domingo, 14 de marzo de 2010

...son los ríos.

Por Rufino Pérez

Nació el día del terremoto. La desaparición bajo los escombros de miles de personas se compensó con la luz que apareció en sus ojos, incluso ya en el vientre de su madre. Los grandes acontecimientos marcaron así su vida desde el mismo momento de nacer.

Fue héroe en la guerra que le obligaron a hacer porque la luz de sus ojos detectaba las minas que sembraban los campos. También fue Premio Nobel de Investigación porque no se cansó de observar la azarosa vida de las hormigas.

Entre la multitud que abarrotaba las calles en aquella mañana de júbilo nacional, supo descubrir el amor de su vida, con quien ya por la tarde ambos habían decidido que iban a ser la pareja del año.

Cuando sentado en su silla de octogenario todavía se asombraba del precioso vuelo del águila, o del movimiento de los labios del gato al lamerse la pata, de la sonrisa dulce del recién nacido que dormitaba a su lado, o del beso apresurado que recibió en la mejilla, supo ver que pronto la luz de sus ojos se apagaría. En su fuero interno, agradeció una vez más, que nunca hubiera perdido el sabor de las pequeñas cosas. Una leve réplica del primer terremoto se manifestó en un delicado temblor de su mano y le devolvió al origen.

4 comentarios:

Ester Astudillo dijo...

Complacido y complaciente final, entonces, para el octogenario. Qué más se puede pedir que una coda, que aunque pequeña, no desentone con el cuerpo de toda una vida? Piano, piano, pianissimo e fine.

Besssoo;-)

paula dijo...

precioso Rufino ...ojos de gato que arañan vida a las pequeñas grandes cosas.Este niño, fué un verdedero terremoto de inocencias y murio con una piruleta puesta je,je.
Besazo y magdalena VITOL!!!!

Carso dijo...

el secreto de la felicidad reside en las pequeñas cosas, pero es tan evidente como la carta de Poe que de tan evidente nadie supo encontrar.
y tu texto es una de esas pequeñas cosas que alegran la vida.

Mercè Mestre dijo...

Amb una mica de tremolor sí que ens deixes, Rufino. En l'escala Richter dels sentiments.

Una abraçada.