miércoles, 7 de abril de 2010

Centro

Por José G. Obrero

Esta gravitación no sigue órbita.
Oscila en movimientos caprichosos,
bruscos giros.
Hace ya tiempo que existió una cuerda
delgada en el asirse continuo de las manos.
Ahora quema.
El débil vínculo precipita el tropiezo,
sacude el cuerpo, la embestida insiste;
persevera en el surco.
Permeable silencio que no cesa el goteo.
Hembra esmerilada invitando al naufragio.
Plumífero orificio por donde salta el filo
hiriente de la piedra.
Los límites ahuyentan a las mallas:
todo apunta hacia el fondo.
Sin órbita
Sin centro.

5 comentarios:

Mercè Mestre dijo...

Caer girando como la pluma. Con levedad. ¿Con tristeza? ¿Hacia, hasta dónde? (tiernamente, frágilmente; no silvando como la flecha).

Quizá me equivoco, pero creo que el centro no existe, que hay tantos centros como concentraciones de alma, como impulsos, como espejismos.

Esto es lo que entreveo a través de tus palabras esmeriladas, José.

Un beso y suerte con el píxel (concéntrate para mañana)

José G Obrero dijo...

Mercé, me encanta tu segundo párrafo, me has dado una respuesta que no había pensado. Me tranquiliza.

Gracias por los ánimos. Como se dice aquí, estoy "atacao". Pero bueno, son nervios muy enfundados en ilusión.

Brindaré por ti y por los sietevoceros/as.

Un beso.

Carso dijo...

hay un grupo de los 90 con un nombre anticomercial (713avo amor) que tenían una canción cruda, larga y extraña en la que el protagonista huía de dios y de sus esbirros (le perseguían en una ambulancia cuya sirena aullaba "te quiero"). la pretensión de dios and cia era que admitiera a voz en grito que existía el centro de su corazón. él no podía admitirlo y dios y sus aprendices de guantánamos lo torturaban hasta matarlo.
la canción (el disco entero que perdí en una grabación de casete) era estremecedor. tu poema no, tu poema es una peonza que no busca el centro, ni la órbita, sino el baile. y lo hace estupendamente.
mañana brindamos.

Antonia Martos dijo...

Hola José
buen poema, como lectora de tu poema he notado el balanceo de mi cuerpo en un barco, navegando. Aunque no exista el "centro" no importa. De vez en cuando hay que acabar con los dichosos límites que no ayudan a navegar.
Un abrazo,
ANtonia

R.P.M. dijo...

Bueno José, hoy sí que estarás centrado, así que ánimo. Tu poesía me ha sugerido varias lecturas, incluso alguna en plan sex. Pero me quedo con la gravitación sin más, sin órbita. Es perfecta para definir esa voluntad de permanecer sin sujeción a unas leyes -incluso naturales- Precioso.