domingo, 2 de agosto de 2009

Vida de perros. (un viaje a la playa)

Por Rufino Pérez


Éste es el título de un pequeño librito, uno de esos de bolsillo, que se llevan a la playa para leer con descuido. Lo curioso es que vida y literatura se mezclan habitualmente. Y hoy, leyendo estos pequeños relatos que sólo tienen como lazo de unión al “personaje” del perro, pero que como trasfondo tienen toda la riqueza de matices que logra el maestro Ayala, se me ha venido a representar esa “vida de perros” a la que alude el título.

Y no por nada personal, no; la verdad es que, después de trabajar un rato con el ordenata, he decidido marcharme a la playa, a darme un baño de esos tardíos pero que, sin el sol quemando las espaldas, sientan de maravilla.

Como hoy estaba en la ciudad, he ido a la playa del Grao, que es la que tiene Castellón como playa. A pocos kilómetros se encuentra la playa de Benicassim, en la que he estado también y a la que suelo ir, pero ésa ya es de otro tipo. El caso es que esta playa del Grao tiene un tono diferente, es decir, no es un playa turística, sino más bien una playa de barrio. Y bueno, de barrio, pero digamos que ahora sería de barrio bien, porque ha sido regenerada, limpiada y acondicionada, de forma que tiene su paseo entablado de madera y adornado con un conjunto de plantas y árboles autóctonos que son una maravilla. Nada que ver con la que conocí cuando llegué a Castellón. La diferencia está sin embargo, en el ambiente. Aquí, bajo cada sombrilla, hay una población entera que vive todo el día alrededor: hamacas, sillas, toallas, nevera, bocadillos, birras, palas de los niños, flotadores y carnes sueltas que se balancean cuando se meten en el mar.

Las playas bien se despueblan a eso de las ocho y pico para dejar paso a los vestidos de verano, al maquillaje y al after sun y entonces comienza el paseo marítimo a poblarse de paseantes que ojean aquí y allá los puestos del top manta o bien del mercadillo legal que se instala cada verano. Turisteo puro, vamos. Pero, las playas no tan bien, no se despueblan hasta bien pasadas las diez, y yo diría que no se despueblan hasta la medianoche, porque siempre quedan los que se han traído mesa y mantel y cenan al fragor de las olas, beben y juegan a la baraja… Y también aquellos que toman los huecos de jardín-vegetación para plantar una pequeña tienda de campaña para los niños que entran y salen mientras las Marías y Pepes se llaman de unos a otros a voces. Y todavía más, quedan aquellos que aprovechan los bancos y mesas instalados por el Ayuntamiento para hacer su “sopar de pa i porta” en una bien avenida vecindad. Allí se habla de grúas, de andamios, de paro y de tó. Vamos, que aquello es la fiesta nocturna sin necesidad de chiringuitos de música cool, que también los hay, pero unos cuantos metros más allá, donde comienza la playa bien.

Y por qué digo todo esto, bueno, pues porque hoy el baño me ha sentado de maravilla, me he llevado pegado a la piel algo de aceite que flotaba en los últimos tramos de las olas y leyendo ese pequeño libro me he dado cuenta de que hay vidas y vidas. Y eso en unos cuantos metros, ya no te digo si sacamos un poco la cabeza y miramos a nuestro alrededor europeo, sin ir más lejos, africano, indio o polar. En fin, la vida.

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No he querido dejar la semana temática sin cierre, así que con este artículo el “dominguero1” cierra “oficialmente” temporada –los artículos que puedan aparecer en agosto serán fruto del “mono” de escritura- A Sergi le corresponde “oficialmente” iniciar septiembre, día 6 con su artículo. Toma nota compa. Y a todos, os deseo que sigáis intelectual y corporalmente vivos y disfrutando. Hasta pronto.

1 comentario:

Ester Astudillo dijo...

Mmmmm, un viaje al territorio canino no está mal como propuesta estival; claro que la playa siempre concentra lo mejor y lo peor de una comunidad, conviven obscenamente los más ricachos con sus chachas y ejércitos de prole (me han dicho que en eso Llafranc es imbatible) junto con los pueblerinos con boina y cayato, además de los turistas propiamente dichos y los guiris, complemento indispensable. Así que ir a la playa es como hacer un viaje alrededor de la ciudad: nada mejor para ver representados todos los sectores sociales en un solo punto y en el mismo instante.

Te habrás desprendido de esos restos oleaginosos pegados a la piel, no? No son nada sanos -ni nada higiénicos, jaja!

Bueno, Rufino, que tengas buen verano. Esto se va a quedar de un solitario que va a dar yuyu!

Beso;)