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viernes, 24 de septiembre de 2010

TEJIENDO AUSENCIAS


Acurrucado entre las alas de la noche y custodiado por dos piernas centinelas vivía el deseo hecho ausencia, que Penélope, con sus trucos de experta tejedora, rizaba en pubis de granados otoños y bordaba con hojas perennes del color de los sueños, sobre tapices de su piel.
Sed de nostalgias gemía con voz húmeda de amares, entre sus labios de lirios sonrosados, y el eco de memorias resonaba aromas sobre su monte de Venus, devolviendo míticas imágenes de su particular odisea, que la condenaba al no olvido.

jueves, 19 de marzo de 2009

For my Uncertain Angel: a Poem


Por Ester Astudillo


Fools Rush In Where Angels Fear to Tread (A. Pope)





Por la vereda honda,
Trasiego atrás en el tiempo,
Prendido anduviste a mi margen,
Con tu traje de transitorio
Y una sonrisa callada
Tras los escombros.

El beso que me afanaste,
El guiño por ti ofrecido,
Todo vino a dar en uno:
seráfico tu nombre,
Y bajito, bajito.

Aunque incumpliste,
A tu pesar (admitido),
Tales mínimos ritos
Yo quise querer brindarte
Un baile apretado,
Íntimo.

En silencio
Acunamos ese instante,
Digno compás
De entreguerras.
Y hurto.
Y acertijo.

También rayuela afilada
Picaresca de las horas
Flor azul del laberinto.

Y aun así, si hoy pintamos
Claro añil largas sombras,
Si apagamos el bullicio,
Cuando te arranque tu traje,
Peine el polvo del camino,
¿Querrás velar tú el temblor
Bajo el vestido de Ícaro?
¿Libar la brecha aterida
Sin reticencias ni prisa?
¿Abrir cuenta en tu reino
Con el PIN de nuestras sílabas?
¿Hilar la orilla que encierre
Ese jardín infinito?

Y el fruto que allí sirvieran
¿quién antes lo probaría?


domingo, 27 de abril de 2008

COMPADRE QUIERO CAMBIAR...

Por Rufino Pérez

Se había fijado casi sin querer. Tal vez había sido la llegada de la camarera, que había tropezado levemente con la pata de la silla, al pasar. Pero qué guapo resultaba aquel chico. Nada especial, incluso le sobraba un poco de barriga. Bueno, también al estar sentado… y solito, uhm, parece triste. Yo le cambiaba esa cara pronto.

Y de pronto fue, cuando él levantó la vista y por un instante captó los ojos de ella. No sonrió pero casi. Y ella apartó los suyos para que no le robase sus pensamientos. Un sorbo de café y los párpados que se abren descuidados para notar que ha cogido una servilleta y está escribiendo algo. Sin saber si la está mirando, la ha dejado bajo la taza, prendida de una esquina, y se ha marchado.

Un minuto más y la camarera vendrá y se llevará la taza y el misterio. Otro sorbo de café, monedas sobre la cuenta, bolso, gafas con las que pudo leer: tienes los ojos más bonitos de la creación.

La sonrisa que se extiende y sin querer escribe en el aire: yo cambiaría tu tristeza por mi dolor de corazón.

Con el eco de la sonrisa, la camarera recoge la mesa y guarda la servilleta, por si esta vez él, de camino hacia el blanco infinito del folio, es capaz de continuar escribiendo su primera novela.

domingo, 23 de septiembre de 2007

El paso del tiempo, dos.

Por Rufino Pérez


Querido tiempo

espero que al recibo

de ésta

te encuentres bien.

Yo bien, como siempre

y la familia

también.

Sólo una cosa

que ayer

no pude decirte:

“corre, tiempo, corre

pasa de mí,

sigue con tus viejas zapatillas

la carrera.

No te detengas,

no vuelvas la vista atrás,

déjame marchitar mi rostro

en el no-tiempo

en el no-espacio

en el infinito mundo

de sus besos.

¿Te he pedido yo acompañarte?

Entonces, ¿por qué me llevas?

¿Que no tienes suficiente

con toda la sal del mar

que también quieres

mi pobre salero de mesa?

Si al menos tuvieras una meta,

un premio que te espera,

pero, ¿qué digo?

si corres sin dorsal

si no gozas con la carrera.

¡Qué pena!

ningún club te ficha

porque no tienes espíritu

de equipo,

porque corres solo.

Eso sí,

contigo llevas momentos,

ilusiones, dolor y risas.

Guárdalos, si sabes.

