martes, 15 de enero de 2008

ARCAS DE NOÉ

Por Carlos Rull
El futuro ya está aquí. Y no lo afirmo por los aparatitos que se nos cuelan a diario en casa, ni por las tecnologías de la comunicación que nos conectan a todas horas con el mundo entero, ni por el desarrollo de la informática y la robótica, ni por esos infinitos gadgets que se nos han acoplado como apéndices vitales, que nos rodean, nos hacen la vida más fácil, más cómoda, más dependiente, y nos modelan a gusto de los expertos en mercadotecnia. Eso, me temo, no es el futuro – ojalá lo fuera, aún sospechando que nos conducen a “un mundo feliz” - . No. Afirmo que el futuro ya está aquí porque leo que en algún lugar de Noruega, cerca del polo Norte, el Foro Mundial para la Diversidad de Cultivos planea construir en una enorme bóveda en el interior de una montaña un gigantesco invernadero en el que salvaguardar millones de semillas de otras tantas plantas, muchas de ellas en peligro de extinción ante la frenética actividad destructiva – y tan enriquecedora - del ser humano. Lo han llamado el Arca de Noé Vegetal. Eso sí que es el futuro.

Que a alguien se le haya ocurrido la necesidad de crear una pequeña reserva de nuestro patrimonio botánico en un lugar tan remoto con intención de preservar la diversidad, proteger el suministro alimentario y para volver a empezar en caso de catástrofe, es un claro signo de lo inquietante que puede llegar a ser la situación de nuestro planeta. Mientras algunos gobiernos y muchas empresas siguen cerrilmente empeñados en mantener su alto ritmo de enriquecimiento a costa del equilibro natural del planeta, mientras el desinterés de muchos por el problema global que nos acucia se oculta bajo tenues e hipócritas medidas supuestamente ecológicas - ¿hacen falta ejemplos? – que ocupan titulares y permiten retrasar la aplicación de iniciativas realmente efectivas – incómodas, poco lucrativas y menos populares -, a unos señores se les ocurre construir una enorme nevera en previsión de lo que pueda pasar. La medida es relativamente oportuna, muy previsora y obviamente necesaria – pues sabemos con certeza que la destrucción generalizada no se detendrá ante unas semillitas en riesgo de desaparición – para salvar algunos de los muebles. Sin embargo, resulta difícil no caer en la tentación de vincular que, mientras unos van metiendo en un enorme congelador muestras y reservas para un incierto e hipotético futuro, en muchos lugares del planeta grandes extensiones de fértil tierra sin cultivar y muchas manos ávidas de trabajarla se pierden en las corrientes de la sequía, la pobreza y el hambre.

Por otra parte, la creación de la reserva mundial de semillas, además de recordar a muchas películas de ciencia ficción basadas en el mito de Noé, suscita también algunas preguntas. Por ejemplo, ¿sería prematuro suponer que la idiocia general vendrá a poner ahora de moda la creación o la propuesta de creación de enormes reservas de lo que sea? El ser humano, ya lo escribió alguien en este blog, siente la necesidad de confeccionar constantemente listas de sus preferencias y gustos, de las tres cosas que se llevaría a una isla desierta, de los cinco mejores polvos que ha echado, de las siete maravillas de su país o del planeta, de los diez mejores libros que ha leído,... Ahora podremos hacerlo en el ámbito global y sobre cualquier objeto que consideremos útil salvar del Apocalipsis. Podemos proyectar Arcas de Noé, obviamente, en primer lugar, para animales, como lo fue el arca original, pero también para microbios, virus, bífidus, lactobacilus, L-Casei inmunitas y demás seres diminutos que, a buen seguro, Noé no se preocupó de salvar. Habrá que mandar al espacio una nave con potentes ordenadores que contengan una biblioteca universal – a esa nave la llamaremos Borges -, en las seis mil lenguas del mundo. Luego vendrán las listas definitivamente idiotas de cosas que deben conservarse para el futuro: tenedores de Mariscal, modelitos de Versace, vídeos de El Coche fantástico, un billete de lotería premiado, la colección de mascotas de peluche de los Juegos Olímpicos, azucarillos y chocolatinas, pelos del sobaquillo de los cuatro Beatles, las películas de Chuk Norris, los cromos de Naranjito, un vaso de Nocilla,.. Habrá tantas cosas importantes que salvar, tantas listas fundamentales que hacer, tantas arcas que crear.

Yo, por mi parte, propongo que, aunque el mundo no vaya a acabarse de manera inmediata, confeccionemos una lista para meter en un arca bien grande, de manera urgente y con efecto inmediato, a ciertos políticos de billetera fácil y mente troglodita; a mucho progre de boquilla y talante; a los famosetes del mal gusto; a toreros, futbolistas y modelos; a haditas del bosque resentidas y aficionadas a la puñalada trapera y a antropopitecos televidiotizados; a empresarios del humo, mercachifles del bien y del mal; a algunos presentadores de televisión, concursantes de OT y a los cantantes de Eurovisión, todos ellos juntos y revueltos en otra Arca que no tenga un destino claro, pero que vaya lejos, bien lejos, muy lejos.

3 comentarios:

R.P.M. dijo...

Te olvidas del ratón Mickei. Que se lo lleven también y nos dejen con el ratoncito Pérez. Bueno, es coña, porque tampoco quiero ser chauvinista. Te veo un pelín cabreado -como siempre, literariamente- Bien, recomiendo-te un té zen. Esto va pa largo, compa.

paula dijo...

Las listas siempre son complicadas ,hasta las de deseos y más con limitaciones bíblicas de espacios ,que obligan a prejuzgar géneros e utilidades.
En vez de embarcar ,con destino incierto,”mentes contaminantes”…!Pobre mar, otro prestige a lo bestia!.Propongo, continuemos embarcados en la aventura de construir y derrotar, con palabras, a bordo del Borges (tenemos hasta capitán para hundirse je,je).
Hay útiles aparatitos, que guardan voces y a veces, porque no ,gritos .También siembran semillas ,que dan frutos. Yo he tenido la suerte de comer deliciosas manzanas je,je.

Marc Vintró dijo...

Ummm, entre Revertes, llistes d'exili i demés indignacions, aviat haurem de canviar el nom del bloc, i de "SetVeus" passar-lo a "SangiFetge", hehehehe.