismo interrogante desde el diván al desgraciado -¡pobre, pobrecito, que no se cansa de estar en el tajo!- que cobra por oír de mí la misma cantinela aprox. 200 minutos mensuales.

Lamentablemente, ese tipo de mercenarios a sueldo no son precisamente un oráculo, y el único eco de mis tribulaciones que me retorna mi exquisito e hipocrático Delfos es el silencio, sazonado con algún que otro sofocado bostezo que ya he aprendido a no tomarme como algo personal. No es que yo y/o mis fatigas seamos aburridas, me digo para consolarme, es que la vida es aburrida, invento para exculparle. Incluso me conmisero de él: debe resultar tan rematadamente fútil ver secuencialmente vestido el diván con tanto majadero obcecado en hacerse siempre las mismas preguntas y tardo en componerse la única respuesta plausible: ¡Y yo qué sé! ¡Me importa un carajo! ¿Aún crees que puedo ayudarte? ¡Tú dale, dale, no te canses de darle, y con un poquitín de suerte, la respuesta se impondrá por sí sola –si me apuras, con más suerte aún, ¡incluso antes de que la diñes, y eso será ya el despiporre!

En definitiva, a lo que iba, que este tipo de interpelaciones picaronas y existenciales mejor no formularlas desde el diván –o equivalente-; cualquier otro contexto y/o destinatario será infinitamente más empático y certero: id est una margarita aún con pétalos, la lluvia reposada y mansa que reverdece en primavera troncos casi extintos, las ocasionales líneas oscuras que el asfalto dibuja en el suelo, tentación ineludible a jugarte la respuesta con crédulo e infantil animismo mágico al estilo más puramente piagetiano (si me salgo es que sí), la rayuela, los dados, el romántico y delicuescente SOS message in a bottle que cantaban The Police hace unas décadas, cuando Sting aún no era Sting, el juego de piedra-papel-o-tijeras, etc. Hay infinitos métodos de hallar respuesta, ninguno infalible, por supuesto. Yo, de momento, aunque me temo que a todas luces falible, he encontrado el mío.

Bueno, y eso, claro, que casi me olvido, que la escena de la Lange y el Nicholson montándoselo sobre la mesa de la cocina la salvo de la hoguera sin ningún tipo de dudas, no siendo, eso sí, ni cinéfila ni experta (¡¡¡ah, pero sí mujer!!!). Chapó, señores. ¡Quién, quién pudiera! Y también, meritoriamente, tributo al César por lo que es del César: gracias, Bob Rafelson, señor director; nos libró a mí y a unas cuantas anticuerdas erráticas más entre las que no teníamos decidido si iba a ser babor o estribor de una languidecida (y ya anticipadamente hecha crónica) muerte anunciada.


10 comentarios:

José G Obrero dijo...

Impresionante. Sinceramente. (......)Me he quedado sin palabras. Sólo diré unas decenas. Cuando vi esa película por primera vez todavía no conocía la angustia que provoca el deseo y su tiranía,(que era un niño, vamos) y durante los primeros minutos creí que se iban a matar. Cuando la Lange cogió el cuchillo cerré los ojos porque no quería ver como se clavaba en la espalda del loco de Nicholson (hombre malo, malo). Después, me dieron unos calorines que sólo entendería con el paso del tiempo (¿quién se atreve a negar a Freud y decir que los niños no tienen sexualidad?)
Me ha encantado.
Saludos.

Ester Astudillo dijo...

Gracias, José.

Saliste a celebrarlo? Porque ganó, no? O te daba igual? Lo intuyo por los pitos y demás que poblaban el barrio en el que vivo mientras intentaba conciliar el sueño, ja!

Muchas gitanas por ahí? Tan sexys como te imaginabas? Hubo premio? En las ferias siempre suele haber, aunque sea un peluche gigante de esos que no puedes guardar en ninguna parte. Claro que a partir de cierta edad el premio se espera que sea de otra índole.

Pobre Nicholson, no tan malo, no? El que queda de pena es el pobre marío, cornudo y apaleao. Aunque ya no recuerdo mucho. Me quedó sólo la escena grabadita como un mantra. Y los niños tienen sexualidad, vamos, desde que nacen. Unos/as más subida que otros/as, claro, jeje!

Abrazo:)

José G Obrero dijo...

Ay, Ester. Las noches andaluzas en esta época están tan cargadas de sensualidad que a veces son como un alfilerito (pincha y duele). Uno quisiera que le tocaran todas las muñecas de la rifa...En fin.
Respecto al amigo Nicholson, debo decir que la primera película que vi de él fue El Resplandor y ahora ves y dile a un niño que ese hombre no está loco. Sin embargo, ya en la juventud, vi Easy Rider y la cosa cambió. Ese joven abogado de una ciudad de la américa profunda que conecta en su búsqueda de la libertad con los protagonistas, casi tierno, me encantó.
Tendría que haber visto esta primero pero c'e la vie!

Un abrazo.

Mercè Mestre dijo...

Uaaaaauuu, Ester! T'has enfilat d'un salt a les taulades del bloc. Per no ser "experta cinèfila", com tu dius, trobo que la teva mirada sàvia i caçadora és capaç de capturar, matisar, fer vibrar, trencar, acaronar, hostiar, perfumar, foradar, i un llarguíssim etcètera d'infinitius complementaris i contradictoris, el que et posin per davant. Ara li ha tocat el torn al ritual de farina i sexe del Cartero i a una terrorífica i hipnòtica faula sobre la fam de vida, malgrat que sigui en forma de vampir arrugat i assimètric. T'ho confesso: has guanyat. M'has fet reviure dues pel·lis que tenia arxivades en el bagul dels records i que, ara, per culpa de la teva màgica vareta de mirar, de pensar, he de revisar amb urgència, amb passió renovada.

