miércoles, 4 de junio de 2008

El diferente eres tú, Berlusconi

Por José G. Obrero.

“Soy puta. Soy negro. Soy marica. Soy moro. Soy sudaca. Soy mujer. El diferente eres tú, imbécil”. Este slogan, que formó parte de la muestra de arte gráfico de Gijón (Motiva) el pasado mes de abril, ha sentado muy mal a ciertos sectores de esa ciudad. La vedad es que ignoro por qué. Yo no soy ninguna de las cosas que aparecen en el slogan pero sé que la intención no es insultarme a mi, si no a los prejuiciosos, excluyentes, racistas y demás fauna recalcitrante. Si alguien se da por aludido tendrá que hacer examen de conciencia. El cartel puede ser más o menos original, más o menos creativo, más o menos acertado, pero por sí sólo, a estas alturas, no debería de ser noticia. La noticia es que la gente se indigne, se lo tome como algo personal y lo peor: saque a pasear su cabreo por los foros de internet.
Pero bueno, me he dicho, peor lo tienen en Italia donde, al día siguiente de la toma de posesión como quien dice, del gobierno Berlusconi, ya aparecieron manifestaciones en contra de la celebración del día del orgullo gay por parte de la ministra de Asuntos Sociales y poco después, la tipificación como delito de la inmigración ilegal. El papel de la mujer en las cabecitas de los políticos del Polo de la Libertà queda bastante claro: sólo hay que ver a sus cuatro ministras. Es bastante alarmante que un tipo que ha estado modificando el código penal a su antojo para huir de la justicia, que ha aprovechado grietas y recovecos para escabullirse como si fuese una sabandija, decida que un problema social se soluciona metiendo a los afectados en la cárcel o expulsándolos, o haciendo la vista gorda ante los atropellos que este colectivo pueda sufrir. Las últimas noticias sobre los efectos de esta política era que, cientos de sin papeles, habían pasado la noche al raso al ser expulsados de sus viviendas por unos propietarios atemorizados. De nada ha servido que Berlusconi anuncie que ha dejado de ser delito cuando paralelamente reviste a sus prefectos de la potestad para desmantelar campamentos o expulsar a “inmigrantes indeseables” sin necesidad de que pasen por juicio, basta con confiar en el criterio personal de estos cargos ¿Qué le pasa a un país para que sus ciudadanos permitan que la historia se repita? ¿Por qué se dejan seducir una y otra vez por la imagen del “hombre fuerte”, del “triunfador”? ¿Tan poco importante les parece su libertad?
Cuando, hace diez años, pisé Italia por primera vez, acababan de estrenar Lamerica, una magnífica película sobre la emigración albanesa y su relación con Italia. La película recogía un fenómeno que no dejaba de repetirse a diario: la llegada de inmigrantes albaneses al puerto de Bari, apiñados en los barcos hasta la asfixia. Durante todo el tiempo que estuve allí sólo conocí a simpatizantes de izquierdas (de Rifundazione Comunista y del PDS). Todo el mundo se tomaba en broma a Berlusconi, a Alessandra Mussolini y Gianfranco Fini y sobre todo, a Umberto Bossi, que acababa de inventarse una nación sobre los sólidos principios del dinero y del desprecio al sur y a la inmigración. Bossi paseaba a “sus camisas verdes” por los campos del Veneto y la Lombardía mientras los ancianos se hacían cruces ante el recuerdo, demasiado reciente, de otros jóvenes que pasaron con camisas negras. Aprendí que la Camorra napolitana, la Ndrangheta calabresa, la mafia siciliana y la Sacra Corona Unita de la Apulia, no son un tópico, son parte importante de la realidad italiana, es más, la deglute. Como lo es esa araña de mármol incrustada en la ciudad llamada Vaticano, una araña que no deja de tejer influencias. Pero no todo era negativo, había algo fundamental: la gente con la que hablabas creía en la izquierda y en la capacidad transformadora de la política.
El pasado octubre volví para visitar a mis amigos. Habían pasado diez años. Durante el tiempo que estuve con ellos y sus familias no pararon de alabar a España, Zapatero (con aciertos y desaciertos) y a compararlo con el gobierno de Romano Prodi con el que estaban desencantados. Ninguno de ellos fue a votar las pasadas elecciones. Imagino que no serían un caso aislado. Sólo eso explica el triunfo de un artefacto tan extraño como es el Polo de la Libertà, compuesto por elementos encontrados y, cuyo único denominador común es el desprecio por los demás, por lo “diferente” en una exhibición impúdica, de todas las fobias sociales que existen. El avance de su política temeraria no conoce límites al sentirse respaldados por una mayoría de conciudadanos a los que algún día se les estudiará como ahora se hace con el apoyo popular a otras formas de autoritarismo.
Alguien debería poner los carteles de Gijón a la puerta del Quirinale.

5 comentarios:

Oscar dijo...

vi Lamerica cuando la estrenaron, allá cuando tú te ibas a Italia, si no me falla la memoria y el calendario, y me dejó chafado. recuerdo que no se la recomendé a nadie porque me pesaba más el mal sabor de boca que la buan factura del director.
con italia pasa algo parecido, mira que puedo llegar a amar a ese país, pero sigo sin asimilar lo del Duce. por mi, el póster se lo podían poner en el injerto capilar. escandalizarse por eso? Anda ya, hombre!!! como si no hubiera otros motivos.
a todo esto, el artículo te ha salido redondo.

salud!

Anónimo dijo...

Que paradójica es la palabra “DIFERENCIA”,cuanto más anónimos contiene, mas nombres se le suman. Yo, creo, soy mujer o era bruja?,encima ,abreviadamente, trabajo de P.T educativamente hablando ,lo pone en el cartel del despacho je,je.
Un abrazo y ánimo compa, quiero pensar, que en mi no visitada, pero soñada Italia, todavía se cuece buena pasta.
Paula

José G Obrero dijo...

Óscar, Paula, vuestras aportaciones si que terminan de redondear los artículos. Los dejan dulces como el tiramisú.

Un abrazo a los dos.

R.P.M. dijo...

Lo de Italia es fuerte. Creo que ya lo conoceréis pero si no es así, echadle un vistazo. Y no es de lo más furte en tono berlusconiano. http://www.youtube.com/watch?v=KkDp-6t-keA
Ya veremos lo que da de si este nuevo mandato.

Oscar dijo...

¿habéis leído sobre la última ley que pretende aprobar?
se trata de limitar las escuchas telefónicas de los jueces. ahora sólo servirán de prueba para temas de terrorismo y mafia, no para corrupción, sobornos y trapicheos.
con aznar, después del 11-M, me dije que si volvía a ganar el PP me exiliaba. ahora sé porque hay tantos italianos en españa.