martes, 30 de junio de 2009

Extremidad

Por Carlos Rull

Sostuvo durante mucho tiempo que su mano derecha le hablaba. Evidentemente, la mayoría le consideró siempre un loco simpático, una alienado gracioso, un personaje extravagante que servía tan pronto para la compasión como para la burla. Según él, su mano derecha tuvo personalidad y voz propia desde que acudió al especialista por un extraño bultito en el brazo. El dermatólogo, viéndolo muy preocupado, afirmó que no era peligroso, un pequeño quiste de grasa, dijo, se puede extraer si así lo desea usted pero le quedará una fea cicatriz. Déjelo entonces, doctor, no me molesta, afirmaba haber respondido sin demasiada convicción.
De las voces que acompañaron desde el principio al pequeño quiste no le dijo nada al dermatólogo, pero sí al psicólogo al que acudió semanas después. Nervios, estrés y una vida sexual poco satisfactoria, le aconsejo unas vacaciones y que eche una cana al aire, fueron el diagnóstico y el tratamiento que recibió. Pero la voz no se iba. Con el tiempo no sólo se acostumbró a ella, sino que se le hizo necesaria e indispensable. Se dio cuenta de que aprendía y pensaba más y mejor gracias al constante diálogo con la díscola y vivaracha extremidad. La independencia del miembro alcanzó incluso el ámbito físico, y la mano aprendió con el tiempo a moverse a su voluntad. La mano y él, no obstante, no dejaron jamás de estar perfectamente compenetrados. Por supuesto, los extraños gestos que implicaba tamaña autosuficiencia manual pronto acrecentaron su fama de persona excéntrica o aun perturbada.
Ambos decidieron dar rienda suelta a la esquizofrénica relación a través de unos cuadros que alcanzaron notable éxito entre ciertos marchantes de la región. Él dibujaba el concepto, la mano añadía los detalles y enriquecía la lectura con otra visión. La mayoría de críticos coincidieron en señalar la multiplicidad de posibles lecturas y la riqueza de matices y perspectivas, algunos incluso sugirieron que tras el artista podía esconderse un colectivo que prefería permanecer en un provocativo anonimato.
Cuando tuvo el accidente de coche - al parecer pretendía sostener una discusión con su mano mientras conducía y ésta se puso muy nerviosa - tuvo que someterse a varias operaciones. Pasó varios días inconsciente. El dermatólogo pensó que era una buena ocasión para eliminar aquel pequeño quiste que tanto preocupó años atrás al ahora famoso pintor: tendría al menos una pequeña alegría al despertar.


© de la imagen: http://www.juliaardon.com


3 comentarios:

Oscar Sotillos dijo...

Despues de tu relato sobre las unyas esta nueva aportacion anatomico-patologica consigue erizar los cabellos, my friend. Menudo disgusto al despertar! Empiezo a ver la silueta de un frankenstein perfilado con cada uno de tus textos, pero de alta costura.
Un fuerte abrazo, Carlos!

Ester Astudillo dijo...

Carles, welcome back, bro! Piano, piano, the world's still turning, like it or not.

Bueno, ahí hay un filón: arte y patología, arte y obsesión, arte y paranoia, arte y esquizofrenia... Creación y a-normalidad van de la mano muy a menudo, y por ahí hay ejemplos muy ilustres -y muy ilustrados e ilustrativos también!
Y tú has sabido transmitir la inquietud y la angustia del que se siente diferente vs. la banalidad de la mirada plana de los médicos y demás eugenistas de turno. Sí, sí, benditos, benditos, porque de ellos es el reino de los cielos. Amén.

Vaya sorpresa agradable va a tener el pobre lisiado cuando se despierte sin su polidactílico miembro! No se hace idea el puto cirujano del favor que le está haciendo, vamos. Si le está arreglando la vida!!! Aaaah, pero sin que nadie le pidiera que se la arreglara, putos cabrones castradores vestidos de bata blanca!

Bueno, un abrazo gordo gordo y welcome back to every-day life. Cause this is life, isn't it?
;)

carlesrull dijo...

Gracias a ambos. Oscar, has clavado el dardo en mi lado cronenbergiano, ese lado oscuro - inquietante, a menudo repulsivo, siempre hipnótico - de la naturaleza humana. No es mala idea, a ver si se me ocurre algo con otras partes del cuerpo - sí, también para la próxima semana erótica - . Y sí, Ester, yes, I'm back como canta el estribillo de la mejor canción de ACDC, la rueda gira incluso cuando todo es oscuro. Sobre enfermedad y arte ya se ha escrito algo en 7V, y es que cualquiera que pretenda ojear el otro lado tiene que estar necesariamente pelín tarado.