Ester Astudillo dijo...

Bueno, José, las noches de verano -que en Andalucía llegan antes- suelen ser sensuales. Pero tío, ya tenías que saber que no te puedes llevar todas las muñecas de la rifa. Dónde coño os ibáis a meter? Aunque sólo fuera por razones meramente prácticas, como que no.

Easy Rider? Esa no la hizo con el que iba de motorista, Dennis Hopper, que también creo que es medio pintor o algo y hace muuuchos años hizo una exposición en la Rbla Sta Mónica, Barcelona? No la he visto. La peli, digo, la expo creo que sí la vi.

Yo la que vi fue Alguien voló sobre el nido del cuco, del Nicholson, creo que antes que la del Cartero, y creo que ésa sí me marcó también, pero no eróticamente, sino como rito inicicático en mi práctica del senderismo anticuerdo. Inquietante, menuda fábula, con el gigantesco indio abriendo un boquete en la institución con la taza del váter al final de la peli!!! Fuck, fuck, fuck.

El resplandor no la vi. Soy muy miedosa y muy sugestiva, así que no me va el rollo Elm Street y oscurantismos de esos paranormales. Me basta el oscurantismo cotidiano, que da de sí largo y tendido.

Mercè, què cony he guanyat? Estem competint u algu? Crec que m'he tornat a perdre, hehe! Aquí -vull dir en general, no en el bloc, esclar- es tracta de guanyar-li el pols a la vida, como muxo, o no? Pues por eso, el cartero y el ansia, que van de lo mismo, així arrodonint generosament a l'alça.

Gràcies per les teves hiperbòliques i profusament hipnòtiques flors, xati, que saps sobradament que no es mereixen.

Recorda que no sóc una fada -puag, puag- només sóc una bruixa, així és que no tinc vareta, faig beuratges!!! Que en necessites algun?

Ai, ai, jo de caçadora res de res, no sóc Diana, ja ho hauries de saber. L'únic que caço, amb sort, són estels, que no serveixen per a gaire cosa. Així és que faré pinya amb el germà gran del Rufino.

Doncs nena, si has de revisar les pel·lis i recuperar-les del bagul dels records, ja saps: busca't bona companyia, amb qui puguis compartir apassionament i altres espais i sensacions. I si les pots mirar d'una teulada estant, a cel obert,ja serà l'hòstia, ara que ve el solstici, la calidesa i la marinada de l'horabaixa.

Em temo que a casa meva no hi ha terrat. Fixa't que ni estendre-hi la roba puc: ah!! es que soy mujer moderna, y tengo secadora, ja!

Petons i gràcies a tots dos :)

Anónimo dijo...

Hola: estoy atemorizado, en la cocina de mi casa cualgan de la pared unos hermosos cuchillos, alguno de ellos de afilada hoja, que yo mismo afilo para cortar filetes de lomo para mi prole. Después de leer esto me abstendré de follar en la cocina.
Harry the Poo

Ester Astudillo dijo...

Anónimo Harry the Poo, tú follas en la cocina??? Eres contorsionista? Tienes una cocina-office americana? Tienes cuchillos colgantes?

Tienes prole, ergo tienes hembra, sobre todo por lo de follar en la cocina. El mensaje de la peli es halagüeño, así que no te preocupes. Mantén el metal alejado de sus manos y ofrécele a cambio algo con más contenido cárnico. Seguro que la fórmula funciona (esto parece un consultorio radiofónico tipo Elena Francis). Lo digo no porque tenga mucha experiencia follando en la cocina, sino más que nada porque sí tengo una bola de cristal y soy un poco bruja, jaja!

:)

Anónimo dijo...

:)8-

Oscar Sotillos dijo...

Apunte nº 1: para no ser cinéfila no veas cómo te las gastas. Me apunto El ansia en mi lista del Emule. Leches, si no tengo internet en casa! Bueno, la pediré en el dvdclub de las vacas, a ver si hay suerte.
Apunte nº 2: ¿conoce tu oráculo del diván el blog de 7 voces?
Apunte nº 3: ten cuidado con el copyright de tus cantinelas, porque entre silencios y bostezos es capaz de publicar un estudio nutridito sobre la psique sexual femenina y ese no tendría problemas para encontrar editorial.

Ester Astudillo dijo...

Respuesta nº 1. Deduzco que no conoces El ansia. Me temo que lo vas a tener difícil en tu idílico y paradisíaco dvdoclub vaqueril. No es novedad (del 83!!!), así que crudo lo tienes, y sin Internet... no hay emule. Cuando vuelvas a España alomejor hay + suerte.

Respuesta nº2. Mi oráculo con diván incorporado, krd, existe sólo en mi imaginación, ja! Crees que si fuera real lo iría pregonando por ahí! Claro que bien pensado, si lo fuera, tampoco lo confesaría (hehe!).

Respuesta nº 3. Pero puesto que mi oráculo es ficticio -vamos, que no es ficticio pero que tampoco es humano, ni siquiera animal!- lo tiene un poquito difícil para publicar nada. Todavía + que nosotros!!! Y aun si así fuera, humano digo, y tuviera acceso a editorial alguna, me temo que no aportaría nada nuevo al tema de la sexualidad femenina. Está todo todito muy trillado, más que dicho. En el fondo, es que la vida es muuuuy aburrida, y hay que buscar maniobras diversivas -Andreu, I borrow your title, please do not take offense.

Gracias, Óscar. Nos vemos en alguna constelación urbana cuando vuelvas a la civilización. O mejor, me cambias el puesto!!!

Abrazo:)