martes, 22 de diciembre de 2009

Que van a dar a la mar.

Por Carlos Rull

De un tiempo a esta parte siente un vacío que nada logra llegar. En ocasiones es una repentina inundación de inexplicable melaconlía; en otras, un violento torrente de irrefrenable angustia; en algunas, tan sólo una leve llovizna de congoja. Ha reflexionado larga y pormenorizadamente sobre las causas de tales estados de pesadumbre pero no halla motivo en su bien ordenada y abrigada vida para sentir tal desazón. Y sin embargo, a menudo se ve a sí mismo sumergido en un caudaloso río de inmotivada aflicción, empantanado en infundados sinsabores, ahogado por una enorme y gélida ola de extravío.

Tras leer varios libros y revistas de autoayuda, pensó que hallar una afición constructiva y creativa llenaría ese frío y húmedo agujero o, cuando menos, aliviaría su sufrimiento. Así que se apuntó, sucesivamente, a cursos de fotografía, tai chi, yoga, carpintería, cocina, bailes de salón; incluso jugó y ganó una liga con el equipo de fútbol sala del bar Los Amigos. Cada enero y septiembre se acercaba al quiosco de la esquina y comenzaba puntualmente colecciones que nunca acababa: soldaditos de la Guerra de los Cien Años, jarroncitos de porcelana china, relojes ingleses del siglo XVIII, muñecas francesas del XIX, miniaturas de bólidos italianos del XX, la serie completa de "Jackie y Nuca", cursos de inglés, francés, alemán,... Pero nada funciona. Nada canaliza esta fatigosa angustia, nada seca el mar de zozobra en que navega. No hay acueducto alguno hacia la paz, no hay descanso entre las olas, no hay cobijo ante la tempestad.

El primer día de invierno pasea por la playa, a la orilla del mar. El sonido de las olas en la playa solitaria le proporciona siempre cierta calma. De súbito, sin pensarlo, se quita el abrigo, las botas, el jersey, y se lanza al agua. Está helada, pero él corre hacia las olas, las salta, se arroja y bracea, nada, nada hasta la extenuación y aún más, y mientras nada llora, y sus lágrimas, por fin, van licuando el frío guijarro que le atormentaba, y siente si no la plenitud sí algo muy parecido al consuelo, tal vez incluso a la paz. Y oye la llamada del agua y se abandona y se encomienda cuando la fatiga agarrota sus extremidades. Y en la última inhalación, antes de dejarse llevar por el amorosa y gélido abrazo del mar, siente que al fin el vacío se ha marchado.


De la foto: http://api.ning.com/files/LWw0InctTwmB1fpGpLs-B2iEzEWX3zd4OAQMjrMZycUlIzGy03pp9LY5VEIil9ae10qEE4cUPBeE-xUrDhlgq0u9aeiQR-on/Mar.jpg

2 comentarios:

Ester Astudillo dijo...

... que es el morir. O es el vivir? Yo con estos antónimos siempre me hago la picha un lío. Son antónimos? Son sinónimos? Son co-referentes? Son false friends? En fin, la vida, que es una p. paradoja. Y el mar, que es... muchas cosas también.
Tu hermana en la aflicción;-)

Mercè Mestre dijo...

Fantàstic el teu mar, el de la fotografia i el del relat. La llum de l'aigua i l'atracció de les paraules tenen un efecte hipnòtic. M'agrada la teva pintura líquida.

Petons,

Mercè