jueves, 22 de mayo de 2008

Retirada


Por Raquel Casas


El profesor de Ikebana llegó en tren a la gran ciudad. No era el tren bala y no veía las hojas de gingko acompañarle el paso. Todo era asfalto. Había decidido pasar allí unos días de vacaciones y tomar unas lecciones de español (aún recordaba algo).
Ya no era joven, ya no le quedaban muchas clases.
Por el camino se cruzó con dos mujeres que hablaban precisamente en español; las siguió durante unas cuantas calles para escuchar su conversación y familiarizarse de nuevo con la lengua. Hablaban, entre risas, de una confusión, de dos personas que se parecían, de una mujer con una retirada. El profesor no entendió qué era retirada, pero le encantó cómo sonaba. Empezó a repetirla en voz alta a la vez que contemplaba los altos edificios de plata. Entonces dedujo que sería algún tipo de cicatriz o de marca y se detuvo en un escaparate a observarse el rostro. Estaba arrugado. Repitió retirada, yo también tengo una retirada. Se pasó el índice por la frente mientras en el cristal se reflejaba una joven con la falda remangada hasta la ingle.


**

5 comentarios:

correo electrónico dijo...

las cicatrices, experiencia y evolución...

Anónimo dijo...

Las cicatrices son "retiradas",siempre recuerdan un dolor de tripas je,je.
Gracias por el post en la mirada,me ha recordado ,que hay que huir palante.Me imagino yendo de Santurce a Bilbao...luciendo las pantorrillas(lo de la ingle,despúes del 40 de mayo).
Hoy será un gran día y tú que lo veas.
Paula

Pérez dijo...

Todos tenemos alguna retirada en el cuerpo y el reflejo en un escaparate con muchacha y falda arremangada es un contrapunto muy bonito. El profe de Ikebana aún no domina el español pero casi. Se nota que le pone empeño. Un abrazo.

Raquel Casas dijo...

Gracias mis pequeños ponys por vuestros comentarios.

Anónimo dijo...

BURLANGA: Garcilasa, te amo jejeje

quan torni el toni prop de barna ya direu algo per si em despisto dew jejje