viernes, 19 de marzo de 2010

La mano que mece la croqueta



Por Mercè Mestre


Juanito es barrigón, cuellilargo, moreno y estrecho de espalda. Físicamente no vale nada, más bien es feo y vulgar, pero tiene algo en la mirada. Algo oscuro, pero algo. No como la mayoría de personas, que miran al frente por mirar, por no tropezar, para no perderse, por rutina, por curiosidad, buscando algo o a alguien. Él no, él tiene en los ojos dos pájaros negros que te taladran, que te arrancan ramitas de árbol del pensamiento para su nido. Y mejor que no te resistas, que te dejes hacer, porque, si se pone nervioso o se enfurece, es capaz de devastarte el cerebro en pocos minutos picando donde no debe.


Sus amigos de la infancia, los que le conocen de verdad, dicen que nació con reminiscencias de dinosaurio, que se comporta como un híbrido. Yo no acabo de entenderlo, pero en el fondo me da un poco de miedo. Es tan extraño...


En la oficina vive en su mundo. Se ha creado su propia guarida (treinta años arrancando ramas dan para un buen nido) en la cara oculta, sombría del almacén de compras del departamento de suministros. Quién sabe lo que, en su afán de acaparar, debe haber guardado en aquella cueva.


Malas lenguas dicen, incluso, que alguna noche se ha quedado a dormir en el despacho. A saber por qué. Sospechan que de vez en cuando alquila su piso a inmigrantes para sacarse un dinerillo extra i esta es la razón por la que no va a dormir a su casa.


Bueno, el caso es que yo aún no lo conozco mucho porque sólo llevo un mes trabajando en el departamento de ventas de la empresa. Y no sé. No quiero pensar ni decir lo que no es, pero creo que Juanito es un psicópata.


Hace dos días, en el aperitivo de Navidad, lo estuve observando. Entró de los primeros a la sala y se quedó en un rincón, estratégicamente situado junto a la puerta por donde iban apareciendo las bandejas de canapés, pastas, aperitivos, bebidas y turrón. Pensé que él debía encargarse del recuento porque no apartaba los ojos de la munición. No hablaba con nadie, no sonreía, no dudaba; sólo escaneaba comida, material fungible. Pero lo más curioso, aparte de su mirada, eran sus manos y su cuello. Yo diría que sus cartílagos respondían a una antigua llamada y, ante la perspectiva de cazar la presa, se alargaban para facilitar la tarea. Juraría que su cuello era más flexible y anillado que de costumbre, que los dedos de sus manos, bastante desproporcionadas para sus brazos delgados, también eran ahora más largos y precisos, incluso afilados. Pero la imagen que no olvidaré nunca, nunca, es la salvaje ternura con la que sostenía -o mejor dicho, mecía- en su mano una croqueta de jamón -una tras otra- antes de devorarla litúrgicamente. En silencio, con los ojos entornados y una ligera babilla en la comisura de los labios.


Al día siguiente encontré sobre mi mesa una misteriosa nota que decía: "En el fondo de la cueva el dragón nunca duerme. Disfrazado de pared, de sombra, de nada, escucha, observa, espera."


6 comentarios:

Carso dijo...

dios mío, mercè, después de tu relato nunca jamás podré volver a disfrutar de las croquetas de mi madre sin pensar en la mirada fría de un Juanitosaurio en mi nuca. qué sudor frío, qué pavor a los rebozados y qué buena pluma, joé!

Ester Astudillo dijo...

Ji ji, departamento de suministros, material fungible, cuello sobreanillado y dos pájaros en la cara. JO en conec més d'un/a, un@, siguem políticament correctes.

Que tel·lúrica aquesta amenaça, al desota de tot, on ningú no hi fa vida, els magatzems que acullen clips, bolis, dracs, ossos i cadàvers. Jo hi he baixat algun cop amb el meu Juanito de torn i és un univers fascinant, molt més interessant que el de la superfície.

Que guai aquest relat, en castellà! No té dedicatòria però sospito que li dediques a algú de pensament. No cal que m'ho diguis, i ara! Tampoc sóc tan xafardera.

Muax muax i bon finde;-)

Anónimo dijo...

La mà que bressola la croqueta és la mà que mou el món? Umm... No ho sé però m'estic fent a la idea. De moment... Una de croquetes de bacallà i una canya!
Manel Q.

Mercè Mestre dijo...

No pateixis, Òscar, i menja tranquil·lament les croquetes de ta mare, que el Juanito és sauri però no tonto, i ara estarà uns dies sense sortir de la cova perquè sap que l'hem descobert, brrr.

I no, Ester, compi, aquesta vegada el pastís no va dedicat a ningú en concret. Però sí que podria ser qualsevol dels psicopatillus que es mimetitzen entre les parets i les taules i no donen senyals fins que els tenim a un mil·límetre de la jugular. En coneixem uns quants, oi???

Oi que no deixareu de fer croquetes aquest cap de setmana, sí, sí, slurp!

;o)

Mercè Mestre dijo...

Compartim croqueta, Manel (està escrit a les línies de la teva mà i no t'escapes, he, he!)

Antonia Martos dijo...

Ostres Mercè, com diu Carso, de Juanitossauros hi ha molts. Almenys, m'has fet pensar i has aconseguit una catarsi completa en mi com a lectora. La caracteritzacio del protagonista del teu relat és excelent.
I la foto genial. També m'ha vingut al pensament alguna cosa semblant a l'Ester (em refereixo als aperitius de Nadal). Fantàstic,
Antonia