domingo, 3 de enero de 2010

ME CONFIESO

Por Rufino Pérez

Una de las abandonadas prácticas que entraba dentro de los propósitos del nuevo año, era confesarme. Sí, propósito de la enmienda, dolor de los pecados y todo eso. Lo confieso: no visito –habitualmente- ningún blog. No tengo ninguna recomendación que hacer, salvo el blog de algún que otro autor literario que he visitado por compromiso o por buscar información cercana.
Tengo un amigo cura con el que me confieso a menudo fuera del confesonario y con la baraja y los chupitos en la mesa. Y me había sugerido que tenía que pasar al confesonario de verdad. En ese momento, yo le canté las cuarenta y también eran de verdad. No le supo muy bien, pero el juego es el juego.
Lo cierto es que esas cosas me las dice con la botella ya a medias y cuando se le han escapado un par de tacos por la mala racha. Luego él, sí que se confiesa, dice, con el otro cura que a veces viene de pandilla a la partida. Lo que estoy seguro es que no le confiesa las trampas porque cada vez que viene, le ganamos hasta el misal.
Bueno, que me voy de una cosa a otra. El caso es que no me voy a confesar más de lo que ya he hecho. Pero no por nada, sino que me ha iluminado la publicidad. Sí, ese gran dios inventado el siglo pasado.
Porque iba yo corriendo –deporte muy sano- a la marcheta, en uno de esos días que te los tomas muy tranquilo, y me paré 10 segundos delante de un mágico letrero de Monseñor El Corte Inglés, que me dice algo así como: ”Este año, los Reyes te los mereces”. Y digo, ya está. Si estos dicen que este año me los merezco, es que saben que los otros años andaba escaso de méritos. Y tampoco es eso, joer, total por no confesarme… Pero si ya este año, la Corte suprema de D. Inglés, ha decidido que me los merezco, pa qué confesión. Ir por ir, tontería. Ergo, en la próxima partida, antes de cantar un veinte, le diré a mi amigo que no, que no me confieso.
De todas formas, alguna duda me queda, porque ese mismo cartel lo estaba leyendo un vecino, de cuyo piso salían el otro día –Nochebuena, por cierto- sapos y culebras emitidos por su boquita y golpes y más golpes de los que al día siguiente –Navidad- daba fehaciente testimonio la cara de su pobre mujer.
¿Y si éste se cree también que se los merece? Seguro que tampoco se va a confesar. Ay, Santa Corte Celestial Inglesa, algo falla, pero mientras se siga consumiendo no hace falta confesión. Feliz Año Nuevo. Y Reyes.

1 comentario:

Ester Astudillo dijo...

Joer, Rufino, qué amigos te gastas!No sabía que los curas también acumularan pecados, o sea, que acumularan 'conciencia' de los pecados. En fin, la de los reyes dicen que es la fiesta de la epifanía, no? La mía es esta, la tuya debe ser que no hace falta que te confieses: si no consumes tú, sin duda lo hará el vecino, el de las culebras o no, y así todos redimidos. Hasta la epifanía que viene.
Beso;-)