miércoles, 19 de noviembre de 2008

Y despues,

Por José G. Obrero

quedan restos:
un rastro de llovizna.
Tras el choque
quedan restos,
virutas de otro tiempo.
Queda el hueco
que circundan las cáscaras,
una reminiscencia
de lo que fue querido,
un maniquí oxidado,
un pensamiento insulso.
Atesora los restos,
atesora cenizas
con obsesión de avaro
porque esos pedazos
ahora llevan tu nombre.

2 comentarios:

carlesrull dijo...

Grande poeta llevas dentro, Jose. Precioso, de verdad. Todos somos ávaros espigadores de restos de naufragios y colillas mal apagadas. Un abrazo.

Oscar Sotillos dijo...

de los restos, de las cenizas, siempre resurgen aves fenix. tarea nuestra es la de convertirlas en aves del paraiso.
un abrazo, compañero, y viva la poesía.