Y ahora,

que a lo lejos te he visto

pasar,

sigue, no te vuelvas,

saluda de mi parte

a las estrellas,

yo me quedo con una,

que entre tantas

no notarás su ausencia.”

No espero tu respuesta.

Atenta-

mente,

Firmado:

Un ser humano.

sábado, 14 de julio de 2007

DESEOS PROHIBIDOS

Por Rufino Pérez

De todas las acciones que diariamente el ser humano realiza, hay muy pocas que dependen de la voluntad. ¿Puedo decidir acaso a qué hora me levanto cada mañana? Bueno, en un margen de 5 ó 10 minutos sí, pero no más. Mi hora de levantarme la marca el horario de trabajo, o el horario de vacaciones, que también en vacaciones hay un horario. Tampoco puedo decidir no lavarme la cara o no vestirme, porque tengo que salir a la calle como dice la canción: ”con la cara lavada y recién peiná” -perdón si os hiere la cita de Escobar, pero es que hoy voy de retro-.

Y tampoco puedo decidir qué desayuno tomar porque todo depende de lo que hay en la nevera. Si alguna vez juegas con el deseo y eliges el desayuno que vas a tomar antes de abrir la nevera, hay una alta probabilidad de que no puedas realizarlo – el deseo- porque faltarán los ingredientes para ese magnífico desayuno. Y acabas tomando café con leche como todos los días.

Y harto de tener esos conatos de voluntad que terminan en frustración, uno acaba por no ejercerla –la voluntad- y adquiere el hábito de operar por costumbre: primero voy a la nevera y en función de lo que veo allí, digo “hoy me apetece desayunar…”, o bien, “hoy no desayuno”. ¿Y me quedo totalmente satisfecho por haber ejercido mi voluntad o más bien con la cara larga por no haber podido colmar mi deseo? No lo sé, pero el caso es que me quedo con hambre.

Un buen día se cruza en tu camino un objeto de deseo –no seáis malpensados-, te fijas en él –el objeto- y sientes la necesidad de tomarlo, pero voluntariamente, decides que no, que no vas a tomarlo porque el objeto no es tuyo, está detrás de un escaparate y cuesta un pastón. La voluntad mediatizada por la razón y la "consciencia" ha frenado el deseo.

¿Realmente es así? De momento sí, por eso somos personas culturalmente racionales. Pero hace falta mucho más para ahogar el deseo. Éste, que se ha quedado en forma de estímulo residual, organizará nuestra voluntad para decidir un día y otro día pasar por delante del mismo escaparate y lanzar miradas posesivas al objeto.

Más adelante, decides fijarte en otros objetos más asequibles y similares al primero. Pero no sé qué ocurre pero no resultan ni de lejos iguales al él, ése que sigue día a día expuesto en el escaparate de tus fantasías. Porque ya hace tiempo que te alimentas con la fantasía de poseer el objeto, de que ya es tuyo. Poco a poco, el deseo está ganando nuestra voluntad.

Pero es ridículo, ¿cómo voy a entrar y decirle, decirle qué? ¿Preguntarle por el precio? Si está muy claro. ¿Decirle que me lo dé a plazos? Una tontería. Me vuelvo a casa.

Vaya, parece que me he olvidado del deseo, parece que ha huido, ha desaparecido, pero, coño, si estoy delante del escaparate otra vez, ¿cómo he llegado hasta aquí? Sin duda voluntariamente, porque nadie te ha traído, has venido tú solo. Y ese día das un paso más y entras en la tienda, y ya te han preguntado con cara sonriente y afable ¿qué deseas? -Vaya, cómo se habrá enterado esta persona de mi deseo?- Y le cuentas la verdad, que tienes un deseo, sí, un fuerte deseo y que no tienes muchas posibilidades de conseguirlo. Y escuchas tus palabras y no las reconoces como tuyas.

Piensas que ahora es cuando te echa de la tienda con una afable sonrisa. Pero no, lo que está haciendo es retirar el objeto del escaparate. Y lo está envolviendo y te lo entrega. Te dice algo así como que después de tantos días de verte plantado delante del escaparate, había deseado que te decidieses a entrar. El precio no puede variarlo, él es un simple dependiente, pero os arriesgaréis los dos a que puedas ir pagándolo sin que el dueño se entere.

Desde entonces, creo que es posible que exista el eco antes de que se produzca la voz, aunque éste nunca se manifestará si antes no se produce una exclamación voluntaria. A partir de ese momento, caminarán toda la vida juntos.

Por cierto, la anécdota, aunque mal contada, es real.