miércoles, 1 de julio de 2009

SILBAR UNA ALEGRE CANCIÓN

Por José G. Obrero


Subía la Quinta Avenida silbando una alegre canción que había escuchado en la radio. Todo parecía brillar en Manhattan después de estos años y no podía evitar pensar que parte de ese brillo era un regalo que me pertenecía, una suerte de guiño de la ciudad a quién durante tanto tiempo había echado de menos.
Linda vivía en un ático del Upper East Side desde donde se divisaba todo Central Park. Antes de la guerra solíamos pasearlo y aprovechábamos la sombra de algún árbol para besarnos y jugar a las promesas de futuro. Ahora, mientras cruzaba la Calle 58, pensaba en lo lejos que quedaba Sicilia, París o Berlín y con ellas, la muerte y la locura, a pesar de haber estado en ese infierno una semana atrás. “¡Capitán Pooley! Qué alegría verle de nuevo por aquí. Permítame. La señorita Linda le aguarda en el salón” dijo Katy, mientras se llevaba con diligencia mi sombrero y mi abrigo, “¿Quiere que le sirva alguna copa?”. Negué con la cabeza y me dirigí hacía el salón .Abrí las dos puertas. Lo hice sin llamar. De lo contrario me hubiese dicho que esperara un momento. Le habría dado tiempo a secarse las lágrimas y a guardar la fotografía del joven suboficial que ahora trataba, inútilmente, de ocultar en su espalda. “¡Qué pasa aquí! Le grité. “¿Quién es ese?” y le agarré los brazos con todas mis fuerzas. “¡Te he hecho una pregunta, maldita sea! ¡Contesta!” En vano trataba de decirme que le soltara, que le estaba haciendo daño ¡Responde, zorra!”. Linda comenzó a gritar pero sólo cuando la hube golpeado pude calmarme lo suficiente como para poder escucharla. Secándose con un pañuelo la herida de la comisura de los labios Linda me dijo. “Paul, has estado mucho tiempo fuera. No sabía si volverías con vida”. Me derrumbé en el sofá y comencé a llorar ocultándome el rostro con las manos. Linda prosiguió: “aquí la vida continuaba Paul. Era difícil imaginar que pudiese haber una guerra, imaginar qué podía ser una guerra. La ciudad marchaba con su ritmo habitual. Música en la radio, taxis circulando, enamorados paseando por Washington Square, chicos y chicas saliendo a divertirse. Qué difícil pensar qué tú no estabas Paul, y que en algún rincón de Europa te estaban disparando”. "Hace dos años conocí a Nick en una fiesta que mi amiga Rose dio a dos manzanas de aquí. No le presté atención en toda la noche a pesar de que no dejaba de seguirme con la mirada. Me pareció un tipo vulgar, casi inquietante. Tan moreno de piel y con esa enorme cicatriz cruzándole la mejilla. Tan sólo su uniforme de teniente le daba un aire de respetabilidad. Se acercó con una copa de vino para mí y lo agradable de la temperatura en la terraza como excusa para iniciar una conversación. Al contrario de lo que pensaba resultó ser una un tipo amable y simpático, alguien de fiar. Cuando terminó la fiesta me propuso acompañarme a casa y yo accedí. Pero lo que pasó no importa, de verdad. Ni entonces ni en los meses sucesivos. No llores más Paul, no pasó nada importante. Tras este tiempo de permiso que compartimos volvió al frente y no supe nada de él hasta hace unos días cuando vino a visitarme. Tú ya habías vuelto. Estaba demacrado, con la mirada extraviada. Le pregunté si no se sentía feliz por el final de la guerra y negó con la cabeza. Olía a alcohol. Entonces empezó a hablar y hablar y hablar. Dijo que debía ser sincero, que debía contarlo. Explicó como era el paisaje en ruinas de Berlín, con todos los edificios convertidos en esqueletos de hormigón. Una ciudad agujereada donde sólo habitaban las sombras, fantasmas. Niños harapientos corrían por encima de las ruinas que cubrían a los cadáveres, chicas famélicas buscaban sustento para sus familias. Hombres humillados hacían la vista gorda para sobrevivir. Le cogí la mano y me miró fijamente. Sigue hablando Nick, le dije mientras sentía que el cuerpo entero se me helaba. Los oficiales norteamericanos se aprovechan de su situación para violar a las chicas alemanas. En el mejor de los casos les dan comida a cambio de servicios sexuales. Todo el mundo lo sabe, sus padres, sus maridos. Ellas están pagando los platos rotos de esta guerra. He sufrido mucho con esto, Linda. Desde el principio he tratado de denunciarlo a superiores pero también están en el ajo. Me han tratado como a un apestado, me han dado una paliza. Incluso un capitán, un tal Pooley me ha amenazado de muerte. Una chica alemana vino corriendo hacía mi y comenzó a decirme entre gritos que la ayudara que un tipo la tenía retenida desde hacía días, antes de que terminara de explicármelo el tal Pooley le disparó en la cabeza. Luego me encañonó y me dijo que si contaba algo de esto me volaría la tapa de los sesos. Esa imagen me persigue, Linda, no puedo olvidar todo lo que he visto en Berlín”.
“Por eso lloraba, Paul, porque no sabía si tendría las fuerzas suficientes como para preguntarte si ese capitán Pooley, ese sanguinario, eras tú. Si es el mismo tipo elegante y educado que viene ahora a visitarme con su traje de tweed, el mismo que busca una emisora en la radio y mientras me toma por la cintura para bailar me dice que esa música le estremece. El que se emociona con una película…” No le dejé terminar. Me incorporé sin decir nada y le pedí a Katy mi sombrero y mi abrigo. Me dirigí a la orilla del East River y comencé a recordar todo lo que había vivido en la guerra. Sólo los maullidos de un gato escuálido me sacaron de mis cavilaciones. Lo tomé en brazos y decidí llevármelo a casa. Cuando descendía por Broadway le susurré al oído: te llamaré Nick.

