viernes, 30 de marzo de 2007

De santos y divos

Por Iván Sánchez Moreno

El arte no sirve para nada, es un fenómeno tan inútil como pretencioso y amparado en la retórica y en el consenso de unos pocos círculos de poder e influencia mediática. Su ambición parece no implicar ya una responsabilidad social y trascender sobre sus valores sino cebar la panza de quienes pululan alrededor del artista y su obra.

Desde que en el Renacimiento el artista se ganó un reconocimiento personal que le rescatara del anonimato, la que antaño fuera su ingenua labor de contribuir al desarrollo constructivo de una cultura ha derivado materialistamente en el tejido de un halo de proteccionismo por mor de la supervivencia. Así, igual que en el ciclo de la vida salvaje, también el del arte se mantiene por una cruel cadena trófica donde campa con mayor descaro la ley del más fuerte, y el artista ha de conseguir en todo momento hacer resonar su nombre constantemente para no ser olvidado y canjeado por otros museos.

Éste es un mundo de lobos y carroñeros. Aunque se pretende creer que presenta iguales condiciones para todos/as, la falsa democratización del arte disimula una encubierta política individualista y neoconservadora gracias a la cual os escasos privilegiados de siempre destacarán por encima de los demás con el beneplácito de la mayoría. Por tanto, sería justo considerar entonces como artista sólo a aquéllos que hubiesen escogido invertir su vida exclusivamente en lo que está estipulado como arte.

La actitud que se destila de ello es muy distinta en el caso del artista humilde que prefiere ver reflejado su acto creador en el beneficio de la comunidad antes que disfrutar del reconocimiento público. Sin embargo, esta ingenua idea del artista comprometido es a todas luces tan egocéntrica y prepotente como la del que está en esto sólo por la fama y el ombliguismo. Si para aquéllos la prueba de su sinceridad sería la de ignorar su identidad a cambio del uso anónimo de su talento, la validez consuetudinaria de los segundos debería ser avalada por la proporción económica de los costes de producción de su obra. En palabras más llanas: o se valora al artesano eficaz y hacendoso o se valida tan sólo al artista que, por ejemplo, presenta una instalación de planta basílica hecha con titanio y mármol de Carrara. Ya ven que el arte de la mitad occidental del mundo es, por su naturaleza competitiva, una herramienta retrógrada se mire como se mire...


Pero en contrapartida, el arte todavía adolece de una carga de humanismo que lo convierte en un extraño artefacto cuya vacua necesidad colma lo que algunos llaman alma y otros denominamos sensibilidad. Les comentaba al abrir este artículo que el arte no sirve para nada. Sin embargo, algo en el fondo de ustedes les dice que no es verdad, que sea cual sea el valor intrínseco –más que explícito– del arte, probablemente sólo pueda ser definido desde el margen de lo racional. No en vano, el arte ha sido desde el principio de los tiempos una praxis de significación abstracta cuya epistemológica e incluso biológica necesidad para el ser humano ha quedado patente en casi todos los actos simbólicos que denotan inteligencia y dominio del medio. Pese a los críticos, los galeristas, los museólogos, los agentes, los académicos, los coleccionistas y los artistas mismos, pese a todos ellos, de no existir el arte, debería ser inevitablemente inventado. Esa es quizá la única y no obstante más poderosa bondad de este “inútil” fenómeno que es el arte.

4 comentarios:

carlesrull dijo...

Rubén Darío explicó muy bien lo de la "utilidad" del arte en este breve relato que me atrevo a copiar íntegramente:

