sábado, 14 de julio de 2007

DESEOS PROHIBIDOS

Por Rufino Pérez

De todas las acciones que diariamente el ser humano realiza, hay muy pocas que dependen de la voluntad. ¿Puedo decidir acaso a qué hora me levanto cada mañana? Bueno, en un margen de 5 ó 10 minutos sí, pero no más. Mi hora de levantarme la marca el horario de trabajo, o el horario de vacaciones, que también en vacaciones hay un horario. Tampoco puedo decidir no lavarme la cara o no vestirme, porque tengo que salir a la calle como dice la canción: ”con la cara lavada y recién peiná” -perdón si os hiere la cita de Escobar, pero es que hoy voy de retro-.

Y tampoco puedo decidir qué desayuno tomar porque todo depende de lo que hay en la nevera. Si alguna vez juegas con el deseo y eliges el desayuno que vas a tomar antes de abrir la nevera, hay una alta probabilidad de que no puedas realizarlo – el deseo- porque faltarán los ingredientes para ese magnífico desayuno. Y acabas tomando café con leche como todos los días.

Y harto de tener esos conatos de voluntad que terminan en frustración, uno acaba por no ejercerla –la voluntad- y adquiere el hábito de operar por costumbre: primero voy a la nevera y en función de lo que veo allí, digo “hoy me apetece desayunar…”, o bien, “hoy no desayuno”. ¿Y me quedo totalmente satisfecho por haber ejercido mi voluntad o más bien con la cara larga por no haber podido colmar mi deseo? No lo sé, pero el caso es que me quedo con hambre.

Un buen día se cruza en tu camino un objeto de deseo –no seáis malpensados-, te fijas en él –el objeto- y sientes la necesidad de tomarlo, pero voluntariamente, decides que no, que no vas a tomarlo porque el objeto no es tuyo, está detrás de un escaparate y cuesta un pastón. La voluntad mediatizada por la razón y la "consciencia" ha frenado el deseo.

¿Realmente es así? De momento sí, por eso somos personas culturalmente racionales. Pero hace falta mucho más para ahogar el deseo. Éste, que se ha quedado en forma de estímulo residual, organizará nuestra voluntad para decidir un día y otro día pasar por delante del mismo escaparate y lanzar miradas posesivas al objeto.

Más adelante, decides fijarte en otros objetos más asequibles y similares al primero. Pero no sé qué ocurre pero no resultan ni de lejos iguales al él, ése que sigue día a día expuesto en el escaparate de tus fantasías. Porque ya hace tiempo que te alimentas con la fantasía de poseer el objeto, de que ya es tuyo. Poco a poco, el deseo está ganando nuestra voluntad.

Pero es ridículo, ¿cómo voy a entrar y decirle, decirle qué? ¿Preguntarle por el precio? Si está muy claro. ¿Decirle que me lo dé a plazos? Una tontería. Me vuelvo a casa.

Vaya, parece que me he olvidado del deseo, parece que ha huido, ha desaparecido, pero, coño, si estoy delante del escaparate otra vez, ¿cómo he llegado hasta aquí? Sin duda voluntariamente, porque nadie te ha traído, has venido tú solo. Y ese día das un paso más y entras en la tienda, y ya te han preguntado con cara sonriente y afable ¿qué deseas? -Vaya, cómo se habrá enterado esta persona de mi deseo?- Y le cuentas la verdad, que tienes un deseo, sí, un fuerte deseo y que no tienes muchas posibilidades de conseguirlo. Y escuchas tus palabras y no las reconoces como tuyas.

Piensas que ahora es cuando te echa de la tienda con una afable sonrisa. Pero no, lo que está haciendo es retirar el objeto del escaparate. Y lo está envolviendo y te lo entrega. Te dice algo así como que después de tantos días de verte plantado delante del escaparate, había deseado que te decidieses a entrar. El precio no puede variarlo, él es un simple dependiente, pero os arriesgaréis los dos a que puedas ir pagándolo sin que el dueño se entere.

Desde entonces, creo que es posible que exista el eco antes de que se produzca la voz, aunque éste nunca se manifestará si antes no se produce una exclamación voluntaria. A partir de ese momento, caminarán toda la vida juntos.

Por cierto, la anécdota, aunque mal contada, es real.

5 comentarios:

Marc Vintró dijo...

En serio que és veritat? Però qui és el sant que fa de dependent? I, si no és indiscreció, de quin objecte de desig parlem? Ja sé que algunes de les meves preguntes falten a la bella poética de la narració, però és que la curiositat em pot.

R.P.M. dijo...

Una cámara fotográfica. Y el dependiente, hace años que a base de propinas saldé mi deuda y le he perdido la pista. Era mayor y seguramente, le caí en gracia.
Lo de "deseos prohibidos", ha sido un poco por seguir la iniciativa de
Andrés, aunque realmente no estoy muy de acuerdo con ganar lectores de esta manera. Un abrazo.

ivansan69@latinmail.com dijo...

¿Por qué es tan difícil conocer a dependientes tan pendientes de los verdaderos deseos del prójimo? ¿Por qué son ahora los deseos tan impuestos por el gusto social? ¿Por qué es tan raro poder contar anécdotas tan hermosas como estas, hoy en día? Gracias por hacerme creer que aún hay buenrollismo en el mundo. Aunque sólo sea por vender una cámara a plazos.

carlesrull dijo...

Una bella anécdota y, digas lo que digas, muy bien contada. Gracias por recordarnos las muchas sorpresas que las buenas gentes - que no son pocas aunque hagan poco ruido - de este mundo aún pueden darnos. Un abrazo, compa.

Carla dijo...

Un text preciós i molt ben narrat... excepcional el final, és a dir, quan resulta ser veritat... Com és que has trigat tant en escriure una cosa com aquesta?? Petons