9 comentarios:

Carso dijo...

grrrr que estremecimiento sentir al oido ese 'te llamare Nick', soy el gato y le pego un aranyazo antes de lanzarme al rio.

la de la revancha desmesurada de los aliados contra la poblacion alemana es otra de las historias de la guerra (asi en singular, porque la guerra solo hay una, la de los hombres contra los hombres por un trozo de tierra, por una brizna de poder, por una miserable ambicion, desde el principio de los tiempos) que han pasado desapercividas. habian sido tan malos malotes que el castigo debia ser ejemplar. vamos, que les fue de muy poco el no haber estrenado la bomba atomica.

acabas de hacer un salto desde las periferias barcelonesas al NY de Gabriele, el marine de Ester. Estas hecho un funambulista que ya querrian para si los del Cirque du Soleil.

Un abrazo, Jose.

José G Obrero dijo...

Óscar, qué maravilla que estos relatillos los lean ojos como los tuyos.
Estuve leyendo hace poco sobre el tema de la "prostitución" inducida o forzada o directamente, violaciones, a las mujeres alemanas por parte de los aliados y era tan generalizado que sin duda puede unirse a ese catálogo de horrores de la IIGM al mismo nivel de los demás. Hay una generación de mujeres alemanas destrozadas. No recuerdo el nombre de la escritora seguro que el amigo Google nos lo dice.
En cuanto al pobre gato, animalito, creerá que es afortunado por vivir con un refinado burguesito neoyorkino. Incluso correrá a buscar su cuenco cuando oiga "Nick, psss, psss". Igual que toda la sociedad de la época.

Un fuerte, fuerte abrazo.
(Ya no leeréis mis comentarios hasta el 20 de julio. Los textos sí los dejaré programados. ¡Feliz verano!).

Ester Astudillo dijo...

José, vamos, que en mi post de la semana pasada tenía que haber puesto 'to be continued ... next week', tiene razón Óscar (ni los hemisferios faciales, ni las metátesis engañan, ja!).

De las barbaridades de los vencedores poco se sabe, al menos respecto a aquella guerra. En cambio en la de los Balcanes, era la comidilla de los telediarios y los tabloides. Todo es cuestión de la planificación del marketing, y bueno, en los '40 no había tele todavía, así que la propaganda para Goebbels y sus perversos acólitos, al otro lado del muro antes de que se construyese, el telón de acero que levantamos para justificar lo siempre injustificable.

Esta Kity era la madamme del prostíbulo? Las pobres putitas decentes, más o menos como todas, y encima la tal Linda -con ese nombre!-, una romántica! Puta y romántica, vaya combinación paradójica y difícil de llevar!