"En el paraíso terrenal, en el día luminoso en que las flores fueron creadas, y antes de que Eva fuese tentada por la serpiente, el maligno espíritu se acercó a la más linda rosa nueva en el momento en que ella tendía, a la caricia del celeste sol, la roja virginidad de sus labios.
- Eres bella.
- Lo soy - dijo la rosa.
- Bella y feliz - prosiguió el diablo-. Tienes el color, la gracia y el aroma. Pero...
- ¿Pero?
- No eres útil. ¿No miras esos altos árboles llenos de bellotas? Ésos, a más de ser frondosos, dan alimento a muchedumbres de seres animados que se detienen bajo sus ramas. Rosa, ser bella es poco...
La rosa entonces - tentada como después lo sería la mujer - deseó la utilidad, de tal modo que hubo palidez en su púrpura.
Pasó el buen Dios después del alba siguiente.
- Padre - dijo aquella princesa floral, temblando en su perfumada belleza- , ¿queréis hacerme útil?
- Sea, hija mía - contestó el Señor, sonriendo.
Y entonces vio el mundo la primera col."

paula dijo...

Hace tiempo que tenia ganas de enviar un comentario a tus escritos. Pero me frenaba ,por una parte mi incultura, conste que mejorada con largas búsquedas en google ,de los términos utilizados y personajes nombrados.Por otra tu tono,divinamente expresado(que gozada de palabras barrocas,de imágenes) pero críticamente arrasador ,que siempre me recordaba al chiste de Eugenio, pero ¿hay alguien mas?.Bueno, puestos a confesar también pensé contestar tu escrito anterior, el de la imagen, con el ejemplo de Elsa Pataky y sus desnudos light y estupendo…pero no se, si te hubiera molestado.
Después de este rollo y con una rosa en la mano, que no col…..Yo no se si son arte(los títulos de conselleria son sospechosos), pero hay cosas ,incluso pagando por verlas, que me arrancan un ole!!!!,las gratis, además, un baile de miradas agarrao.

Anónimo dijo...

Gracias, Paula.
Como ves, todo miedo es infundado. La incultura no existe, es sólo un arma simbólica de los que detentan el verdadero poder (esto es, de los que "mueven los hilos": intelectuales, académicos, críticos, agentes artísticos, mediadores [de mass-media], etc.) para separar de nuevo a la población entre clases, no ya sociales, sino groseramente elitistas.
Escribir este comentario que has publicado es, cuando menos, un acto de valor que te redime de eso que dices te frenaba.
El mayor elogio que puedes hacerme es sin embargo esa curiosidad que te he despertado y que te lleva a buscar por Google términos y personajes. Ése es sin duda el mayor placer que puedo encontrar en lo que escribo.
Confesaré, por mi parte, que no quería caer en el pedantismo, pero me temo que por tono y contenidos iba a ser inevitable. Me produce cierta ambigüedad ese "abarroquismo" que señalas, y reconozco mi sádico placer en lo de "críticamente arrasador" (ah, qué gustirrinín, como decía Gila). No conozco el chiste de Eugenio, así que no le pillo la gracia (perdona mi sentido del humor, más bien me parece un sinsentido del tumor). Confieso, además, que éste que acabas de leer es un texto que, ahora que lo pienso mejor, no debería haber publicado nunca. Me parece malo y gratuitamente retorcido. No era mi mejor día cuando lo escribí, de eso no me cabe la menor duda...
Dices que me hubiera molestado leer algún comentario sobre los textos que "cuelgo" (como si fueran forajidos del Oeste). Al contrario, Paula, eso es lo que más sentido le da al fenómeno de la escritura, ¿verdad?, que le lean a uno. Si nadie contesta, ¿cómo voy a saber yo quién está al otro lado... si es que hay alguien? Porque lo he dudado muchas veces al ver desierto el casillero de los comentarios: será que no le gusto a nadie, como el pobre Calimero...
Y (¡por fin!) alguien rompe ese funesto silencio. Y lo hace con el temor a ser reprendida... No, Paula, me encanta conocer tu opinión de lo escrito, intercambiar esas miradas. ¿No es acaso eso el arte?
Un gusto conocerte, de verdad.

Iván Sánchez Moreno

Marc Vintró dijo...

Bé, no em ficaré ara en si l'art o la cultura en general són útils o no, o si ho són més que una col o no. En tot cas, em limitaré a senyalar que quan a una comunitat humana li arranques la cultura, el que queda, simplement, fa molta i molta por. I si no, mireu l'actual xina.