sábado, 4 de julio de 2009

Algo mejor





Por Rubén García Cebollero


Julio, el mes, está decidido a fundirnos los plomos. Quizá por eso he buscado refugio en el estanco, el de Julia Otxoa, que no tiene la frugalidad de los Estancos del Chiado, de Fernando Clemot, pero que va para Paula y para todos aquellos que, de vez en cuando, esperan otra realidad mejor:


...Desde que abrió el estanco carece de licencia para vender sellos, porque para lograrla había que pagar un impuesto demasiado alto y ahora que podría pagarlo, la Administración no se la concede porque ha rebasado la edad, le dicen, y debería estar ya jubilado. Pero él nunca ha tenido valor para decírselo a sus clientes, porque ¿dónde se ha visto un estanco sin sellos? Y espera que se vayan a comprarlos a otro estanco, pero no se van y vuelven, y él tiene que fingir una realidad que nunca ha existido.


El fragmento pertenece a "el estanco", dentro del libro "Un extraño envío", relatos breves, que en su mayoría no me resultan significativos. Sin embargo, ¿a cuánta gente no sentimos fingir una realidad que nunca ha existido?


Quizá media Humanidad sea sin saberlo Pessoaísta, y esté fingiendo el dolor tan completamente que llega a creer dolor el dolor que en verdad siente. Y la otra media Humanidad espera, de espaldas, otra realidad mejor.

1 comentario:

Ester Astudillo dijo...

Bueno, hace no sé cuánto, creo recordar que relativamente poco, leí a no sé qué santo que se llamaba no sé cómo y rezaba no sé cuánto pero que sí, y no era Pessoa, que afirmaba que el dolor hecho liturgia es siempre una impostura. Estoy recordando pero no acaba de cuajar la evocación. O fue en mi vida personal que alguien me lo dijo? O incluso tal vez me acusaron de ser una 'dolida' impostora? No recuerdo, prefiero no recordar tan al dedillo, sería demasiado doloroso, valga la redundancia.

Pero, aun así, quién dice que quien espera de espaldas no se duele? Aunque no haga un panegírico de ello, el solo hecho de renunciar al meollo de la vida no es tal vez la renuncia más capital de la existencia, y por ende, necesariamente dolorosa? uhuh, grandes preguntas para el suculento libro gordo de Petete, que se despide contento hasta el programa que viene.

;)