Bueno, en cuanto al gato, Óscar, concédele al Pooley el beneficio de la duda: tal vez es cierto que la tal Linda le ha proporcionado una epifanía, una pista para viajar hacia dentro. Se puede ver como un gesto de reconciliación y lamento. Aunque bueno, la tunda que le proporciona a Linda nada más verla entenebrece un poco tal posibilidad. Hay quien regresa de la guerra con el síndrome de estrés posttraumático (el pobre Nick) y quien se endurece todavía más, cultivando la rabia y la locura hacia fuera en lugar de hacia dentro. Estructuras psicológicas, las llaman. Pero me callo, que siempre me enrollo demasiado.

José, me ha encantado, detallista y realista a la vez, y además sugerente, para ejercer la imaginación (y la memoria!).

Besazo;)

Mercè Mestre dijo...

José, has fet un retrat magistral de la monstruositat de la guerra, però, sobretot, de l'infern de saber que la "normalitat" de la vida quotidiana amaga monstres que creixen dins de tants i tants ous de serp.

Una abraçada andalusí i molt, molt bon estiu!

José G Obrero dijo...

Querida Ester, ahora que nadie nos oye te diré que siempre he querido tener una novia neoyorquina que se llame Linda o Mia, sofisticada, culta, elegante. Que me llevase a Long Island a fiestas organizadas por su amigo Gatsby o en su defecto, a la puesta de largo de su sobrina (a la que respetaría como si fuese mi tía). Que, como sorpresa, me invitase a cenar en uno de esos exclusivos restuarantes de Manhattan en los que tienes que reservar con dos años de antelación. Que tras la cena, me invitase a un concierto de jazz en el Birland y que todo lo pagase ella con su visa platino. Pero sobre todo, sobre todo, que fuese muy puta y muy romántica dependiendo del escenario (a lo mejor todavía estoy a tiempo).

Mercè i Ester, moltes gràcies a ambdues per tant bones estonetes amb els textos o amb els comentaris. Ja os dirè per mail quan pujo a Barcelona i si n'hi ha possibilitat de veuren's.

Una abraçada.

Ester Astudillo dijo...

Joer, José, no aspiras a nà tú, tío, sí que apuntas arriba. Sabes que el Scott Fitzerald fue un cabrón con su mujer en la vida real? Hay una novela reciente publicada que habla de la versión del 'otro lado', o sea, la de ella, que siempre es mucho más interesante. No recuerdo ni el título ni el autor. Tampoco la he leído, pero la regalé a una amiga que me la pidió.

Sí, claro, cómo es ese dicho: una mujer tiene que ser una dama en la sala y una puta en la cama, jaja! Pues ala, busca, busca, a ver qué encuentras! Juega, juega, a ver si descubres cuál es la diferencia entre el sexo y jugar al parchís!

Por cierto, a mí la verdad es que Linda me parece un nombre muy ordinario, demasiado explícito, muy superficial. Zelda, Mina, Zenobia...

Bueno, pues si vienes por aquí, por aquí estaremos, las p. funcionarias no do/ecentes, que sólo tienen 23 días laborables de vacaciones, contados al dedillo, a la hora y al minuto -salvo crasas excepciones de premio extraordinario, jubilación y otra casuística burocrática tipo fiestas de guardar et al., oi Mercè?

Bon estiu andalusocatalà -ohhh, és que el mistissatge...
;)

Mercè Mestre dijo...

... I si et talles les ungles una mica més curtes, 22 (ai, Grouxo, Grouxo, ai Faemino, Faemino, què cansada que és la vida del p. punkionari!).

Ester Astudillo dijo...

Claro, claro, 22 si es bisiesto, jaja!

Punkionània p'allá total, cansada i... avorrida. Mala, más que mala. A poner la otra mejilla, hombre, que nos han pagao el complemento de l'Acord de blablabla per no haver complert el que no els va sortir de la p. po...: pagar l'agument del 4,5 d'increment de ja no recordo quin any. Tu ho recordes? Volem l'IPC català, vamos todos a corear, como borregos. A la de una, a la de dos, y a la de tres: volem, volem, volem... Ho deixarem per a la llista dels reis.
;)

José G Obrero dijo...

Como dice Matías Prats en un video: "¿Pero esto qué es? ¡¡¿Pero esto qué es?!!" Utilizando los comentarios a un texto como espacio de reivindicaciones laborales. Dónde vamos a ir a parar con este blog. Cada día es más underground.

Petons, que me voy de verdad de verdad. Adioooooos