viernes, 31 de julio de 2009

PONGAMOS QUE LADRO SOBRE MADRID




Aunque hacía taitantos años que había vivido en Madrid, sus recuerdos no le servían para nada, probablemente porque andaban movidos, valga la redundancia, por la movida madrileña y archivados con la energía de una muchacha provinciana de diecisiete años, absolutamente fascinada hasta de coger el metro en horas punta.

Salió del hotel y se encaminó hacía la plaza mayor donde la habían recomendado buenos sitios de tapeo. Allí comenzó el espectáculo de las manos tendidas pidiendo una ayudita con voces lastimeras y tirones de mangas, que deformaban algo más que su ropa y que le arrugaban el corazón.

Ella comenzó a bajar la mirada y a rebuscar en los bolsillos el euro lava- conciencias, hasta que logró acostumbrar sus ojos y oídos a las voces y consiguió aclarar la garganta para pronunciar un tímido “ no”.

Envalentonada por sus ganas de saborear el reencuentro con la ciudad, se recolocó las lentillas y enseguida se quedó ensimismada y agradecida con los extravagantes mimos, que inmóviles y silenciosos atraparon su curiosidad y le proporcionaron una tregua a sus miserables pensamientos.

Tras las alas de un ángel dorado sudoroso de purpurina , que a golpe de moneda alzaba el vuelo, divisó un cartel que le llamó poderosamente la atención y en el que se podía leer, garabateado con cierto estilo: PIDO PARA DAR DE COMER A MIS PERROS.

Se sintió atraída como un imán y rápidamente se acercó para ver de que se trataba .Vió sobre una manta raída, pero aún coloreada en franjas azules y malvas, dos perros de indiscutible pedigrí callejero que parecían muy bien cuidados y que reposaban tranquilos con las cabezas erguidas al unísono, como si rodaran un anuncio publicitario.

A su lado de pie estaba un hombre joven, que sujetaba sonriente y con fuerza el mencionado cartel, mientras observaba a los animales tiernamente y jugueteaba con ellos con cómplices miradas, que ellos le devolvían a golpe de rabo en un divertido diálogo de afectos.

Cuando impresionada por la escena iba a darle unas monedas, notó como una mano se le adelantaba y le entregaba un billete. Tras dar cortésmente las gracias, con un acento que no supo clasificar, el hombre del cartel salió corriendo despavorido dejándose a los animales solos.

El pensamiento de ella paso del blanco al negro y comenzó a llenarse de resentimientos, mientras imaginaba, como siempre se imaginan a los pedigüeños, que iría corriendo a comprarse un cartón de vino “DonSimón”,el santo de los pobres pecadores.

Henchida de prejuicios, aún aventuró más y apostó que el muy canalla abandonaría a los fieles animales que, confiados y a pesar de no estar atados, no se habían movido ni un centímetro.

Con morbosa curiosidad y realmente preocupada por el destino de los perros, se quedó esperando el desenlace y pensando como resolver la situación, mientras acuclillada en la manta acariciaba a los perros, que desprendían una contagiosa serenidad y se dejaban mimar alegremente sin ningún recelo.

Al poco rato divisó al hombre y se levantó de la manta como un resorte, alejándose un poco. Venía sudoroso pero silbando contento y no sólo traía comida para sus animales si no también mimos y caricias para ellos.

El recibimiento de los fieles perros no tuvo precio y más allá del hambre, primero se deshicieron en lametones de agradecimiento y se enredaron entre sus piernas achuchándolo para que se sentara con ellos y compartiera el festín.

Sonrojada de vergüenza y a pesar de las lágrimas en sus ojos, el cielo de Madrid lo vió más bonito.

3 comentarios:

paula dijo...

Me hubiera encantado compartir con vosotros mis sensaciones del viaje a Turquía,del que recién acabo de aterrizar.Pero llevo una empanada transcontinental y debo organizarme primero...hay mucho velo que quitar de la cabeza y mucho olor mezquitero a pies je,je.
La anécdota publicada es real,aunque aderezada con exageración cuentista...efectos del Don Simón,que me dejó resaca.
Beso vuestras otomanos y saludo a los nuevos compas.

Ester Astudillo dijo...

Desde la Capadoccia con amor, jaja!

Mira que eres canalla! Te has llevado un pen para colgar el post desde allí? Tienes ordenata en el hotel? Eres una turista típica? Y tópica? Y tríptica? O es que ya estás de vuelta a la Plana? O estás en Madrid? En Calle Melancolía? Ahh, pero ya sin movida, los ochenta quedan lejíssssimos, aunque por ahí coleen aún, heridos de cazalla y desamor, los herederos de aquel sueño de verano.

Ohhh, las grandes urbes es lo que tienen: una diversidad de detritus de naturaleza variopinta, y entre la bruma contaminante, a veces incluso un rayo de sol. Pero hay que tener buena vista para saber verlo; o eso, o a partir de cierta edad, efectivamente, llevar lentillas, jaja! (bueno, la tradicional solución de las gafas creo que también está admitida).

Así que Don Simón, eh? A estas alturas del año, mezcladito con la Casera, o Fanta, que la sangría fresquita pasa mejor... y sube lo mismo, ahhhh! Por estas latitudes, también muuuucha Xiveca. Para todos los gustos!

XXL kiss wherever you are ;-)

Ester Astudillo dijo...

Bueno, ya veo que nos hemos cruzado. Buen aterrizaje, o amerizaje, lo que se tercie! A sus pies, compi!!!