martes, 22 de junio de 2010

Un juego: dos relatos II. Pequeño resorte

Por José G. Obrero

Porque todo comienza con el ruido
de un pequeño resorte
dentro de ti
indómito
el sonido de una pequeña aguja.

María Lainá


UN JUEGO DOS RELATOS II. PEQUEÑO RESORTE

PEQUEÑO RESORTE MODO “OFF”

Me gusta cruzar la ciudad por la noche. Los neones y letreros luminosos de los barrios parecen invitar a una fiesta secreta. Se abren las calles con continuas escenas. El taxista no habla (yo se le agradezco). Disfruto escuchando cualquier tipo de música mientras observo a la gente: una pareja besándose, un grupo de adolescentes con su monopatín bajo el brazo, un corredor aprovechando la temperatura suave de esta hora. Llega un mensaje de Elsa. Me reconforta saber que no anda lejos y que, si no fuese por esta primera hilera de edificios, podría ver su ventana en este instante (estoy pasando a su altura). Y aunque me encantaría verla no iré a su casa, mañana tengo que levantarme temprano y me espera un día duro. Ya sé que me he preparado la charla, pero nunca está de más darle un último repaso. Me siento afortunado con este trabajo que siempre plantea retos. En general, me siento afortunado de tener un trabajo en los tiempos que corren. Llegamos al destino. Ahí está “El Inglés” acodado en la barra. No es mal tipo. Le invitaré a una cerveza después de que me pase la bellota. Me apetece acabar la noche en mi casa, escuchando a Devendra con un porrito. La alegría me toma la cintura.


PEQUEÑO RESORTE MODO “ON”

Cruzo la ciudad por la noche como el que se adentra en las fauces de un monstruo. Los neones y luminosos de las calles me agreden. Me recuerdan demasiado a los locales sórdidos de mi barrio: pizzerías mugrientas para adolescentes con pretensiones, bares de viejos con w.c de agujero en el suelo donde siempre asomaba la cabeza de la última cagada.
El taxista quiere amargarme con su mal gusto musical. Canciones ñoñas para marujonas solitarias al borde del divorcio o incapaces de hacerlo. Tristones de alma fofa por el exceso de azúcar y soledad. Mejor que no me hable porque debe de ser estúpido y no estoy para monsergas sobre el tiempo.
Me pregunto qué hace esa fauna por la calle. Una pareja se besa antes del naufragio, un grupo de adolescentes, carne de cañón, exhiben bajo el brazo sus escasos recursos: saber patinar, un tipo corre para escapar unos minutos de su vida (de lo contrario no entendería qué hace a estas horas de la noche). ¡Dios, lo que me faltaba, un mensaje de Elsa! ¿Qué quiere ahora? No, no puedo continuar, me asfixia: nos vimos hace sólo tres días. Además, mañana tengo un día duro en el puto curro. ¿Es qué debo de estar eternamente agradecido por tener un trabajo? Es una basura. Contenedor de materia orgánica donde arrojo mi vida día tras día: carne de mediocridad. Y debo dar las gracias: ¡pues gracias, joder!
Llego a mi destino. Ahí está “El Inglés”. Si no fuese porque me pasa chocolate no trataría con semejante tipejo en mi vida. Acabaré la noche fumándome un porro en mi casa mientras escucho a Devendra. La idea de caer derrotado en la cama me aligera esta angustia.

5 comentarios:

Ester Astudillo dijo...

Hay más días que longalizas. Días a). Días b). Para todos los gustos. Y de puente a puente, y tiro porque me lleva la corriente.

Muax, y buena verbena no celebrada por esos lares -imagino.;)

paula dijo...

off/ on....ese pequeño resorte, que no hace saltar a todo el mundo...hay que tener luz, hasta pa apagarse y sangre pa desangrarse...y to verda y to mentira...sólo el taxista es real,siempre hace falta pa llevarte a algún sitio.........mi casaaaaaaaa, hoy veré a ET en bicicleta je,je.
Besitos a los dos...por cierto Ester: Hoy hay cita brujeril de terrao en terrao???...nos llamamos a voces...Bueno, cuando salte la ola, ya os pido algo compis...seguro una próxima tertulia compartida.MuaXL

Mercè Mestre dijo...

Si fuera gallega -que algunos días lo soy-, diría y digo: "depende". Si fuera Jarabe de Palo -que nunca lo he sido ni lo seré-, diría: "¿de qué depende?" Y si fuera psicóloga argentina -que, cuando crezca hasta mi propia altura, tampoco lo seré-, diría: "claro, depende de este alien que somos y son".

Claro. El que tiene la suerte de vivir en modo "off" ("El inglés" mediante o cóctel de suerte+serotonina mediante) en un porcentaje superior al 50%: larga vida y horchata de chufa. El que tiene la jodienda de malvivir en "on" (Demasiado "El inglés" mediante o cóctel de mala suerte+bajo nivel de serotonina mediante) en un porcentaje inferior al 50%: corta vida o larga y mala y agujitas para cenar, si es que cena.

Muy bueno, José. Como la vida misma. Buscaré Devendra por el Tutubo, que no tengo el gusto.

PS. Avui saltem fougueres i preparem tertúlia. Cada cop som més bruixes (més nombroses, vull dir)

Carso dijo...

Y yo me pregunto, ¿dónde está el interruptor?
El otro día pensaba en un relato que no escribiré en el que Fernando Alonso se encontraba detrás del volante de una furgoneta. Repartía diarios y se preocupaba por su día a día. Llegar a tiempo de recoger a su hija en la guardería era un triunfo mayor que si ganara el mundial de F1.
¿de qué depende -que diría Mercè Mestre si fuera Jarabe de Palo- nuestra capacidad de instalarnos en el On o en el Of?
Se lo preguntaré al Inglés, digo al oráculo.

José G Obrero dijo...

Dichosas vosotras, brujas y magas levantinas, mediterráneas, que disfrutaréis d'aquesta nit amb les fogueres, petardos y bengalas. En Córdoba será testimonial y, este día y Sant Jordi, son de nostalgia en "on" para mí.
El pequeño resorte, al final, tiene raíces más profundas que esta simplificación pero bueno, hay que simplificar.
El cantante se llama Devendra Banhart y, Mercé, te lo recomiendo encarecidamente.

Petons a totes tres.