miércoles, 2 de julio de 2008

José Daniel García o la muerte de Peter Pan

Por José G. Obrero
Alguien me dijo hace poco, en referencia al nutrido grupo de poetas jóvenes que se mueven por Córdoba, que será interesante ver quién se mantiene en la brecha en un futuro y quién se marchitará más rápido que su piel a nivel poético. La persona que me lo dijo es de las que, precisamente, reúne todas las condiciones para dar mucho que hablar y que leer en un futuro. Esta persona se llama José Daniel García y con su último libro, Coma, su “poemario más orgánico” como él mismo lo define, ha obtenido el premio Hiperión.

Coma guarda cierta continuidad con El Sueño del monóxido, su libro anterior, por ejemplo, en la voz impersonal que narra historias en tercera persona, como si el poeta fuese ese hombre que, cámara al hombro, graba las escenas que le interesan resaltar, una suerte de objetividad nada inocente. También en ambos libros, los poemas parecen salidos de una atmósfera de semi-inconsciencia, un marco onírico al que pertenecen las pesadillas, o el final de las pesadillas. Porque José Daniel García, nos sugiere historias describiéndonos el final trágico y violento de los personajes de esas historias. La gran diferencia entre este libro y el anterior, y donde radica el crecimiento de su voz está en que, el poeta, focaliza un mundo cuya agresividad y violencia no puede contestarse más que con la parálisis y la impotencia. En esta ocasión denuncia, señala, se rebela contra lo injusto. Resulta paradójico que Coma haga referencia al estado inconsciente, que el autor justifica como única herramienta de defensa que les queda a los que, azotados por una violencia desproporcionada, no tienen herramientas con las que defenderse. “Quedarse muy quietos”, dice en una entrevista, “puede ser una respuesta”. Sin embargo, el poeta, el hombre de la cámara, es un hombre de acción, no para quieto, y lo mismo habla de la prostituta, que de Diwaniya, o de la mujer a la que van a derribar la casa. Incluso cuando, en raras ocasiones, escribe en primera persona, no es su voz la que habla, es la de un personaje que se pasea como un funambulista entre la vida y la muerte. Uno de los pocos poemas en los que el autor aflora, es el que abre La Herida cuyos versos finales dicen:

Mi voz es combustión
de púas envenenadas.

Quizás tras la etiqueta “joven” de algunos premios, se esconda una muleta para poetas que comienzan o que cojean, pero está claro que a otros, no les hace falta prótesis para caminar. José Daniel García tiene una voz sólida y rotunda, y una actitud rebelde que posiblemente le impida ganarse la sonrisa de plástico que luce el mundo oficialista y sus instituciones, pero que le convierten en uno de los poetas más interesantes del panorama nacional. Sin límite de edades.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Si ya me encantó 'Monóxido' no dudaré en buscar 'Coma'.
gracias por descubrírmelo, compañero.

óscar

José G Obrero dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
R.P.M. dijo...

Gracias por actualizarnos poéticamente. Estaremos en ello.